Localizada al sur de la ciudad de México y del 30 de julio al 4 de agosto, la Expo Bancomer Santa Fé, recibe este año a 8000 campuseros, más invitados, prensa y voluntarios.

Llegar al Campus Party fue una interesante odisea, pero estar ahí y formar parte de la fiesta con conocidos, ¿y por qué no? con desconocidos, lo fue aún más.

Comencemos con el paseo por la ciudad hasta llegar a la recóndita pero glamorosa zona de Santa Fé, la verdad salimos a una hora del día en que puedes apreciar la ciudad porque no hay tráfico, justo para la Expo Bancomer hay transporte público desde la zona centro de la ciudad, así que optamos por guardar el auto y aventurarnos a viajar en el ecobús que va hasta allá, y ¿la verdad? Creo que fue una excelente opción pues nos bajamos justo en la puerta de la expo.

Primera parte de la misión, completada. Acto seguido llegamos a acreditarnos como prensa, y los chicos de la entrada amablemente nos recibieron y otorgaron nuestras credenciales tan rápido que ni tuvimos tiempo de descansar, una foto, una impresión y listo, con una sonrisa nos invitaron a pasar y disfrutar de la aventura.

La vista era genial, un hormiguero de gente andando, y otros conectados a su mundo bajo sus audífonos, sumergidos en un mundo cibernético pero sin perder detalle de lo que sucede a su alrededor. Cuatro escenarios dobles y uno principal llenos de color para distinguirse y hacer más fácil su ubicación a la hora de dirigirse a las conferencias, sillas y bocinas estratégicamente colocadas para dar un buen sonido sin afectar el de las demás conferencias. Un mundo de ojos observando todo alrededor, filas y filas de mesas y un universo de cables interconectados para abrir el portal hacia el otro lado: el ciberespacio.

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Al centro protegidos por gruesos vidrios, el corazón de la tecnología, los servidores con sus letreros de patrocinadores, con sus luces centelleantes indicando que están dedicados totalmente a otorgar sin descanso un servicio ilimitado.

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Y claro, no podía faltar la comida, en las esquinas estaba el preciado combustible, jugos, refrescos, ensaladas, tortas, sándwiches y “croissants”, todo muy limpio y accesible.

Bajamos por unas escaleras eléctricas y al llegar al pié de ellas, nos recibieron con la gloria líquida, una latita helada de Coca Cola Zero, chicos y chicas sonrientes entregándonos propagandas y captando nuestra atención para visitar su stand y poder anunciar su producto y tal vez, hasta conseguir un comprador.

Confieso que yo soy de las que disfruta y da oportunidad de ser convencida de comprar algo, siempre que sea necesario, claro está.

Abriéndonos espacio y disfrutando de la vista, logramos llegar con el resto del equipo, uniformados y curiosos de escuchar las voces de los que han sido compañeros por algo más de dos meses, se convirtió en un momento especial. Por fin el cerebro pudo completar la imagen de esas personas integrando todo el contenido con los estímulos que ahora recibía, las voces, los gestos y los movimientos de esas personitas que hacen (hacemos) el staff de esta revista.

Acomodados (tirados) en los cojines de un stand, hicimos de ese sitio nuestra base de operaciones, y para no vernos muy encajosos, les hicimos una compra.

Así emprendimos un tour por todo el campus y conocimos gente muy interesante (que algunos ya conocen) y de lo que les seguiré platicando el día de mañana para dejarlos picados, así que si quieren conocer nuestras aventuras en el CPMX4, no dejen de leer.

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