Ayer sucedió algo cuando iba camino a la clínica donde apoyo; no sé por qué, ha habido mucho tráfico en la ciudad, demasiado; la cosa es que subí al segundo piso del Periférico y todos agarramos muy buena velocidad ya que estaba despejado, o por lo menos eso parecía; de repente todos los carros comenzaron a parar atorados de nuevo en el tráfico, yo puse mis intermitentes y fui frenando, había buena distancia con el de enfrente, pero por el retrovisor vi que el carro que venía hacia mí iba demasiado rápido, sentí un nudo en el estómago y en ese instante me pasaron muchas cosas por la cabeza, lo primero “me va a pegar”.

Siempre pensé que en esos instantes podría maniobrar hacia algún costado para darle más espacio al de atrás si algún día me sucedía, pero lo cierto es que ahí ayer, no había hacia dónde moverse; solo escuché sus llantas rechinar y lo más que atiné hacer fue avanzar un poco mi carro como para amortiguar el golpe.

Seguramente no me tocaba, porque la camioneta se detuvo a escasos centímetros de mí, por el espejo pude ver a la chica que manejaba, llevarse las manos a la cara y llorar, seguíamos parados así que seguí mi impulso y me bajé a verla, me acerqué a su ventana y le pregunté si estaba bien, me dijo que sí y bajó también de su coche, instintivamente nos abrazamos, y siguió llorando, me dieron ganas de llorar a mí también pero solo le dije, “tranquila no pasó nada, lo resolviste muy bien”.

Solos unos instantes bastaron para que desahogáramos nuestra tensión y cada una volviera a su carro.

El resto del camino me fui con sentimientos encontrados, por un lado el susto atravesado, pero por el otro, una extraña sensación de haber librado un accidente y algo, que describo como altruismo de seres humanos.

Me preguntaba cómo es que a veces nos preocupamos más por la cosas materiales que por nuestra propia integridad.

Pensaba que siempre será más grato retirarse de una escena así con un sentimiento de apoyo y no de enojo o rabia.

En fin, traigo todavía el abrazo de esa chica, seguramente no nos volveremos a ver, pero por un instante nuestro abrazo calmó nuestro susto y sin importar nada más, ahí estaba yo preocupada por ella y ella preocupada por mí.

Cuidémonos los unos a los otros y no, los unos de los otros.

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