Hemos visto una amplia proliferación de la concepción del cortometraje como un medio experimental o estudiantil, no es poco común relacionar la idea de corto con inexperimentado (no buscar doble sentido). Es lógico que la mayoría de cortometrajes (omitiendo videos de Youtube) sean realizados por estudiantes, ya que la cantidad de dinero y trabajo para la producción de un largometraje es usualmente inalcanzable para artistas primerizos.

¡En serio! No busquen el doble sentido…

Teniendo la concepción anterior, ha habido una pequeña tendencia a saltar esta área muy seguido, solo hace falta notar lo desprestigiado que se sienten en ceremonias tan grandes como los Oscars. Pero no hay nada más lejos de la realidad, ya que muchas de las grandes obras del séptimo arte se encuentran en forma de cortometrajes.

Desde esos pequeños filmes mudos hasta los episodios de Wallace y Gromit, entramos en un nuevo universo de posibilidades en el que tenemos un cuento audiovisual de emociones y estructuras narrativas que siembran la misma función social que el cine, y por lo tanto los largometrajes.

El cine nació en base a ellos…

El año pasado, surgió uno en específico que pasó desapercibido por el radar inmenso de la audiencia. Claro, no digo que la nominación a mejor cortometraje en los premios de la Academia sea pasar desapercibido, mas no obtuvo la inmensa cantidad de elogios que se merecía. En una categoría liderada la mayoría de las veces por Disney, tuvimos muy de cerca una obra de mayor calidad, y muy alejada de la simple historia que se lleva el galardón año tras año.

Cabe acentuar la calidad de muchos de los ganadores anteriores, pero mi sorpresa fue casi inaudita cuando World of Tomorrow pasó desapercibida en la ceremonia y el público en general. Un estilo tan acentuado como el que presenta ya ha sido explorado anteriormente por el autor, pero nunca a un nivel tan profundo como este.

World of Tomorrow (2015)

¿De qué se trata World of Tomorrow?

La obra proviene de Don Hertzfeldt, un animador tradicional que prefiere dibujar cada cuadro a mano antes que tocar un ordenador, dándonos un estilo simplista pero a la vez muy reconocible y diferente. Siendo autor de un largometraje y una docena de cortometrajes, su sentido del humor marca con lo absurdo y grotesco, dejándonos pequeñas joyas de la animación en cada uno de sus proyectos.

Antes de la magnífica experiencia de su último cortometraje, conocía únicamente uno de sus cortos más reconocidos. Los chistes de doble sentido y la violencia extrema de dibujos básicos, protagonizaron Rejected (2000), donde vemos los intentos fallidos de un animador por realizar cortos comerciales para un canal familiar y completamente inocente. El esfuerzo se vuelve cada vez más gracioso al ver como los cortos parecen más de una revista para adultos que el dulce y propagandístico material que debería mostrar.

Ya avanzando unos 15 años de experiencia y premios, surge una idea que realizada cientos de veces, nunca pudo ser tan distante y a la vez tan posible. Las noticias sobre predicciones futuras de nuestra sociedad y la forma en que nos relacionamos sobran actualmente en los cientos de análisis que se publican en noticiarios, pero al plantearse un mundo del mañana existen ciertos conceptos que precisan de reflexión.

El cortometraje empieza con una infante que salta y corretea por un espacio en blanco, contestando una especie de teléfono y encontrándose con una versión adulta de ella misma. Antes de describir una trama, preferiría realizar un análisis sobre sus proposiciones y esperar que disfruten lo suficiente como para correr a experimentar la cinta de primera mano, está online.

Como decía, esa versión futura del ser, es simplemente un clon de tercera generación con las mismas memorias que su yo pasado, siendo por lo tanto una versión inmortal de la pequeña niña ingenua. Esta nos llevará a un viaje de 16 minutos sobre ese mundo futuro, de inmortalidad, espacios sin barreras y mucha división social.

Mientras la niña nos hace reír con su ingenuidad hasta el puntos de matarnos de ternura, las caricaturas entran al marco de lo posible para ilustrar un futuro distante y a la vez frío, que supone la realización de los mayores retos de la humanidad. Esos lejanos rastros de nuestra esencia habitan en las memorias, que ahora pueden ser visualizadas en pantallas y pueden incluso ser experimentadas.

En el breve instante que dura el episodio futurista, una anécdota recurrente salta a la luz, sobre una exposición artística de un clon sin cerebro, quien crece detrás de una ventanilla, mientras las generaciones disfrutan con su envejecimiento hasta su muerte. Esta escultura de arte moderno, llega a las fábricas habiendo versiones desarrolladas que ahora poseen conciencia y tienen el poder de relacionarse con las demás personas.

Nuestra protagonista habla de su menuda vida amorosa, entre los pretendientes están una piedra lunar, un alien irracional y extremadamente perturbador, y por último una versión de aquella escultura inconsciente que tanta curiosidad le había brindado en el pasado. Ahora todos han muerto o desvanecido, pero el clon siempre pasar de generación en generación sin generar un cambio consciente.

Entre las múltiples invenciones tenemos una nueva red, donde todo es posible y las memorias aparecen y desaparecen creando un colectivo que puede visitarse sin distinción alguna. Estas redes están plagadas de clases sociales empobrecidas, que desaparecen en esta red para no tener que afrontar su dura realidad.

Si piensan que el futuro estaba libre de distinciones se equivocan, los colones son imposibles de conseguir para los más pobres, depositando sus memorias en cubos que cargan la información y crean una nueva identidad virtual, planeando lograr la inmortalidad en un ser material y cúbico.

Todos estos razonamientos nos hablan de lo que podríamos llegar a ser, pero nunca pretenden juzgar el mundo que habitan, solo se refieren de un modo frío y de anécdota, como si contaran una historia del presente. Esta curiosa manera de presentación es aclarada al final, cuando se nos revela la razón de la visita reveladora y se demuestra el objetivo de la misma; conseguir un recuerdo simple pero perdido para aminorar el peso de los últimos días de aquella tierra.

Todo es ejecutado con una perfección en tono y estilo que no compromete la experiencia a una explicación burda de los hechos, siempre hay frases y elementos visuales que destapan nuestro interés, mientras que compartimos similitudes con la pequeña espectadora, quien curioseando ve su futuro sin mera importancia y persigue los colores brillantes de una generación incolora.

Una de las frases que más permanecieron cuando la vi, fue la siguiente: “Solo apreciamos el presente cuando es el pasado”. De simpleza y convicción, se refieren a como esas pantallas que mostraban recuerdos comenzaban a mostrar a criaturas alienadas que se pasaban el día viendo anécdotas pasadas, y dejando totalmente de lado cualquier recuerdo nuevo, porque simplemente ya no había.

En un espacio tan limitado y reducido como un cortometraje, pude comprender con profundidad lo que quizás nos aguarde en un futuro, reflexionando sobre mi lugar ahora mismo y como quizás en unos años no signifique nada. La música clásica de los créditos es acompañada con las risas de la niña juguetona, dándonos esperanzas para ese espacio de tiempo distante que quizás nos espere o quizás solo sea fantasía. Uno de los mejores cortos del año pasado, y una experiencia que no se puede pasar por alto.

¿Cómo creed que será el mundo del futuro?

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