En 1896 los hermanos Lumière presentaron su cinematógrafo a las atónitas audiencias francesas, pero también, aunque poco conocido, fue el año en que nació una de las personas más influyentes del medio que se encontraba en período de gestación.

El 2 de julio de dicho año, nacía Quirino Cristiani en Italia, para ya viajar por el mundo a sus escasos 4 años de edad. Llegando a Argentina en 1900, no tenía ni idea de la gran labor que debía ejecutar sobre el sur de la región.

Cursando apenas 4 meses en la Universidad de Bellas Artes, Cristiani era un hombre autodidacta que trabajaba como dibujante en el periódico local. Posicionándose muy bien en los hombres de sociedad, y criticando por medio de sátiras al gobierno de turno.

Uno de los primeros noticieros semanales de la ciudad sufriría una pequeña variación al final, ofreciendo un pequeño cortometraje animado por nuestro querido dibujante que ahora se destacaba con una nueva técnica recién inventada.

Verán, en una reunión entre el presidente de los noticieros y el dibujante, un hermoso dibujo destacaba a especie de burla, pero siendo el cine la nueva innovación, se le dijo a Cristiani que el cine era movimiento y no una imagen estática.

Back to basics

Sin más preámbulo, el joven artista fue hasta su casa y despedazó su dibujo, cortándole un brazo y clavando un clavo a especie de articulación. Resulta que la idea fue un éxito, pudiéndose capturar una imagen en movimiento y cobrando vida todas sus creaciones.

La sorpresa de los noticiarios fue todo un éxito, siendo la primera vez que se veían caricaturas en proyección. Como la gente solo pedía más, el director amante del movimiento le ofreció a Cristiani el financiamiento para producir un largometraje usando la nueva técnica.

Un año más tarde y 58000 dibujos después, el mundo se preparaba para presenciar historia, estrenándose en 1917 El Apóstol, la primera película animada de la historia. Sedientos por la hermosa imagen en movimiento, el filme estuvo en cartelera por un año completo, dándole al promotor un traje y un bigote más distinguido, y empujando la carrera del dibujante hasta la cima.

¿Por qué no había escuchado esta historia antes? ¿Acaso soy inculto? Pues todo lo contrario, ya que la cima en esos tiempos no tenía mucho que ver con la fama internacional, se continuaban haciendo más filmes y la gente se complacía con el nuevo fetiche de dibujos animados.

Su siguiente proyecto, no recibiría el mismo indulto que su primero. La sátira política en contra del presidente Yrigoyen fue muy tolerada por el régimen, pero no fue vista con el mismo sentido del humor de los fieles espectadores.

El Apóstol era demasiado amable con el presidente, burlándose tranquilamente de su imagen al presentar a un protagonista odiado por el pueblo, quien subía al Olimpo para pedir la destrucción de Buenos Aires.

El Apóstol 1917

Ese siguiente proyecto se titulaba Sin dejar rastro y planeaba estrenarse en 1918, pero como su titulo sentenciaba, el filme fue tomado por la policía y desapareció completamente. Se mencionaban cuestiones de diplomacia, pero todos conocían las razones claras por las que el partido no quería otro éxito como el anterior.

Así la segunda película animada de la historia fue cortada, siendo una especie de premonición para lo que ocurriría casi diez años más tarde. Ya en 1926 se ardían algunas copias del Apóstol en algún incendio repentino, mientras que las otras eran recicladas para la fabricación de peines.

Como muchas obras maestras, salimos de las cenizas para ir a las cenizas, dejando sepultado el legado que formaba la identidad cultural del argentino. El celuloide ardía mientras nuestra memoria se desvanecía, dejando atrás material invaluable por la obtención de herramientas para nuestro cabello.

El gran artista continuo con más largometrajes, mientras seguía teniendo éxito en su patria madre. Solo haría falta la llegada del norte, para demostrar lo engañosa que puede llegar ser nuestra historia.

Como cita el propio maestro: “Disney fue grande, pero yo llegué primero“. Los libros de historia citan a Walt Disney como el gran pionero y padre de la animación, mas no se esperaban un suceso tan grande como este incluso con décadas de antelación.

El mismo Disney viajó en 1941 a Argentina para ofrecerle trabajo al artista, pero este tenía uno de los laboratorios más importantes del país y no quería dejar su empresa. Lastimosamente después de dos incendios, uno en 1957 y otro en 1961, su filmografía se hallaba perdida, a excepción de su largometraje El mono relojero.

Quirino Cristiani abandonó su trabajo luego de los incendios, siendo olvidado por un largo período de tiempo. Nadie hablaba de los filmes del ahora viejo artista, y sus sensaciones del pasado se volvían remordimientos cada vez que se ignoraba en cada libro de historia.

A principios de los 80s fue reconocido en muchos medios argentinos e internacionales, dedicándole especiales al maestro, quien hablaba en los periódicos y especiales, disfrutando de tan merecida fama.

El 2 de agosto de 1984, detona una bomba atómica en el centro de pruebas de Nevada, horas más tarde, el maestro y padre de la animación muere tranquilamente en su patria Argentina.

En el sur abitó un sabio, que fue pionero entre sus contemporáneos y fue olvidado por sus hijos, pero dejó un legado que ningún incendio, por más grande que sea, podrá destruir. En 1917 se estrenó la primera película animada, y el resto fue historia.

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