¿Por qué no? Sentémonos en la terraza a tomar un refrigerio.

Miradas polarizadas recorren la calle mayor. Sus ropajes ligeros nos enseñan sin temor su piel mojada tostada al sol. Preocupaciones caprichosas recorren la ciudad con poca prisa. No sé si será el primer sorbo de cerveza, pero siento que puedo volar. Todo lo que nos pudo agobiar hace poco tiempo se convierte en una mala pesadilla que transcurrió durante una fría noche.

Otra persona que me resulta familiar, será que ha vuelto a pasar o únicamente su trasero es parecido a algo que ya he visto unos minutos atrás. Me falta algo, se podría acompañar estos tragos con algo de comer.

Echar de menos el agua salada puede ser lo que me perturbe, pero se olvida entre conversaciones variopintas y ese espumoso líquido que vuelve a refrescar mis adentros. Sonidos armónicos, colorido de risas y buenas compañías. Algo recorre mi cabeza después del último trago, ¿tendré bien depiladas las piernas? Mientras no mire mucho hacia abajo puedo afirmar que si. Y vuelve a sonarte otra persona al pasar por tu lado.

La imposibilidad no existe, tenemos demasiado tiempo para que se canse y desaparezca.

Al caer la tardía noche la oscuridad no se come las calles, sino que las llenan de misterio y más risas. La gente no parece cansarse, parece amar. La oscuridad tampoco trae prisas, sino que relaja la tranquilidad que recorría las calles con sol. No quedará dinero, pero tus bolsillos siguen llenos de compañía. La hora de dormir es un hábito más, pero los cuerpos veraniegos no lo ven como necesidad.

 imagen de compfight
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