Me di cuenta de que algo había cambiado ese día que te vi por primera vez, el día en que tus ojos se reflejaron en los míos y sentí que parte de mi alma se quedaba contigo.

Supe que algo era diferente cuando empece a preocuparme por todo lo que te pasaba y cuando te convertiste en esa persona a la que quería contarle todo lo bueno y malo que me pasaba.

Cuando empece a necesitar tus labios sobre los míos y el mensaje de “buenos días”. Por la forma en que cada que te ibas sentía que te llevabas una parte de mi alma.

Y porque muero por cuidarte, por cuidarnos, por crear algo que se llame “nosotros”. Pues en cierto modo me perteneces y te pertenezco, de alguna manera llenas mi vida y no sabría como abandonarte ya que estar sin ti es quedarme sin aire bajo mis alas.

Puedo decir que te pertenezco desde el mismo momento en que escuche decir un “te quiero”, sin más, simplemente te pertenezco; sin límites, sin preguntas y sin pretextos porque contigo mi corazón palpita en calma y sin miedos.

Te pertenezco amor, llevó tu sello, el que tus manos grabaron en mi cuerpo. Sin importar nada más, te pertenezco como las estrellas pertenecen al cielo.

Sé que existes, que nos pertenecemos y que incluso antes de conocernos nos sabíamos nuestros, amor mío, sin decir más… te pertenezco.

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