Antes de Christopher Reeves y Henry Cavill, existió George Reeves, el primer Superman de la historia. Y antes de Marilyn Monroe, Elvis y James Dean, fue su muerte la que recorrió los medios de comunicación global. ¿Fue suicidio o fue homicidio? Nadie lo sabe con certeza, pero su historia tiene todos los elementos de un misterio clásico de Hollywood.

En búsqueda de la carrera prometida

Reeves creció en Pasadena bajo el cuidado de su posesiva madre, Helen, y su padrastro. En 1937, empezó su búsqueda como actor y al poco tiempo firmó con Warner y años después con Paramount, que lo quería para interpretar a uno de los gemelos Tarleton en Gone With The Wind (Lo que el viento se llevó). En teoría era una oportunidad fabulosa, pero quedó en la nada debido a la escasa repercusión del personaje en comparación con el fenómeno en el que se convirtió la película.

Su ascenso se vio interrumpido por la guerra que empujó a muchos estudios a la guerra y algunos de estos tuvieron que prescindir de actores, incluso estrellas, para mantenerse a flote. La carrera de Reeves no terminaba de despegar y en 1951, aceptó a regañadientes ponerse el traje de Superman para un piloto de televisión de larga duración llamado Superman And The Mole Men; luego el equipo filmó 13 episodios de Superman de media hora, a pesar de que ninguna red aún estaba interesada.

El ascenso de Superman

Esta serie no vería la luz hasta dos años después, tiempo que Reeves aprovechó para aparecer en personajes discretos de varias películas, como el clásico From Here To Eternity de Fred Zinnemann, un éxito infalible. Cuando la cinta se estrenó, Superman ya había salido al aire y Reeves de repente era un superhéroe conocido. Se convirtió en un icono cultural, la magnitud de su fama serviría para comparar años más tarde el fenómeno de The Beatles. Pero Reeves no estaba tan a gusto. Sí, tenía fama y un sueldo de $2500 semanal pero el apretado horario le impedía aceptar roles principales en otras películas o series. Era Superman día y noche.

Por muchos años, mientras vistió el traje heróico de Clark Kent, Reeves mantuvo una relación con Toni Mannix quien a su vez estaba casada con Eddie Mannix, un ejecutivo de peso pesado en la Metro Goldwyn Mayer. Toni era ocho años mayor que George, una ex-chica Ziegfeld vivaz y enérgica. Muchos dicen que Eddie Mannix estaba al tanto de la relación extramarital de Toni, que incluso él, su esposa, alguna de sus amantes de turnos y Reeves solían tener citas dobles. Sin embargo, tal despreocupación no coincide con una de las teorías que han rondado esta fatídica histórica sin conclusión.

Fue un suicidio o…. no

La casa del protagonista de Superman fue el escenario. Era una modesta vivienda cerca de Cielo Drive donde un par de meses después sería asesinada Sharon Tate. Todo ocurrió en la noche del 16 de junio de 1959, en la que Reeves llegó con su prometida Leonore Lemmon (por quien Reeves decidió terminar su longeva relación con Mannix) y Robert Condon, un amigo en común. Los tres estaban muy tomados, pero sólo Reeves decidió subir y acostarse.

Según las declaraciones, una hora más tarde se despertó de mal humor cuando escuchó mucho ruido proveniente de la planta de abajo donde aún yacían Lemmon, Condon, William Bliss y Carol Van Ronkel, vecinos de la pareja. George les reclamó pero, según Condon, luego se disculpó y subió. Acto seguido, según el informe policial, Lemmon dice: «Se va a matar«, con lo cual, a través del delgado techo, oyeron que se abría un cajón junto a la cama. «Ahora está sacando el arma y se va a disparar a sí mismo«, continuó Lemmon y, efectivamente, sonó un disparo. Bliss corrió escaleras arriba y encontró a Reeves muerto en la cama.

En la habitación de arriba, sin ventanas, Reeves yacía desnudo en la cama en un charco de sangre, una pistola entre sus pies, una bala en el cerebro y un espeso chorro de sangre derramado en la pared hacia el techo. Según los presentes, la policía de Los Ángeles y el forense, se trató de un suicidio. Y el mayor escándalo de Hollywood hasta la fecha. Los periódicos estuvieron en un frenesí durante una semana; se trataba de Superman, ídolo de niños y adultos. Pero cuando empezaron a salir a la luz teorías que desmentían  la resolución policial, la dejaron morir.

El examen forense arrojó que antes de que el cuerpo fuese encontrado por la policía, le habían lavado para borrar evidencias de cualquier tipo. Tampoco encontraron residuos de pólvora en la cabeza, algo normal en disparos a quemarropa. El cadáver también tenía contusiones en rostro y pecho. Además, la personalidad de Reeves no encajaba con el suicidio. Ninguno de sus amigos podía creer que Reeves, un tipo alegre, franco y amante de la vida, tuviera una razón plausible para deshacerse de sí mismo

Así que la primera sospechosa fue Leonore Lemmon quien a los pocos días del incidente se fue a Nueva York con el dinero que la pareja iba a gastar en la boda. Otra teoría aseguraba que Lemmon era inocente, que William Bliss solo estuvo esa noche para entrenar a los que estaban en el primer piso y dejar que otro hombre se encargara de Reeves por ordenes de… ¡Sí! Toni o Eddie Mannix. Había quien le echaba la culpa al ejecutivo de la MGM, cuestiones de celos, ya que el intérprete de Superman era el amor de Toni. Otros preferían culparla a ella quien nunca llevó muy bien el hecho de que Reeves terminara su relación.

Phyllis Coates, que interpretó a Lois Lane, le dijo a Sam Kashner y Nancy Schoenberger, autores de Hollywood Kryptonite, que había recibido una llamada telefónica muy inquietante a las 4:30 AM. Provenía de Toni Mannix, fuera de sí con ansiedad. «Estaba hiperventilando y despotricando«, recordó Coates. «Ella dijo: ‘El chico está muerto. Ha sido asesinado’«. ¿Cómo sabía Toni de la muerte de Toni? Ella decía que el mismo la llamó para decirle que iban a matarlo, los mal pensados dicen que sabía porque fue quien dio la orden. La verdad es que nunca hubo una respuesta certera de lo que ocurrió aquella noche.

La madre de Reeves se negó a creer que su hijo se había suicidado y contrató al famoso abogado de Hollywood Jerry Giesler para investigar más a fondo. Giesler pidió una segunda autopsia. La policía nunca había revisado los dedos de Reeves en busca de residuos para ver si apretaba el gatillo ni contaban la cantidad de balas que quedaban en el arma. También hubo contusiones en la cabeza y el cuerpo de Reeves. Sin embargo, estos nunca fueron investigados y Giesler extrañamente se negó a seguir trabajando en el caso.

Independientemente de la plausibilidad de estas teorías, es probable que la identidad de quien disparó la bala que mató al primer Hombre de Acero seguirá siendo un misterio.

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