Debo confesar: con la tercera temporada vista, Mad Men se ha convertido en una de mis series favoritas. Probablemente sin importar el rumbo que tome en las cuatro temporadas restantes. Hasta el momento la producción se mantiene impecable: detalles en la ambientación, vestuario; exactitud en recursos históricos que además son utilizados con mucha inteligencia para hacer avanzar (y enriquecer) la historia.

La tercera temporada de Mad Men es simplemente espectacular. Para un espectáculo brillante que ha producido episodios de un nivel increíblemente alto durante dos temporadas consistentes, me habría conformado felizmente con solo más de lo mismo; sin embargo, desde el principio queda claro que los escritores quieren cambiar las cosas para esta nueva tanda de episodios.

Es por eso que esta temporada es francamente brillante; mejora notoriamente, acelerando el ritmo y añadiendo más subtramas que se hacen necesarias porque sirvieron para evolucionar lo que habían fijado en las dos primeras entregas.

¿De qué trata Mad Men 3?

Para saber exactamente de que va Mad Men, necesitas ver la primera y segunda temporada. Si estás aquí es porque probablemente lo has hecho. Podemos resumir que en esta ocasión, los personajes se enfrentan a toma de decisiones complejas que le llevarán a cambios (buenos o malos) determinantes. A su vez se siente como si la serie estuviese tomando un respiro.

Para entendernos, esta tercera temporada es el primer punto y aparte de la trama. El equivalente a la sexta temporada de Juego de Tronos en caso de que hayas visto la serie de HBO.

Una historia en evolución

No creo que haya un episodio o una historia que odie. Tal vez hay momentos y decisiones que no me gustaron pero se desvanecen frente a mis momentos favoritos.

Después de una cadena de desgracias en la segunda temporada (y parte de la tercera), Joan está tomando el control de su vida y familia; aunque sea a través de duras lecciones, como darse cuenta que Greg es un desastre. Y aun así ella está determinada a ayudarle. Pero el hecho de ser la piedra angular de su familia, la roca que sostiene la pirámide, le permite entender cuán valiosa es. Todo lo que deseo es que termine de abrir los ojos y se deshaga del inútil de Greg en la próxima temporada.

Otros personajes que crecen enormemente en esta temporada son los Campbell. La relación entre Pete y Trudy esta temporada es realmente hermosa. Se torna agradable ver una relación saludable en el programa aunque sea por una vez. Aunque él la engañó, ella se quedó a su lado y le creyó. Además, Trudy siempre alienta a Peter a ser la mejor versión de sí mismo.

En esta temporada, Don tiene la oportunidad de interactuar con otros personajes, o al menos, de forma diferente. Eso permite que el espectro como personaje crezca. Por primera vez desde que comenzó el espectáculo, Don le dice a Peggy lo bien que piensa de ella. De alguna forma, la relación entre los dos se fortalece y estoy deseando ver que se viene para estos personajes que tienen mucha química, a pesar de que no hay ningún connotación romántica en su relación. Con quien Don también tiene mucha interacción es con Betty pero finalmente esta descubre su secreto y así abre una caja de pandora que traslada su relación a arenas movedizas pero les da la oportunidad, como personas, de alcanzar la felicidad.

Una interacción que me gustó mucho fue la de Don con Sal. Cuando el primero se entera de la orientación sexual del segundo y decide no entrometerse, me parece un gesto decente hacia Sal que habla muy bien de Don. Sin embargo, detesté que Sal se vea forzado a dejar la agencia aunque es una clara referencia a cómo los clientes son “quienes tienen el poder” incluso sobre los que poseen el talento.

Para cuando llegamos al final, las cosas se han estado construyendo de manera muy efectiva sin ninguna indicación de cuál será la resolución final. La muerte del presidente Kennedy hace que todo el mundo se detenga repentinamente durante la totalidad del penúltimo episodio pero el final pone todo en perspectiva a medida que conocemos la pieza final del rompecabezas, que Putnam, Powell y Lowe se vende a McCann Erickson.

El humor negro como recurso narrativo

Otro acierto en esta temporada es la introducción y el manejo de un humor muy negro.

Una de las secuencias más hilarantes de la serie hasta la fecha es cuando Guy Mackendrick llega a Sterling Cooper para comunicar que es el nuevo oficial financiero. Mientras tanto, el Jefe de Cuentas, Ken Cosgrove, trae una nueva cuenta: la cortadora de césped de John Deere. Cuando una secretaria intenta probarla, ella literalmente aplasta el pie de Guy Mackendrick.

Sí, sé que esto es una escena triste. Un hombre perdió un pie. Pero fue una gran escena de comedia en el episodio. Cuando Mad Men hace comedia, lo hace bastante bien. Y permite que la historia avance, no se trata de un recurso gratuito.

Se aproxima un nuevo comienzo…

Aunque hay muchos cambios, algunos no tan drástico, la serie altera ligeramente su enfoque (pasando del matrimonio Draper y otras relaciones que dominaron en gran parte la segunda temporada a un examen más detallado de cómo funciona el lugar de trabajo de Sterling Cooper bajo Putnam, Powell y Lowe) y el tono cambia para volverse notablemente más tenso. Es algo valiente, no solo para los personajes sino también para Mad Men como espectáculo.

Es difícil adivinar si valdrá la pena, pero hay una sensación de oportunidad y aventura en la forma en que se maneja (eso no quiere decir que no haya material más triste en el final, porque con el divorcio de Draper ciertamente lo hay) que estoy más que dispuesta a averiguar que le depara el destino (o los escritores) a estos personajes.

Esta temporada presenta algunos de los momentos decisivos de Mad Men y está llena de episodios tremendamente atractivos (un ejemplo es ese sexto episodio, ‘Guy Walks Into An Advertising Agency’, que tiene uno de los momentos más memorables de la serie y está terriblemente bien ejecutado). La tercera temporada es de lejos la mejor temporada de Mad Men hasta ahora y estamos llegando al punto en los años 60 donde está ocurriendo un cambio real. Y ya sabemos lo bien que se le da a Matt Weiner y compañía sacar provecho de los sucesos históricos.

En general, la tercera temporada de Mad Men es un punto de no retorno. Ya nada se siente igual y eso me gusta porque siento que todo lo que sucedió servirá para sentar las bases de una cuarta entrega que significará un punto y aparte en la serie. Incluso, la referencia a la muerte de John Fitzgerald Kennedy (retratada maravillosamente a través de casi todos los personajes) se siente como la más clara muestra de que nada será igual. Espero no equivocarme. Y espero que esa evolución positiva se mantenga. Tiene sentido, entonces, que la serie se vuelva más progresista con su movimiento más grande y audaz hasta el momento.

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