¿Cuántas veces no hemos sentido que hemos dado todo y los resultados no son lo que esperamos? ¿Cuántas veces nos hemos sentido decepcionados por algo o alguien, porque no reacciona como esperamos, porque resulta no ser lo que esperamos?

¿Cuántas veces no has sentido que estás cargando un peso que te supera y sólo aguantas porque no ves otra solución?

¿Cuántas veces a pesar da las circunstancias te enamoras, lo apuestas todo, siembras esperanzas y terminas sintiendo que eres tú quien carga todo el peso de la relación, quien apoya, quien siempre está ahí? ¿Nunca te has cansado de ser él/la fuerte?

Todos hemos caminado un sendero similar en nuestra experiencia de vida; todos hemos llegado a ese punto en que nuestra fuerza flaquea y dudamos de dar el siguiente paso, de seguir adelante, detenerse o retroceder. Todos hemos sentido miedo de perder.

Al final, en algún momento perdemos algo: un trabajo estable, una buena relación familiar, una amistad de toda la vida, una pareja. Parte de estar vivo implica perder. A ninguno nos gusta perder, es verdad, vivimos en un entorno donde perder es sinónimo de fracasar. Vivimos condicionados a siempre tener, a siempre ganar; y no me refiero meramente a lo material.

Fracasas si terminas una relación de pareja, porque perdiste a tu compañer@, porque ahora estás sol@. Fracasas si te deprimes por una situación, porque perdiste el control de tus emociones. Vivimos programados a repudiar el fracaso también; y a veces el juez más duro, implacable, cruel de nuestros “fracasos” somos nosotros. El reproche más fuerte de lo que perdimos nace de nosotros mismos.

Cuando llegamos a ese momento en que estamos solos frente a nosotros mismos, cuando estamos cansados de cargar ese peso que nos impusimos, cuando las cuentas ya no nos salen de ningún modo, y queremos gritar, llorar, rendirnos, es porque llegamos a nuestro punto de quiebre… ¡Y se vale!

  • Se vale llorar un rato por lo que pierdes.
  • Se vale sentir dolor por un fracaso.
  • Se vale encerrarse un día y auto compadecerse.
  • Se vale reconocer que a veces no podemos.
  • Se vale culparse, si así lo sientes.
  • Se vale sentir ira cuando te sientes traicionado, defraudado.
  • Se vale desilusionarse.
  • Se vale sentirnos humanos a través de este proceso.

No somos seres perfectos, nos equivocamos, tomamos malas decisiones, nos enamoramos de la persona incorrecta, actuamos impulsivamente. Podemos tener autocontrol, pero difícilmente nos someteremos a ello.

Fracasar, perder, decepcionarse no es todo lo negativo que nos pintan. Incluso son las mejores oportunidades para aprender, crecer como personas, superar obstáculos, madurar. Es parte del juego, es una parte inevitable de vivir.

Si necesitas sufrir por ello, adelante, tomate este día para sufrirlo: llora, grita, golpea la almohada… quiébrate. Sólo hoy. Mañana recuerda:

–          Todas las experiencias de la vida son ciclos: empiezan y terminan; algunos terminan en paz, otros no; unos antes y otros después; pero nada es para siempre.

–          Te equivocaste en la toma de decisiones; ¿Puedes solucionarlo? ¿Sí? ¿Qué necesitas hacer para solucionarlo? Trabaja en ello. ¿No? ¿Cuáles son las consecuencias de ese error? Mentalízate a asumir lo daños.

–          Terminaste una relación, date tiempo de vivir tu duelo. Sí, cuando terminas con alguien ocurre un proceso similar al de la pérdida de un ser querido. Necesitarás tu espacio e irás a tus tiempos, pero déjala/déjalo ir, en paz. Perdona lo que debas perdonar y perdónate a ti mism@ si te causaste daño en el proceso. Libérate liberando.

–          Los problemas que implican dinero nos generan un estrés especialmente angustiante. Recuerda que en estos ciclos de la vida puedes estar arriba, o puedes estar abajo, lo que importa es nunca dejar de intentar. Si hoy te sientes estancado, encontrarás una solución. No le des tanta importancia al dinero ¿de qué te sirve si no respiras?

–          No te calles, no te lo guardes, comparte tu carga con tus amigos más cercanos, con tu familia, con aquellos a quienes amas, quienes te hacen sentir amado, aquellos que te inspiren confianza. Desahógate. En los tiempos adversos te sorprenderás al descubrir quiénes están a tu lado. ¿Y si no quieres hablarlo? Escríbelo, dibuja, pinta, toca un instrumento, canaliza esas emociones que te carcomen a través de tu creatividad.

–          Tampoco le temas a la soledad; un tiempo a solas te puede revelar cosas que desconocías de ti mism@.

Por hoy tírate al drama si así lo deseas. Mañana el mundo recibirá con agrado tu sonrisa.

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Miguel Pérez
Miguel Pérez, profesional del comercio exterior subempleado con una malsana obsesión por ser escritor. Ensayista, narrador y cuentero totalmente desconocido y parcialmente deslactosado. Escribe en su blog Gegenverfrendungs-Effectk (http://www.en-el-divan.blogspot.mx/) desde 2005. Ha colaborado en varias revistas electrónicas.

3 Comentarios

  1. Bien lo menciona Murakami en uno de sus libros, “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.” Siempre tendremos el poder de elegir nuestra actitud ante cualquier suceso. Se vale llorar un rato pero luego hay que levantarse y emprender el camino, mas sabios y mas fuertes.
    Buen post.

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