Siempre he sido de esas mujeres aficionadas al fútbol; pero de las de verdad, de esas que no piden que les expliquen lo que es un fuera de lugar, de las que conocen las alineaciones de los clubes en cada partido, de las que se saben de memoria los uniformes de local, visitante y opcional, de las que conocen la historia de los escudos del club, se sabe el nombre de los estadios, se le para el corazón ante un cobro penal, grita en los tiros de esquina y cree que dirigiría los partidos mejor que el técnico.

Desde muy niña he sentido vibrar con el fútbol y a pesar de todo y en sus altas y bajas, puedo decir que he sido hincha a morir de la selección de mi país; lloré en Francia 98 cuando Inglaterra eliminó a Colombia apenas en la primera fase, con un gol de tiro libre anotado por David Beckham, quien en aquel entonces era una de las estrellas del Manchester United y era famoso por su precisión en el cobro de esos mismos tiros libres, que privaron a la tricolor de pasar a octavos de final, en el último mundial que han podido jugar.

No me sucede lo mismo con los clubes locales de mi país. Fuera de que han estado históricamente enredados con el narcotráfico, hay que anotar que sus épocas de gloria en Sudamérica pasaron hace mucho y precisamente por el declive del negocio de sus patrocinadores o dueños; cuando hicieron historia, contaban con figuras de la talla de Alfredo Di Stéfano, Néstor Raúl Rossi y Adolfo Pedernera, quienes no sólo no eran colombianos, sino que eran comprados gracias a dineros ilícitos y las copas internacionales de las cuales se han hecho acreedoras numerosos clubes colombianos, fueron poco menos que compradas por personajes como Pablo Escobar o los hermanos Rodríguez Orejuela. Tanto es así que incluso las directivas actuales de muchos de estos clubes han sugerido devolver los títulos que fueron ganados de forma bastante discutible. Por si esto fuera poco la liga local, pertenece y está patrocinada por un grupo económico que es dueño de uno de los equipos de fútbol más polémicos de la historia de Colombia, y que casualmente se hizo con el título del torneo apertura del 2013, sin contar los logrados en años recientes. A lo anterior podemos sumarle, que fuera de la liga colombiana, cuando debutan en torneos internacionales o son invitados a ellos como parte de encuentros amistosos frente a otros clubes, hacen el ridículo y de forma categórica.

Hace menos de un año y con motivo de conmemoración a Alfredo Di Stéfano, Millonarios Fútbol Club, fue invitado a jugar un amistoso en el Santiago Bernabéu, enfrentando al Real Madrid; la verdad era que nadie en Colombia esperaba que Millonarios se hiciera con la copa Di Stéfano, ni que en particular brillara demasiado, pero ni los más pesimistas esperaban que el club azul regresara a Colombia con un rotundo 8-0 en contra, que además de todo fue ejecutado por la suplencia del equipo merengue; para cerrar con broche de oro, esa misma noche Millonarios debía enfrentar a uno de los equipos nacionales por eliminatorias en la liga colombiana y como los azules sí se habían llevado a la titular para el encuentro con el club español, pues no pudieron menos que quedarse con dos derrotas consecutivas en un mismo día y aparte con la humillación a nivel internacional.

Es por eso que en particular no me gusta en fútbol local, porque si ustedes van a ver las principales figuras de la selección Colombia, juegan en clubes extranjeros; (Radamel Falcao y James Rodríguez en el Mónaco, Jackson Martínez en el F.C. Porto, Teófilo Gutierrez en el River Plate, Macnelly Torres en el Al-Shabab entre otros) y  las contadas excepciones que debutan en los clubes colombianos, no brillan demasiado, gracias a la mediocridad del resto de los equipos.

Es por eso que cuando me tildan de apátrida y europea por mi particular gusto por los clubes del fútbol español, no me siento especialmente ofendida; cierto que es que soy de las que se siente muy orgullosa de las cosas buenas de mi país, pero en particular el fútbol es una de mis pasiones, y las pasiones de verdad se viven en grande. Yo prefiero gritar y vibrar al máximo con las atajadas de Iker Casillas, compararlo con otro grande como David de Gea, sentir un cosquilleo incomparable cada vez que Cristiano Ronaldo arranca desde el medio campo con el balón, sentir ganas de hacerle zancadilla a Lionel Messi cuando coquetea con el arco de Casillas, gritar sin pena cuando Mezut Özzil hace uno de sus legendarios pase goles, que solo Gonzalo Higüaín y Ángel Di María me hagan olvidar de mi aversión por el fútbol de Argentina, que me preocupe la compra de Neymar por el Barcelona y que disfrute lo poco en forma que anda ‘La Pulga’ por estos días; que cuente los días en el calendario para el inicio de la liga BBVA, aunque poco me importen los resultados de la liga Postobón, que esté a la expectativa por cómo se está armando el Mónaco, aunque me tengan sin cuidado las adquisiciones del Atlético Nacional y que la Champions League me tenga en vilo medio año, mientras la Copa Libertadores da los mismos resultados de siempre.

Ese es el fútbol que yo amo, el de velocidad, espectacularidad, goles inesperados y en el que hasta el último minuto de tiempo adicional no está nada dicho; en el que los jugadores dejan el alma y la sangre por su camiseta y en el que uno termina más cargado de adrenalina que si hubiera jugado los 90 minutos junto a ellos, por eso les digo, ¿fútbol? Todo el que quieran, pero por favor que sea extranjero y de preferencia español.

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