Las mujeres a veces somos victimas del conformismo, del “con que me quiera aunque sea un poquito”, con un beso en la mejilla en lugar de la pasión de la unión de los labios, con ser la compañera, la sumisa, aceptar todo y no llegar a ser la mujer.

Yo no soy así, nunca lo fui, sabes que yo quiero la pasión, que con sus brazos recorra cada centímetro de mi piel y me haga vibrar. Nunca estuvimos de acuerdo en nada y así fue como acabo todo, por no ser conformista.

Pero hoy, quiero que mis labios se queden tatuados en tu piel y que todo lo que vivimos te impida estar con alguien más. Quiero ser esa mujer que de vueltas en tu cabeza, esa imagen que aparezca cada que beses a alguien más, que me odies tanto que se parezca mucho al amor.

Y sí, si te has ido quiero ser la villana de tu historia, esa mujer de la que le hables a todos, de la que nunca te olvides, tu amor imposible. Esa mujer que te cause pena y dolor por las noches, la razón de tu insomnio, desvelos, la única que te inspire y en la que pienses cuando estés con cualquier otra mujer.

A la que sueñes aunque no quieras, a la que le pidas una última vez, la que sea tu musa, la que busques en todas las camas y el nombre que pronuncien tus labios al llegar al tu clímax. Esa mujer de la que creas encontrar rasgos en todas, a la que te sientas atraído como si de un imán se tratase.

Quiero ser esa mujer de la no puedas alejarte, la que busques a cada segundo, a la que hagas lo que hagas sigas encontrando en cada rincón, en tu pensamiento, que todo te remonte a mí. La imagen que te estorbe, pues nadie te podrá besar como yo, ni sus manos serán las mías, ni puedes borrar todo lo que nos dijimos, porque te van a torturar los recuerdos, las preguntas, lo que vivimos y el tiempo que duro.

Si no pudiste dármelo cuando estaba contigo, entonces hoy, a la distancia, quiero ser a quien ames con esa rabia y esa pasión que sólo da el odio, no quiero ser un fantasma o un recuerdo, quiero ser todo y más. Ódiame, por favor, ódiame.

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