Papá…

Se apareció de repente, ¿cómo iba a esperarla?

¿Cómo saber que estaba tan cerca?

Es raro, tal vez siempre debí aceptarla,

pero es que se le ve tan lejana…

.

Y la gente dice, pasará…

pero nadie toma tu lugar;

nadie más que tú puede probar

el amargo sabor que tus lágrimas dejan al rodar.

.

Hay cosas que aún no puedo entender,

¿Cómo podría hacerlo? si no me deja de doler.

Cuando la sangre te llama desde un lugar lejano,

al que aunque quieras, ya no puedes acceder.

.

Te fuiste sin decirme adiós,

y todavía te sueño despidiéndote de mí,

y es que te extraño y ya no estás,

aunque yo quiera, ya nada sigue igual.

.

Me gusta verte en sueños, pues pareces tan real,

pero cuando despierto, resulta que no estás…

Y me vienen a la mente las escenas de aquél día,

que aunque pasen muchos años, yo no olvidaré jamás.

.

Sé que estás aquí, porque te puedo sentir;

Sé que me miras y me abrazas en el aire,

que cuidas mi sueño y velas por mí.

.

Pero yo qué diera por verte si quiera…

Una vez más como antes lo hice,

por mirar tus ojitos y no verlos cerrarse.

.

Porque un día tú regresaras y no te marcharas…

Pero sólo son sueños, sueños eternos.

Sé que me esperas y que un día a ti llegaré,

que ahí todos juntos habremos de estar,

pues la palabra de Dios escrita está.

.

Que un día llegará,

que pueda correr a tus brazos y decirte..”.¡Papá!”

Autora Verónica Guerrero H.

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