Desde hace un par de años soy una consumidora activa de series de televisión. Me rehusé a ello por mucho tiempo porque no quería “sentirme presionada” por ver episodios y temporadas en tiempos específicos, salvo excepciones (como Game of Thrones) pero en vista de que la pantalla chica está en su mejor momento no pude resistir más. Hoy veo más series de las que puedo y veo menos de las que quisiera pero me las he arreglado para ver lo más reciente y ponerme al día con aquellas que me perdí cuando estuvieron al aire. Primero fue Downton Abbey, después fue el turno de The Office y ahora me corresponde ver Mad Men.

De la serie original de la cadena de AMC sabía poco: está ambientada en Nueva York de los años sesenta, específicamente en el mundo de la publicidad y su protagonista es Jon Hamm. Información suficiente para despertar mi interés. Sin embargo, su título me hacía pensar que Mad Men era un vistazo de hombres, bueno, dementes. La realidad es que su nombre ejerce doble referencia aunque al final es un mismo sentido.

¿De qué trata Mad Men?

En los años sesenta, los hombres que trabajaban en el sector publicitario en la Avenida Madison de Nueva York adoptaron el apodo «Mad Men». «Mad» hace referencia al nombre de la avenida pero su traducción literal es «hombres locos«. Y, de hecho, lo están. Mad Men gira en torno a un grupo de hombres locos por el dinero, por el trabajo, por las mujeres, por el alcohol.

Aunque esta primera temporada se centra en todo el reparto principal de forma equilibrada, el personaje de Don Draper está en la cúspide de la pirámide. El refleja mucho de lo que la serie quiere contar: un antihéroe que se ajusta a la época y el lugar donde se desarrolla el relato.

La primera temporada fija las bases

La serie comenzó a emitirse en 2007, hoy, a casi catorce años de su estreno debo decir que ha envejecido muy bien. Su episodio piloto es atípico: está más inclinado a parecer un episodio en medio de temporada que el primero de la serie. Ubica a los personajes en su hábitat natural; manteniendo conversaciones orgánicas y experimentando situaciones del día a día que, paulatinamente, van dibujando la personalidad de cada personaje. Personajes que brillan en momentos de sutileza, otros sin ella, pero todo es gracias a un guión cargado de habilidad e ingenio absoluto.

Me gusta que esa ambigüedad del primer episodio se extienda a lo largo de toda la temporada. No están presionando ninguna narrativa de quienes son los malos y quienes son los buenos. O dicho mejor, quienes son las víctimas y quienes son los victimarios. La primera temporada de Mad Men es un vistazo general de los temas y problemas que marcaron aquella época. Los privilegios de los hombres blancos, ricos y heterosexuales y las limitaciones de las minorías (mujeres, afrodescendientes, etc). Y resulta creíble porque los personajes están desarrollados de manera tridimensional, con virtudes y defectos. Defectos que muchas veces están intrínsecamente relacionados a la misoginia, el sexismo y el abuso de poder. A veces es aburrida porque la vida es a veces aburrida también, pero al mismo tiempo está cargada de momentos apabullantes.

Un guión que busca autenticidad

Es interesante observar como, al igual que hacían series como Downton Abbey, Mad Men también fusiona la ficción con hechos reales. Por ejemplo, la elección que enfrenta a Nixon contra Kennedy, predomina en muchos episodios. Pero la serie brilla aun más cuando salta de cabeza a temas que reflejan el clima social de la época y cada personaje es un reflejo de los temas que aborda la historia. Esto genera algunas secuencias intencionalmente irritantes, y ningún personaje es del todo agradable. El sexismo abunda, a la vanguardia de tantas escenas, pero siempre se muestra con un ojo crítico. Expone el tema porque existió (y existe) en la sociedad pero es capaz de retratar las dos caras de la moneda.

Como mencioné no todo es blanco y negro. Todos son víctimas y victimarios hasta cierto punto. El programa ilustra las presiones que ejerce la sociedad sobre los hombres. Por ejemplo, Peter Campbell, el subordinado de Don, no puede hacer todo lo que se le exige por ser hombre: casarse, comprar una casa, tener un bebé. No quiere nada de eso pero termina haciéndolo porque siente que es su deber. La otra cara de la moneda muestra a Don Draper engañando a su esposa una y otra vez, básicamente porque quiere y porque puede.

Sin embargo, personalmente me quedé prendada por los personajes femeninos. Tan diferentes entre sí pero con mucho que aportar para enriquecer la historia. Por un lado está Betty Draper, esposa de Don, se siente completamente sola como la mayoría de las amas de casa en ese momento; ella es consciente de los límites de su posición, pero está completamente atrapada en las creencias de que una esposa perfecta es una ama de casa perfecta. Peggy Olsen es una joven secretaria, dirigida a utilizar solamente su inteligencia para demostrar su valía equivalente a sus colegas masculinos. Y Joan Halloway, jefe de las secretarias, muy consciente de las limitaciones de ser mujer en un mundo dominado por hombres. Aún así, sabe cómo navegar a través de su lugar de trabajo y sabe lo que se requiere para mantener su posición. Pero ella mantiene su dignidad y profesionalismo.

A veces, el comportamiento de aquellos en Sterling Cooper marca la línea entre buen gusto y lo incomodo, pero siempre es con intención. Esa incomodidad se extiende a través de las situaciones de muchos personajes. La serie hace un gran trabajo al mostrar el vacío en la vida de los personajes. Aunque están rodeadas de dinero, todavía tienen problemas. Por ejemplo, muchos matrimonios están al borde del divorcio. La vida laboral y el culto a al patriarcado son mostrados con sus ventajas y desventajas. Pero a su vez se muestran como dos mundos totalmente separados.

Una producción de primer nivel

Aunque la serie tiene una fotografía granulada probablemente porque se estrenó hace casi catorce años, está características colabora con un diseño de producción y vestuario impecable que nos adentra en la tumultuosa década de los sesenta. La banda sonora es la guinda del pastel pues evoca a las baladas de la época y al rock and roll en más de una ocasión. Todos y cada uno de los actores deslumbran con sus trabajos finamente bordados con gestos o tonos de voz que caracterizaron los trabajos de muchos actores de la época.

La primera temporada de Mad Men es profundamente introspectiva, y pasa mucho tiempo mirando hacia al pasado. Recibimos una serie de flashbacks de la vida de Don antes de que Don Draper lo conozcamos, y somos testigos de cómo se abre pocas veces a muy pocas personas. Pero estos son los momentos que hacen Mad Men. La serie permite que la emoción hierva a fuego lento y luego explota cuando sea el momento perfecto.

Mad Men está disponible en Netflix.

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