¿Cuántas veces hemos querido ser un Kick-Ass y terminamos siendo un ass kicked? Últimamente esta película ha estado en boca de todos gracias al estreno de su secuela. Pero como yo no he tenido oportunidad de verla, tendré que hablarles de una gran reflexión que me dejó la primera parte.

   Y es que es cierto, en el mundo abundan tantas grandes ideas, que cuesta un poco creer que nadie se ha atrevido a llevarlas al siguiente paso. Y no nada más hablo de porqué nadie ha querido enfundarse en un traje colorido y recibir golpizas, hablo también de las pequeñas, pero poderosas, ideas.

   Gente que un día se despierta con la mente puesta en un nuevo negocio, un plan o una estrategia de ventas, un consejo, una iniciativa, una solución a cualquier problema en el mundo, incluso un pequeño proyecto o un diminuto invento. Gente que se despierta con esa idea sembrada pero no se atreve a regarla, si acaso, la esparce. Llegan a la escuela, al trabajo, se encuentran con sus compañeros y con su familia pero lo único que hacen es, en el mejor de los casos, platicarles lo que han estado pensando. La mayoría ni siquiera a eso se arriesgan.

   Unos tienen miedo, otros tienen pena, otros no le ven sentido. No importa la razón, guardarse algo de ese tipo es un acto malvado, en primer lugar por egoísmo y en segundo por pesimismo. Lo peor del caso es que si hay tanto individualismo y tanto desánimo no es solo porque sí, hay más de una poderosa razón para albergar esos sentimientos.

   Todos han hablado de lo que llevan dentro y les regresaron sus sueños, ideas y metas, más pisoteados que el Zócalo, todos han recibido muchos “no vas a poder” y muchos más “eso es imposible”, “no tiene caso”. Pero no se dan cuenta de que lo único que no tiene caso es seguir escuchando a quienes desalientan su paso.

   Y, atención, lo que digo no significa que estén teniendo una idea millonaria ni que sea la ocurrencia del siglo, muchas veces las cosas que maquinamos SÍ terminan siendo un gran fracaso o no son lo que queríamos y esperábamos. El asunto es que si fallamos es porque lo intentamos, y eso, automáticamente nos da un upgrade. Después de haberlo intentado somos personas mejores; sin importar el resultado ni los aciertos o errores, gracias a esas experiencias adquirimos mucha más sabiduría y “callo”.

   O sea que si nos sale bien, ganamos lo que sea que produzca esa maravillosa idea que tuvimos, y si nos sale mal, ganamos el saber lo que debemos hacer y lo que no para poder aplicarlo en la próxima ocasión.

   Nunca se sabe cuando un plan será un proyecto revolucionario o completamente innovador, nunca se saben las consecuencias que un pequeño acto podría traer. Y nunca se sabrá eso, ni ninguna otra cosa, si no nos atrevemos a dejar que lo que sea que traigamos en mente salga y agarre su propio vuelo.

COMPARTE en:
Mariana Huerta
Soy Mariana, estudiante de la escuela y de la casa, de las amistades y del día a día, estudiante de la vida. Quizá mis cortos años; porque sí, son pocos; no me permitan decirles todo lo que he hecho pero sí todo lo que soy. Me gusta sorprenderme pero me gusta aún más sorprender. Escribir es un lujo, mi pasión, mi escape y contacto con la Mariana de adentro, con todo lo que me rodea. Un gusto estar aquí.

2 Comentarios

Comenta en el recuadro