Es como ser invencible. Sales de tu casa a las cinco de la mañana con el aire congelándote hasta las partes nobles, pero no te importa; dentro de ti sientes una neblina tibia que no permite tu enfriamiento. Duermes dos horas y en vez de andar cabezeando parado cual gallina, te sientes fresco y lleno de vitalidad.

   Tienes menos dinero que el día en que naciste, menos tiempo que mamá soltera con dos trabajos; pero hasta lo disfrutas. Llueve sobre mojado, el tráfico está más pesado que cuando hay marcha, pero ni siquiera te das cuenta.

   Trabajas, te bañas, estudias, comes, caminas, hablas, limpias, escribes y vives en modo automático porque en tu cabeza sólo hay un pensamiento, desde que despiertas hasta que duermes, y todavía mientras sueñas. Pensamiento, que curiosamente, tiene nombre, apellidos, cara, cuerpo y una voz inolvidable.

   Una vez que está en tu vida de tal manera, ya puedes ir haciéndote a la idea de que todo lo que hagas y digas tendrá un poco de su esencia, ésa que se te pegó en cada hilo del alma y que extrañas cuando se te aleja aunque sea por un minuto.

   Ya no importa hacia dónde mires porque de cualquier modo le vas a encontrar forma de su cara, tampoco intentes resistirte porque es como el efecto del rebote, regresa y te pega más duro. No te esfuerces en negarlo o en dar vuelta atrás, tarde o temprano te va a atrapar. En cuanto te aprendes de memoria cada una de sus manías y sus costumbres o cuando reconoces su aroma en un kilómetro a la redonda, ya estás más “para allá que para acá”.

   Te envuelve su locura, sus sueños se hacen tuyos, comparten metas y los planes se convierten en realidades. Avanzan a pasos más parejos que los de la escolta del ejército; sus pasiones comienzan a ser las tuyas, sus miedos te asustan a ti también y VISCEVERSA.

   Un día volteas hacia atrás, hacia delante, a un lado, al otro y sus miradas se cruzan en cada punto. Se cruzan con la fuerza que sólo da el saber que no van a soltarse, se encuentran con la certeza de no perderse. Y entonces sólo ríen, ríen y sonríen; no pueden parar.

   Si has leído hasta acá con un nombre en la mente, con su imagen en la cabeza o en el pecho, sabes muy bien cómo se siente. Si lo leíste queriendo pensar en dos nombres, en dos caras o en dos figuras, léelo de nuevo. Sólo uno de esos pensamientos es el que es capaz de alegrarte de por vida con su simple recuerdo, con la ilusión que provoca su espera. Sólo hay una fisionomía que te hace sentir con más vida y fuerza que tres Redbull.

   Es como ser invencible y por eso yo escribí esto con una sonrisa en mi boca y el corazón en los dedos.

Fotografía por Mariana Huerta

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Mariana Huerta
Soy Mariana, estudiante de la escuela y de la casa, de las amistades y del día a día, estudiante de la vida. Quizá mis cortos años; porque sí, son pocos; no me permitan decirles todo lo que he hecho pero sí todo lo que soy. Me gusta sorprenderme pero me gusta aún más sorprender. Escribir es un lujo, mi pasión, mi escape y contacto con la Mariana de adentro, con todo lo que me rodea. Un gusto estar aquí.

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