Siempre te respondo con risitas,

con un pequeño golpe en la cabeza,

enseñándote la lengua.

Tú me miras y sonríes.

“Escribe sobre mí”,

es tu respuesta ante mi falta de ideas.

Y no es que no estén,

es que no saben cómo salir.

“Escribe sobre mí”,

como si fuera tan fácil.

¿Qué escribo sobre ti?

¿Que eres demasiado alto,

demasiado gracioso,

demasiado tú?

¿Que si quisiera describirte

no me alcanzaría la vida?

“Escribe sobre mí”,

y lo único que atino a escribir es que te amo.

¿Importa otra cosa?

Ni siquiera inventándote,

escribiéndote,

habrías sido tan perfecto para mí,

como lo eres siendo tú.

¿Cómo nos encontramos,

cómo nos enamoramos,

cómo nos complementamos?

No podría,

ni yo misma lo sé.

Deseo concedido,

escribo sobre ti,

sin mucho sentido,

ya sabes, como cuando nos conocimos.

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