Abatida, desnuda ante las circunstancias, mi cuerpo cae rendido en el piso. Los pensamientos se endurecen, llegan y forman estalactitas en mi mundo. Delicados y finos picos quedan rozando las partes de mi piel más sensibles. A mi corazón lo rodea cierto halo de temor opresivo y parece que el oxígeno, está tan escaso que mi piel empieza a tomar un tono negro-azuloso. La caverna en mi cabeza grita unas notas que retumban y hacen volar  todas las concreciones calcáreas en añicos. “Stay, don’t just walk away, and leave me another day, a day just like today, with nobody else around” (A-ha, Minor earth mayor sky 2000)

Y nadie alrededor, nadie para el abrazo necesario a este ser tan extraño que vive dentro de los muros de mi caverna. Las lágrimas se deslizan, como fugitivas, para que el mundo no sepa que se resbalan de mis mejillas pálidas y quebradas. Parece que la luna hoy no brilla y la obscuridad envuelve todo alrededor.

Me ovillo en una esquina de ese abismo. Intento sentir el calor de mi propio cuerpo, ese calor que necesito para callar las voces de desconsuelo. Miro cada centímetro de mi piel, sigo el ritmo que lleva cada poro para erizarse y llevar corrientes eléctricas a la superficie. No hay gran historia, ni historia distinta de tantas, sólo soy más sensible a la soledad que experimento cuando te vas. Ahora te vas por siempre y sólo es necesario un abrazo. El abrazo que da humedad a los labios que se agrietan por el frío, ese cálido vapor que desprende el cuerpo.

Me arrebujo en mí misma, en mi sangre, mis latidos, mi respiración, mi piel y mis músculos. Poco a poco enciendo antorchas en esa caverna. Voy dando pasos a esa muestra de afecto necesaria y tan anhelada. El abrazo estuvo, está siempre. Tengo la respuesta en mis manos, en mí.

 

Texto: Alejandra Olson

Ilustración: Cinthya Barrera

Gracias Cinthya, porque tu ilustración inspiró para que este texto surgiera y sucediera.

Cinthya 2013

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Alejandra Olson
Espíritu congestionado por las letras, que busca encontrarlas en el camino del hacer literario y de éste encuentro aparezcan historias de empatía con los ojos participantes del espectador. Se dice incipiente escritora, pues cada día se descubre, redescubre, encuentra, pierde hilos dentro de éste oficio. Oficio que necesita dedicación, amor y empeño. Ella es así, tan natural como la vida se lo permita y aguerrida.

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