Mandy es una película escrita y dirigida por el ítalo-canadiense Panos Cosmatos, que desde su estreno ha estado dando mucho de qué hablar, naturalmente, por todo lo que representa. La trama se desarrolla en un ambiente boscoso, apartado, lóbrego y psicodélico, protagonizada por Andrea Riseborough y un Nicolas Cage desbordado en ira.

Nicolas Cage, Mandy 2018

Se trata de un filme poco convencional, es sangriento, surreal, explícito, alegórico, bizarro, satírico, onírico… y puede ser muchas cosas más, pero definitivamente, no es un sinsentido. El terreno en el que se desenvuelve es conocido, juega con lo típico y usual al agregar cierto humor negro que refuerza los excesos y se reconoce a sí misma como una locura, pero, por paradójico que suene, una locura con sentido. La ilación de la trama realmente tiene un justificado porqué.

A pesar de lo extraña que puede llegar a ser, realmente Mandy no está tan alejada -como pudiera parecer a simple vista- de otras películas que abordan el mismo tema vengativo, pero por supuesto, con un distintivo toque bastante singular. Mandy resulta la perfecta representación y ejemplo de una hipérbole total. Una historia de amor, venganza y religión, llevada a la máxima exageración. Lo bueno es que Cosmatos lo sabe, y así lo quiso, notable por todos los elementos que la puesta en escena maneja en su haber. El color, la música, los signos, la distorsión de la imagen y las voces, los extraños personajes y sus acertadas actuaciones.

Jeremiah Sand (Linus Roache), Mandy 2018

Elementos intrínsecos

(Desde aquí empiezan los SPOILERS, si  no la han visto, háganlo y regresen a leer luego. Quedaron advertidos).

Inicia con una primera parte bastante pausada, prepara el enfoque en una susceptible Mandy, marcada por experiencias traumáticas, quizá con cierto aspecto lúgubre, pero artística y sensible, hasta que es incinerada por la petulancia de un culto de hippies. Una corte de maniáticos religiosos que pudieran aludir una crítica a La Inquisición, además del capricho y la vanagloria de contadas figuras de alto mando en instituciones cristianas, enfermos de presunción y deseo carnal.

Mandy (2018)

La psicología del color es de suma relevancia en cada escena de esta película y durante las próximas escenas hay varios signos notables que confirman las calculadas intenciones de Panos en todo el ámbito audiovisual.

Un importante plano donde el misticismo del morado y la fuerza del rojo dejan de ser protagonistas por unos momentos para resaltar el naranja y amarillo de las baldosas e incluso el felpudo del suelo. La connotación de un estado mental deslucido, agresivo e inestable, reforzado con introspectivos movimientos de cámara, donde además, se muestra el motivo de la perturbación: un delicado vestido de dormir de color negro. La prenda que evoca la muerte de Mandy.

Red Miller (Nicolas Cage) – Mandy (2018)

Con la segunda parte, luego de un par de capítulos, Cage se convierte en un herido justiciero encarnizado, decidido a cobrar venganza. Desde este momento inicia una serie de encuentros con demoníacos e infernales personajes que igualmente tienen una representación significativa. Hasta su exhaustivo final.

Cosmatos entrega una propuesta un tanto diferente, singular y excesiva. Una mezcla entre acción, gore y horror que no todo el mundo está dispuesto a pasar.

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