A veces me pregunto por qué es que a la mayoría les gusta que los traten mal, pareciera como si la persona que peor te trata es la que mayor interés despierta en ti.

No estoy muy segura de la razón, tal vez porque quien nos muestra indiferencia activa cierto botón dentro que te dice –haz de todo por cambiar eso-.  También he notado que están aquellos que se desviven por el “amigo” que los trata con la punta del pie o la pareja que ni siquiera les da su lugar, y después van a descargar esa cierta frustración que les queda dentro con el pobre incondicional. Sí, esa figura que siempre pese a todo está ahí, a tu lado, que aguanta tus arranques de ira, tus cambios de humor, literalmente todo, porque en verdad le importas. ¡Pero que irónico! vivimos en un mundo al revés, en el que nos aferramos a quienes no tienen ni quieren ofrecernos nada y sin más menospreciamos a quienes nos lo brindan todo.

De ahí es que luego vemos a tantas personas que de ser las más nobles y amables de la noche a la mañana se vuelven frías, egoístas y desconfiadas. Y es que esto no pasa solo porque sí, a veces es fácil juzgar sin conocer, pero detrás de cada persona hay una historia, cada tropiezo, cada golpe te va fortaleciendo, te hace más astuto… te transforma.

En donde más vemos esto es en las relaciones de pareja, tantas personas que sufren por amor, cuando en realidad este sentimiento existe para demostrarnos que estamos vivos, para llenarnos de felicidad no de lágrimas ni angustia. La realidad es que hemos sido los humanos los que nos hemos encargado poco a poco de distorsionar ese sentimiento que debería ser lo más perfecto, lo más puro, pero bendita humanidad, como siempre arrasando con todo a su paso.

El amor no se demuestra sufriendo, sacrificándote por la otra persona, dejándote de lado tú para complacer a tu pareja ni mucho menos dejando que pasen por encima de ti. Tal vez no tengo suficiente experiencia en esto, pero las caídas me han enseñado que no hay hombres ni mujeres malos (amorosamente hablando) o que no “saben amar”, hay historias, hay heridas que muchas veces no dejamos sanar y se las pasamos a otros para no sentirnos tan mal, sobretodo hay confusión o tal vez ceguera voluntaria. Efectivamente no es que siempre te toca un mal hombre o una mujer de lo peor, es que TÚ siempre los buscas así, tal vez sin darte cuenta pero así es. O si no recuerda a aquella persona que te ofreció todo, que fue honesta, que te amó… pero que rechazaste porque te pareció aburrida y tú necesitabas a alguien más “interesante”.

amor

El amor y la vida son demasiado simples pero nos encanta ponerle ese toque de dificultad y complicarnos la existencia en algunas ocasiones al borde del masoquismo y en cierto modo está bien porque de eso claro que aprendemos, pero el día que estemos listos para abrirle paso a la felicidad, al equilibrio, ese día lo que debemos hacer es muy simple: querernos a nosotros mismos como el más valioso de los tesoros, respetarnos, aceptarnos tal cual somos y solo cuando eso suceda, estaremos listos para recibir a la persona correcta y dejar de pelear por migajas.

 

 Samantha Rocha

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Samantha Rocha
Nací en San Luis Potosí. Soy bastante impulsiva y apasionada en lo que hago. Tengo un amor desmedido por las películas de terror y gore. Vivo eternamente enamorada de mi carrera: Ciencias de la Comunicación.

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