Quizá el amor no sea el eje de la vida, al menos no el amor de pareja. Tal vez sí sea una de las más grandes motivaciones, el detonante de las pasiones y los deseos. Quizá debamos anteponer el amor hacia nosotros mismos, hacia nuestra familia, hacia los amigos, hacia esas personas que llegan y no se van…

   Lo cierto es que todos atravesamos, por lo menos una vez en la vida, momentos en los que el afecto que le profesamos a nuestros íntimos del sexo opuesto es el motor de nuestros días.

   Y algunas personas son de esas que encuentran al amor de su vida tantas veces como destapan un refresco, otras son de las que creen que el amor es una enfermedad contagiosa de la cual se debería huir (nunca he sabido de una persona que tenga el antídoto contra este peligroso virus); pero, finalmente, una o muchas veces, perdemos la cabeza por una persona.

   Y de pronto, como me pasó a mí, perdemos a esa persona (la verdad, casi siempre la perdemos poco a poco pero “de repente” nos damos cuenta) y, también de pronto, nos encontramos a nosotros mismos lloriqueando por las noches, extrañando un aroma, una voz, recordando un rostro, buscando una sonrisa conocida.

   En mi caso, durante dos años y medio cometí la dulce tontería de acostumbrarme, como si fuera para siempre, al cariño, apoyo, pasión y compañía de una gran persona. Días y noches juntos, noches y días pegados; nos dedicamos todo nuestro tiempo, todos nuestros esfuerzos,  toda la energía que poseíamos… Y cuando, 837 amaneceres después, todo se terminó, imaginen mi sorpresa al darme cuenta de que ya se me había olvidado cómo era yo misma.

   Sí, no se me había olvidado lo que era estar soltera, sino lo que era estar sola. Y le tenía miedo a eso y me tenía miedo a mí misma; porque hace tiempo que la línea divisoria entre su alma y la mía se había difuminado hasta ser invisible. Y cuando él se fue yo ya no sabía cuáles eran los vestigios de su presencia y cuáles eran los cachitos de mi corazón.

   Y de la noche a la mañana tuve que juntarlos todos en una bolsa e intentar pegarlos, patéticamente, con un montón de diurex. Peor aún, no me había percatado de que ése sólo era el comienzo de una gran travesía. Qué gran cambio. Haces tu vida acoplándote por completo a la esencia de otro ser y de la noche a la mañana tienes que inventarte una nueva vida, una en la que ya no haya espacio para ese ser y tu propia esencia pueda explayarse tanto como quiera, conocer sus limitaciones, sus debilidades, sus carencias y, por supuesto, sus fortalezas.

   Cierto es que “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, pero también uno no sabe lo que tiene a un lado suyo sino deja de mirar sólo hacia el frente. Yo no lo sabía.  A veces esas pérdidas que tenemos son sólo el primer paso que debemos dar para mirar dentro de nosotros, darnos tres cachetadas y empezar a cuidar más lo que tenemos, ponernos nuevas metas, apreciar lo que hay en nuestra vida y no dejar de lado las cosas y personas que son mucho más importantes y valiosas de lo que alguna vez pudimos imaginar. Y eso creo que lo acabo de aprender.

   Y cuando una persona maravillosa me preguntó “¿Cómo estás ahora, después de tantos amaneceres que ya han pasado sin él?”; yo no supe qué decir. ¿Hay una respuesta?, ¿debo contestar?, ¿por qué pregunta eso?

   Y quise contestar y quise decir “Estoy bien, ya ni me acuerdo de su nombre. ¿De quién dices que hablamos?” Pero me di cuenta de que la respuesta ya la tenía (de hecho la tuve siempre), atorada como un sentimiento, uno que no podía aterrizar en las palabras.

   Así me di cuenta de que no siempre se puede decir “estoy bien” o “ya lo superé”. A veces lo único que uno tiene para decir es algo parecido a “¿Sabes? Nunca lo voy a olvidar, no quiero hacerlo. Porque olvidarlo sería olvidar todo lo que él me enseñó, sería olvidar lo mejores años de mi corta vida y sería querer dejar de ser quien soy hoy. Porque todo lo que viví con él fueron los granitos de arena, que al cometer errores y aciertos, me convirtieron en esta persona; y estoy contenta con ella.”

   Así que, sí, estoy bien.

Imagen: http://www.fotolog.com/neoturu/

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Mariana Huerta
Soy Mariana, estudiante de la escuela y de la casa, de las amistades y del día a día, estudiante de la vida. Quizá mis cortos años; porque sí, son pocos; no me permitan decirles todo lo que he hecho pero sí todo lo que soy. Me gusta sorprenderme pero me gusta aún más sorprender. Escribir es un lujo, mi pasión, mi escape y contacto con la Mariana de adentro, con todo lo que me rodea. Un gusto estar aquí.

2 Comentarios

  1. Hermosa, tu siempre tocando mi vida de distintas formas, gracias por el don que tienes de poder plasmar en palabras lo que es una maraña en mi cabeza, eres un angel maestro del que todos los dias aprendo algo. Te adoro mariposa!!!!

    • Ay, no sabes lo que me hace sentir saber que algo de lo que escribo puede tocarte aunque sea un poquito a ti. De verdad que es totalmente inspirador y gratificante saberlo. No tienes idea de cuanto te quiero!!! <3 <3

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