Ayer, en Facebook, un amigo mío compartió un video que me llamó mucho la atención así que decidí verlo. Me quedé helada.

   Dura escasos 5 minutos con 22 segundos y cada uno de ellos me erizó la piel e hizo que un rayo me recorriera con frialdad desde la cabeza hasta los talones. Este video forma parte de la campaña publicitaria que Treatment Action Campaign realizó en honor a su 20 aniversario.

   La campaña en favor de la seguridad vial ha tenido resultados favorables, pues como el mismo video menciona, los accidentes viales por año han disminuido de 776 a 303 aunque “aún quede un largo camino por recorrer”.

   Está de sobra decir lo impresionante que es el video. Acompañado de la canción “Everybody hurts” de REM, no hay persona que no se conmueva con tan sólo verlo, ya no digamos después de reflexionarlo. Lo peor no es que mientras lo veía, no pudiera dejar de pensar en todos los seres que amo y llorar por imaginarlos en alguna situación parecida; no. Lo peor tampoco es darse cuenta de que a miles de personas eso ya les pasó y su vida jamás volvió a ser la misma, si es que sobrevivieron. Lo peor no es pensar que si este video es duro, la realidad no tiene límites para presentar su crueldad.

   Quizá, lo peor sea el saber que siempre estamos expuestos; que sin importar cuanto nos cuidemos, hay cosas que evaden nuestro control y un día podemos ser las víctimas de lo que escapa de nuestras manos.

   Y lo más triste, lo que más me preocupa y me aterroriza es que no todos se han dado cuenta. Volteo a mi alrededor y me pregunto si las personas que pasan, ríen y platican ya vieron esto. Me comen las ansías por saber si ya tomaron conciencia, si se cuidan y son precavidos. Intento no imaginar que cualquier día, cualquier persona puede cometer un error y arrepentirse el resto de sus días; o puede estar simplemente en el lugar y momento equivocado, sincronizándose con aquella persona que fallará y dañará a más de una persona.

   Tal vez sea eso, el arrepentimiento. La expresión en las caras de todas las personas que aparecen en esta grabación es única e inolvidable. Las miradas lloran dolor, los párpados gritan tristeza y pena. Las gargantas no pueden contener la desesperación, el miedo, el “hubiera”. Primero la felicidad, tranquilidad, diversión. De un segundo a otro las tomas coloridas y alegres desaparecen para darle lugar a lo sombrío, a la rapidez del desastre, la espontaneidad de la muerte.

   Porque finalmente, las tragedias son inesperadas. Si las cosas no cambiaran de un segundo a otro y repentinamente no lo pudiéramos perder todo, quizá nunca podríamos entender la fragilidad de la vida y, por lo tanto, su valor. Probablemente, el sentido de nuestros caminos y la dirección de los mismos esté determinada por qué tanto nos queremos nosotros mismos y qué tan capaces somos de querer a los demás.

   Hace falta más conciencia porque accidentes y tristezas ya sobran en este mundo. Hace falta más aprecio y cariño porque la indiferencia ya esparció entre nosotros. Hace falta más calidez en nuestras vidas porque, finalmente, las tragedias son inesperadas.

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Mariana Huerta
Soy Mariana, estudiante de la escuela y de la casa, de las amistades y del día a día, estudiante de la vida. Quizá mis cortos años; porque sí, son pocos; no me permitan decirles todo lo que he hecho pero sí todo lo que soy. Me gusta sorprenderme pero me gusta aún más sorprender. Escribir es un lujo, mi pasión, mi escape y contacto con la Mariana de adentro, con todo lo que me rodea. Un gusto estar aquí.

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