Un pequeño relato que escribí hace mucho tiempo, no había querido compartirlo con nadie porque nos narra una historia sobre una amistad, lo que la mayoría de veces sucede, algo que las películas y los libros nunca nos cuentan porque no tiene un final feliz, acepto comentarios y espero que les guste.

Recuerdo cuando eramos jóvenes, unos niños, prometimos que siempre íbamos a estar juntos, nunca nos íbamos a alejar a pesar de la distancia o los acontecimientos, en ese tiempo creía que así iba a ser. Imaginamos nuestro futuro y los dos estábamos en el.

El tiempo paso, pero no nos dimos cuenta que encontramos el amor, cada quien escogió su camino y eran distintos, por cuestiones de la vida y el azar, no nos cruzábamos en el.

En año nuevo intente llamarte pero ese ya no era tu numero, nos perdimos la pista. Nos cruzamos en la calle y pasamos de largo, los mejores amigos ahora eran casi desconocidos. Yo tenia mi vida, tu tenias la tuya claramente y era mejor así. 

Un día escarbando en cosas viejas y olvidadas como lo era nuestra amistad encontré una caja, cientos de fotos de tu cara y la mía, con ellas vinieron los recuerdos junto con un tornado de emociones, una lagrima corrió por mi mejilla, decidí dejarlo y seguir con mi vida.

Recuerdo perfectamente esa tarde de octubre, claro que sí, era una bella tarde de otoño, el teléfono sonó, era tu madre diciendo que tu ya no estabas.

Y esta, fue la pequeña pero verdadera historia de nuestra amistad. 

65 Comentarios

  1. Hací pasa x ejemplo yo tenia una amiga duramos poco pero me encariñe de ella y no sirvió de nada pz de repente se enojo con migo me dejo de hablar sabia que yo sufría pero no le importaba yo me autoleciono pero ella me ayudaba con mis vicios y digo vicios x k también tomo y fumo pero se alejo de mi le e pedido perdón pero no me contesta y cuando la veo no la puedo habrazar cm antes y muxas mas cosas que me pasaron x esa amistad 😟😞bueno esa es mi historia

  2. es hermosa y a pesar que tiene un final triste vale la
    un amigo cuando se va de esta vida pasa a estar en nosotros para 100pre
    no importa donde este cuando son amigos estaran siempre en nuestro corazon y recuerdo mientras vivamos

  3. esta historias me recordó a una parecida mía esta muy linda no hace recordar cosas muy lindas de las amigas y las distancias la que tenga una mejor amiga que la cuide asta que este vieja y la ame y no la deje ir yo ya pase que deje ir a una amiga y me arrepentí mucho hací que el que tenga una bff(mejor amiga =) que la cuide y la ayude en los problemas espero que todas me escuchen y lo hagas si tienen una amiga que no se dan mucho habla con ella y hací es mejor tendrás mas amigas gracias el meto mas lindo que halla visto….

  4. ..Yo jamas eh tenido una/un amig@ asi … tengo amigas pero no como yo me las imaginaba son amigas que solo paseas con ellas te hablan sobre ellas y ya …yo tengo la fuerza de guardarme todo mi dolor porque jamas eh tenido una amiga…

  5. Del Libro Consecuencias de la tumba
    Urruchua Pantaleoni
    Nací en Pérez Millán, Argentina, en 1950 en el seno de una familia muy pobre y desestabilizada. Mi padre resero, llevaba vacas de un lado a otro, Me veía de vez en cuando, mi madre con un pastel mental que no se aclaraba. Un día decide separarse. Mi madre le otorga mi custodia a mi padre, yo apenas tenía cuatro meses.
    Así comenzó mi historia,
    Vivíamos en una casa muy precaria, cuando llovía los tarros que teníamos eran pocos para poner en las goteras del techo, hasta las ollas cumplían su función. Pero era muy feliz, sentía el amparo de mi padre. Después de un tiempo mi padre ya no estaba en casa, venia cada tanto a verme, por suerte tenía un amigo que éramos inseparables, yo me refugiaba mucho en él. Un día estábamos jugando en un campo de trigo donde un avión estaba fumigando, nos hacía gracia escondernos y que el avión pasase por encima nuestro, sin saber el peligro que eso tenía. Él tuvo la mala suerte de envenenarse y en muy poco tiempo falleció, ese fue el primer golpe de mi vida. Nadie se enteró del porqué de mi tristeza. Recuerdo que tenía el deseo de decirle a alguien algo que tenía muy dentro de mí, pero no pude hacerlo, no tenía a nadie. Ya tenía siete años cuando un día me encuentro con una tía y su hija de mi misma edad, yo no sabía que existían, me vio un poco flaco, abandonado y sucio y decidió llevarme con ella. Vivía en un pueblito muy pequeño llamado Castro. Su marido Mansilla, policía que se desentendía de mí, Mi tía me enseño a llamarle mamá, cosa que yo nunca había pronunciado. De un abandono total a una casa dónde no llovía, comida todos los días, dormir con sábanas, que yo no las conocía, una hermana y una madre,… Para mí era demasiado. Tantas cosas en tan poco tiempo, no podía entender por qué me habían pasado tantas cosas feas estando tan cerca de todo esto tan lindo. Tarde unos días en asimilarlo, ya por las noches no me sonaban las tripas de hambre. Ahí me di cuenta lo mal que vivía. Mi tía me dijo que existía un dios que nos cuida, me aferre a él con mis oraciones para que nunca me falte un amparo y alguien que me quiera y no pasar más hambre. Recuerdo que cuando me sobraba mi pan en las comida disimuladamente me lo ponía en el bolsillo y después lo escondía en algún lugar de la casa, para comerlo más tarde.,… Pero esta felicidad me duro pocos meses, Una noche noto un ambiente no muy agradable en la cena, no se cruzaban palabras en el matrimonio pero la vista estaba más clavada en mí. __-He hecho algo mal hoy?- Pregunté __ -No Juancito, no has hecho nada mal, respondió mi tía madre, Me tranquilizo un poco pero yo sabía que algo pasaba, ya había vivido situaciones similares en el matrimonio de mi padre. Esa noche recé mucho pidiendo lo de siempre, una familia y que me quieran mucho.
    A las cinco de la mañana se enciende la luz de mi habitación y mi tía nos ordena a mi hermana y a mí a levantarnos que teníamos que viajar. Yo no entendía nada. Viajamos cerca de 2 horas y llegamos a la ciudad de San Nicolás. Fuimos a una casa muy grande. Cuando entramos veo a un señor escribiendo a máquina. Mi tía se acerca al señor y hablan en voz baja mirándome a mí. Se cruzaban mil cosas por mi cabeza: ¿Estaré enfermo y no me lo quieren decir? Ya no sabía que pensar. Estaba cabalgando entre lo bueno y lo malo. Terminan de hablar, mi tía firma unos papeles y se dirige hacia nosotros, nos levantamos con mi hermana ya para irnos, cuando mi tía, mi querida madre, me dice -Vos, Juancito te quedas, después te pasaré a buscar-. Me hice el fuerte pero en ese momento no aguantaba esa soledad, y lloraba en silencio. Después de unos minutos de una tremenda soledad el señor se levanta y me dice: __-Ven, te mostraré algo- Abre una puerta y veo en un patio muy grande muchos niños. Cuando vi eso me derrumbé, me puse a llorar desconsoladamente. Pensaba que era un error, y ahí me di cuenta que lo que avía hecho mi tía era abandonarme donde están todos los niños sin padres. Sentía tanta impotencia, mi ropa, mis cosas, mi hermana, mi madre, ¿cómo podía conseguir nuevamente todo eso? Era imposible para mí… Había perdido todo… ya no quería vivir.
    Mi apellido ya no era el mismo. Cuando era feliz estando en la miseria, era Urruchua y después fui Mansilla Pantaleoni, Mansilla por el marido de mi tía que no tenía nada que ver conmigo. Lo único que habían logrado con esto es arruinarle toda la niñez a una criatura, dándole todo un mundo de fantasía y mentiras, que pensándolo bien no tendría que haber nacido. Éramos noventa niños con una soledad compartida. Después de convivir algunos meses con niños con mi mismo problema, Pensé que la vida era esa, hoy estas bien mañana estas mal pasado puedes estar peor, pero la cuestión es sobrevivir. Pensaba que el equivocado era yo, y que sufría porque era muy débil, pero mi debilidad me vencía. Todavía las echaba mucho de menos a mi madre adoptiva y a mi hermana, estaba dispuesto a dar parte de mi vida por estar con ellas. No me podía adaptar a esa vida. Los maestros no parecían maestros sino guardias de una cárcel. Eran duros y fríos. Juancito ya no existía, me llamaban Mansilla. Tuve varios cambios de reformatorio, así le llamaban: reformatorio, A los 9 años de edad, termine en el instituto Unzué. Para ese tiempo ya no sabía ni quién era, no me importaba nada ni nadie ya mi vida era otra, avía perdido todo el cariño. Se había borrado de mi mente todo, ya no quería a nadie. Ni había nadie a quien querer, ni creía en nadie. Tenía una amiga, entre comillas, que se encargaba de la cocina, se llamaba Angelita. Un día dejo de venir, pregunté que le avía pasado y me dieron la amarga noticia que se había arrojado debajo de un tren por problemas amorosos. La quería pero pensé que era parte de la vida. Ya no sufría, no era más ese niño frágil y llorón. Dentro de mi frialdad empezaba a ser feliz con el frio y cruel sistema de los reformatorios. Jugábamos a la pelota y en ocasiones nos caíamos y nos pelábamos las rodillas, ocultábamos el dolor y la herida para evitar el castigo. El castigo era, con un cepillo y jabón nos fregaban la herida hasta sangrar. Yo pensaba que esa gente que nos cuidaba odiaba a los niños y que ellos no tenían hijos.. Teníamos penitencia de rodillas toda una tarde y castigo con toallas mojadas. Terminábamos adaptándonos a ello. Vivía sin recuerdos ni ilusiones, antes de las torturas tenia momentos felices, pero eran momentos muy cortos. Una tarde cuando ya tenía once años estábamos jugando a la pelota, yo jugaba de portero y me tiran un pelotazo muy fuerte casi imposible de parar, me tiro y milagrosamente lo paré. Todo mi equipo me abrazaba, cuando veo que la directora viene en mi dirección. Yo pensé que me iba a castigar por tirarme así, se me acerca y me pregunta: Mancilla, __ ¿vos no Tenés familia?-__ No – Le respondí. __ ¿Cómo te llamaban en tu casa? ¿Te llamaba __Juancito? __ En ese momento me quede paralizado, no sabía que decir, me vinieron todos los recuerdos y llorando le respondi: __ Sí- __ Ven, que hay una persona que quiere verte-. ..Yo era el único niño que nunca nadie había ido a ver. No sabía qué hacer ni quién podía ser. Llegamos a su despacho, abre la puerta y veo a mi padre. Nos abrasamos y echamos a llorar los dos. Me contaba cosas que yo ya no entendía, yo no tenía que contarle, no podía hablar pero fue el momento más feliz de mi vida. Mi padre era un hombre muy bueno, callado, con muy buen carácter, yo lo tenía como el más fuerte. Al verlo llorar me sentí culpable y le decía que no pasaba nada, que no llore más. A pesar de estar tan decepcionado de la palabra de la gente creí en mi padre cuando me dijo: -No te preocupes Juancito, después te vendré a buscar-. Creí ciegamente que mi padre vendría por mí, no hizo falta ni despedirnos. Espere que él se marcharse, lo vi cómo se alejaba con los hombros caído, como cansado, él ya era mayor. Después me conto que me estuvo buscando por todos los reformatorios, la policía, le decía que yo no existía, después de varios meses de búsqueda llega al reformatorio Unzué, pregunta por Juan Urruchua y le dicen que no hay ningún niño con ese nombre, -lo que tenemos es, a un niño que nunca nadie ha venido a ver y su apellido es Mansilla- DIOS nuevamente se había acordado de mí. No sabía cuándo mi padre me vendría a buscar, pero yo sabía que de un momento a otro vendría. Éramos muchos niños, según nos informaban. Mi espera estaba llena de felicidad, no me importaba el tiempo que mi padre podría tardar. Mi padre ya me había hecho uno de los regalos más importantes de mi vida, me hizo recobrar todo lo feliz que había sido, y con eso no me importaba esperar. Además yo sabía que él no tenía dinero, porque siempre le costaba conseguirlo. Tardó cuatro meses en regresar por mí, pero yo lo estaba esperando sin sufrimiento. Le habían dicho que me traiga ropa y así lo hizo, pero el pantalón, la camisa y las zapatillas eran demasiado grandes. Igual me lo puse, salimos agarrados de la mano. Todavía hoy siento la sensación que sentí en ese momento. No quería mirar hacia atrás por si se habían equivocado en algo y me llamaban nuevamente. Cuando subimos al colectivo empecé a respirar tranquilo. Con mi padre aprendí a sobrevivir con menos que poco.

  6. Me pareció tu historia algo común pero llena de emoción cuando la leí me vi reflejada, tu final es distinto al mio pero es parecido aun que la muerte en mi caso es simbólica, te das cuenta que las etapas cambian y las personas en la vida igual ahora reflexiono por medio de tu cuento y me di cuenta que nuestros amigos nos marcan la vida dejan sus huellas y son prácticamente imborrables también me hizo meditar ¿existe la amistad eterna? con el tiempo sabre la respuesta. Respecto a tu historia aunque es corta, es concisa y directa te deja pensando y llega al corazón, simple y sencilla la considero y la describo. Gracias

  7. wooh k linda y triste historia pero los recuerdos k kendan es lo mas valioso k tubo esa amistad y cada vez k ese niño recuerde los momentos felices k compartio con su amigo sabra k si el nunca lo olvida esa amistad seguira en su corazon

  8. es lo mas hermoso de mi vida la comprendi muy die pero asi son las cosas a mi tam dien mepaso yo jure con ella que no los ivamos asepara pero quer cimos y nos separamos de pronto un di en las noticias era ella muerta

  9. wao eso es lo q pasa cuando no tienes valor ni importancia a tus amigos esta hermosa la historia y esto nos ayuda a reflexionar y no olvidar nunk a tu amigos q son casi como tus hermanos valora la amistad

Comenta en el recuadro