Tan comentado el bullying en los últimos meses debido a los casos que han salido a la luz, ya sea por el nivel de violencia que se ejerce o por las consecuencias que han traído para quienes lo padecen. Comentando con alguien muy cercano esta situación, empezamos a rememorar algunas historias de lo que sucedía en la escuela cuando nosotros la cursamos, particularmente en la secundaria, que es cuando más se presentaban estos casos de acoso, de molestia, de burlas o  como le quieran llamar, el bullying no existía como tal.

Identificamos que el perfil de los jóvenes que sufría de bullying era muy similar, jóvenes muy serios, aislados, con características físicas muy particulares, que muchas veces pasaban desapercibidos por maestros y por los propios compañeros, eran la presa ideal para aquellos que se caracterizaban por molestar a sus compañeros.

Recordamos algunas historias de lo que algunos de estos jóvenes tuvieron que padecer:

-En una de ellas a alguien se le ocurrió que sería genial orinar en el banco en que se sentaba ese alumno, todo sucedió mientras se hacía una práctica en el taller, al regresar la sorpresa fue grande para todos, por el olor y para mucho por la repugnancia de saber que era orina, nunca por el acto en sí mismo. El maestro simplemente mandó a llamar a alguien para que limpiara, no pasó nada, no hubo consecuencias.

-Una práctica muy frecuente era la de esconderle la mochila, algunas no eran nada graves, sólo la ponían en el lugar de otro compañero, debajo de su banco o en el escritorio de maestro, otras más severas como ponerla en otro salón, arrojarla fuera de la escuela o ponerla arriba del techo del salón, obviamente se necesitaba una escalera para subir por ella. Nadie hizo nada.

-Pero no sólo quedaba en eso, también se presentaban agresiones físicas, como aquella en el que entre 4 o más tomaban de pies y manos al compañero y con piernas abiertas estrellaban sus testículos contra un árbol o un poste. Aquel que padecía esto siempre quedaba tendido en el suelo lamentando su dolor.

-Entre las agresiones físicas la más común era el conocido como  “baño” o “bañito”, también como “pamba” en la que se paraban alrededor de alguien y sin más le daban manotazos, principalmente en la cabeza, algunas veces había patadas y golpes con puño cerrado.

Antes no teníamos la posibilidad de grabar o tomar fotos de nada de esto que sucedía, una desventaja a la hora de mostrar evidencias, pero tampoco se tenía la posibilidad de cometer agresiones cibernéticas, ahora tan de moda, un vídeo, una foto alguna nota de voz puede tan dañina como los golpes.

¿Qué tenemos en común en cada uno de los casos de acoso o de bullying que se vivían antes y de hoy?

Alumnos que aparecen indefensos, por ellos mismo y por parte de los maestros, padres y madres que aunque las cosas suceden frente a ellos, el alumno no siente protección por parte de ninguno de ellos, los tiene distantes aun cuando tienen la cercanía y la autoridad para prevenir o cortar estas agresiones.

 Aunque hay que aclarar que los maestros han perdido esa autoridad docente que tenían en antaño, el alumno puede amenazar con llamar a las autoridades de algún acoso o abuso del maestro y los mismo padres se muestran renuentes y escandalizados por el hecho de que su hijo reciba límites o alguna consecuencia de su conducta violenta con lo que hay un empoderamiento del alumno, que no conoce la autoridad.

Las bromas, los chistes y el juego del chico malo que molesta a los compañeros siempre han existido pero cuando estos se tornan violentos y dañinos para uno de los involucrados hay que poner atención especial y es innegable que hace falta una metodología para atacar este concepto, relativamente de bullying, en la que realmente no se tiene un forma real de prevención de estos ataques, en la que a mi parecer se queda corto con la campañas que hay actualmente y más todavía en el cuidado que se da a quien ya padeció una situación de este estilo, así como al agresor.

Por: Josué González

Twitter: @joss_gonzalez

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