Para hablar de The Lighthouse primero debemos hablar un poco de Robert Eggers, un director que muchos tenemos en la mira desde su magnífica ópera prima, The Witch (2014), una obra de horror como no habíamos visto en mucho tiempo, que balancea perfectamente el tratamiento de la trama con la ambientación. Dicho esto, el anuncio de una segunda película en el género, dirigida por Eggers y nuevamente con el mismo estudio A24, nos deja con una de las propuestas más esperadas de 2019 que, definitivamente, no decepcionó.

The Lighthouse presenta una historia con muchos recursos semióticos, tal y como lo hace The Witch, pero con una trama un tanto menos definitiva que su predecesora. La historia da inicio con dos hombres dejando un islote, mientras Thomas Wake (Willem Dafoe) y Ephraim Winslow (Robert Pattinson) desembarcan en el desolado lugar para encargarse del faro y demás labores durante cuatro semanas, hasta que un nuevo reemplazo llegue en su lugar.

Ambos brindan interpretaciones más que sobresalientes. Willem Dafoe ofrece una de los mejores trabajos del año, al igual que Pattinson, quien entrega su mejor actuación hasta la fecha. Dos personajes que luchan contra la demencia, muestran ambición, desconcierto, camaradería, humillación y lo más visceral del ser humano. Un trabajo actoral magistral.

Por otra parte, Eggers vuelve a dejar el listón muy en alto con el resultado final de The Lighthouse. La dirección es tan meticulosa como la previa investigación para el guion. La ambientación está perfectamente lograda con el gran trabajo de dirección de arte, diseño de producción y decoración de sets. En conjunto con la fotografía de Jarin Blaschke, que no deja un solo plano sin una composición espectacularmente equilibrada (recuerda a Sven Nykvist y algunas colaboraciones con Ingmar Bergman), más la tensa música original de Mark Corven (ambos trabajaron en The Witch) que evoca constantemente el sonido grave y penetrante de las bocinas navales.

La sumatoria de estos aspectos tan cuidados con el uso del blanco y negro, el aspect ratio casi cuadrado, el “dialecto naval” inspirado en diarios de guardafaros reales e historias de Sarah Orne Jewett y Herman Melville (Moby Dick), dan en el blanco con una ambientación totalmente afinada con la época. Por otro lado, el guion también evidencia la investigación de los hermanos Eggers con la colación de términos del folklore marítimo del siglo XIX como el cielo de Fiddler’s Green, mientras se dan el lujo de romper la seriedad y dejarnos momentos incómodamente graciosos y escenas como la de “you smell like shit”.

Análisis de The Lighthouse (2019)

Desde el inicio nos hacen ver que la isla tiene mucho más poder que ellos. En ocasiones evoca un infierno o un purgatorio desértico, rodeados por las violentas olas que se estrellan contra las rocas, el azote del viento y las almas inquietas de los marineros muertos. Así empieza el misterio y la tentación de lo prohibido, la luz del faro que tanto ansía ver Winslow, mientras es azorado por la constante humillación de Wake, el demandante trabajo de la isla, las abruptas condiciones y los deseos carnales que trasfiere de la imagen de una sirena de marfil al lujurioso pensamiento de la criatura real.

The Lighthouse (2019)

La negación al faro se vuelve una obsesión, ¿por qué Wake no le permite gozar de la luz? La frustración y la culpa por su compañero tripulante lo atormentan hasta en sus pensamientos más libidinosos luego de hacer específicamente lo que el viejo supersticioso le advirtió que no hiciera: matar a una gaviota. La misma ave tuerta (como el antiguo asistente muerto de Wake) parece tratar de llamar la atención de Winslow hasta el momento en el que muere violentamente en sus manos.

Desde este momento empieza a aproximarse la tormenta en el sentido literal y figurado. Se intensifica el aspecto sobrenatural y Winslow está perdiendo cada vez más la cabeza. Wake afirma que ya ni siquiera sabe distinguir qué es arriba y abajo. Como espectadores, empezamos a dudar todavía más de la cordura de Winslow en el momento en el que, embriagado, confiesa su verdadero nombre, Thomas Howard. Durante estas escenas en la cabaña mientras pasa la tormenta, después de semanas totalmente aislados, es remarcable la necesidad de calor humano, de algarabía e incluso de intimidad.

the lighthouse 2019
Robert Pattinson y Willem Dafoe. The Lighthouse (2019)

Dudosos de la cordura de ambos, en este punto empezamos a tener la sensación de que quizás los dos, de nombre Thomas, sean posiblemente la misma persona. Wake por instantes se asemeja a la consciencia con la que lucha Howard hasta el momento que lo controla, se deshace de él y finalmente sube hasta el faro. Sin embargo, no hay que olvidar lo que ocurre antes del acto final, Howard lucha contra la locura, en una disputa de poder se juegan la hombría y la autoridad, pero la visión de Howard parece distorsionada de la realidad, al punto de ver a Wake transformado en una especie de criatura marina.

La visión de Thomas Wake como una especie de rey o criatura marina

Proteo y Prometeo

La figura de Wake posiblemente represente a un Dios de la mitología griega llamado Proteus (Proteo), esta es una connotación que no es fácil de captar a la primera, mucho menos si no se está familiarizado con la mitología, sin embargo, Eggers nos deja la pista para conectar todos los puntos casi al final. Con unas de las últimas líneas del viejo.

Para entender un poco más la relación Proteus-Wake en The Lighthouse, debemos conocer ciertas generalidades sobre esta deidad. Proteus es un Dios del mar también conocido como “El Viejo del Mar”,  que según La Odisea de Homero, tiene la capacidad de cambiar de forma física y de predecir el futuro, pero únicamente lo hace bajo obligación de quienes lo logran capturar.

Trasladando la descripción de Proteus a The Lighthouse, en el momento en el que Howard captura al viejo y finalmente gana la batalla de autoridad  (incluso con una cuerda en el cuello), Wake básicamente nos deja con la predicción de lo que sucederá cuando Howard suba al faro: Serás castigado. Proteus apresado, nos ofrece el futuro.

Por el lado de Prometheus (Prometeo), que sería Howard, lo podemos deducir con el mismo diálogo donde se menciona a Proteus y concatenar las piezas con las escenas finales. Según la historia de Prometheus, este robó fuego de los dioses para dárselo a los hombres, y como consecuencia, fue condenado para la eternidad mientras un águila se comía su hígado cada día, cada vez que volvía a crecer. Un tanto familiar a la escena final donde, aún vivo, a Howard le devoran las entrañas las gaviotas en un perpetuo castigo.

Con respecto al faro, ligado a la percepción prometeica, este sería el fuego de los dioses, esa la luz que Howard tanto ansía y al final lo conduce al tormento. Al igual que una posible alusión luciferina que entre la lujuria connotada con la sirena, la culpa por dejar morir al verdadero Ephraim Winslow, la exacerbada ambición de subir al faro, y desobedecer al viejo para mirar la luz, termina en agonía eterna carcomido por las almas inquietas y en la misma isla desértica que nos sugiere un infierno.

En conclusión, dentro de la ambigüedad de la trama caben diferentes percepciones, no obstante, en diversas entrevistas Eggers ha conversado acerca de la inspiración en estos dos dioses de la mitología griega que él y su hermano se atreven a enlazar en una propuesta combinada con surrealismo, folklore marítimo y horror psicológico. Sin duda una de las películas más interesantes del año, que nos deja esperando la siguiente jugada de Eggers.

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