Hace tres años, al momento de su estreno, Stranger Things era un fenómeno cultural. Hace dos años, Stranger Things 2 se estrenó y se desvaneció rápidamente. Esa segunda temporada, agradable, entretenida pero en gran parte olvidable, sugirió que los hermanos Duffer necesitaban nuevas ideas más allá de multiplicar al demogorgon, hacer sufrir a Will y homenajear la década de los 80. Pues bien, la serie original de Netflix regresó este mes recargada.

El hiato extendido sirvió bien a la serie; aunque la temporada 3 comienza lentamente, se acelera de manera emocionante, brindando el tipo de apuestas y sorpresas que el programa no ha tenido desde que se estrenó. Y rápidamente se convierte en el mejor blockbuster que veremos este año. Stranger Things 3 está aquí para cumplir con las promesas no alcanzadas la temporada pasada. Hay más monstruos, nuevos villanos; y lo mejor: a medida que la serie se torna más oscura, los interminables homenajes a los ochenta también se vuelven más sanguinarios cambiando Ghostbusters por The Day of the Dead.

Stranger Things 3: Sinopsis

La nueva temporada nos encuentra de nuevo en la ciudad de Hawkins, Indiana; esta vez en el verano de 1985. Las hormonas están agitadas a través de los cuerpos de la mayoría de los protagonistas de la serie, ahora adolescentes. Eleven (Millie Bobby Brown), o «El» como le llaman, está haciendo todo lo posible para vivir la vida de una adolescente normal, lo que significa estar constantemente besándose con su nuevo novio, Mike (Finn Wolfhard). Dustin (Gaten Matarazzo) ha regresado de un mes en el campamento de ciencias con una novia de larga distancia, Suzie; y la relación de Jonathan y Nancy se ha fortalecido. Mientras que el amor ronda a Joyce Byers (Winona Ryder) y el jefe de la policía Hopper (David Harbour); la tensión sexual se cuece a fuego lento en la piscina comunitaria, donde las aburridas amas de casa, incluyendo a la Señora Wheeler (Cara Buono), ponen atención en Billy Hargrove (Dacre Montgomery) y su traje de salvavidas.

Todo va bien ¿no? Aparentemente. Pero en realidad, el nuevo centro comercial Starcourt que ha abierto sus puertas en la aburrida Hawkins es más que el nuevo lugar de trabajo de Steve (Joe Keery) y su compañera Robin (Maya Hawke) o el lugar que frecuenta Will (Noah Schnapp), Max (Sadie Sink), Lucas (Caleb McLaughin) y su hermana Erica (Priah Ferguson) o el resto de la pandilla. Es la tapadera de un secreto vinculado a la Unión Soviética (los soviéticos siempre complicando todo), el portal al Upside Down y por supuesto el detonante todos los problemas que se avecinan.

Los niños han crecido y la serie también

Eleven, Mike y compañía ya no son niños, son adolescentes y la serie sabe aprovechar esa transformación para plasmar los conflictos terrenales.

Mike y Lucas están aprendiendo el uno del otro como tratar a las chicas; mientras que Max aconseja a Eleven de tomar las riendas de su vida y no dejarse absorber por su novio. Vemos una especie de empoderamiento por parte de ellas que se agradece, ya que El comienza a establecer sus propias reglas mientras Mike empieza a madurar. El crecimiento de la pareja es uno de los pilares de esta temporada y un elemento que se introduce ya que ninguno había tenido que lidiar con “problemas de novios” en el pasado.

Lo que si es recurrente en la serie, desde su primera entrega, es el tema de la amistad. En esta temporada vemos como se tambalea el vínculo de Will y Mike, precisamente por la llegada de la adolescencia. Se agradece ver este tipo de conflictos muy común entre los jóvenes: cuando llega esa transición de niño a adolescentes para algunos es más rápida, como es el caso de Mike, otros se sienten un eslabón más bajo como Will, siendo este su conflicto en esta temporada. Paralelamente, Steve “The Hair” Harrington está siendo víctima de otra transición: de la adolescencia a la adultez, ahora que ha culminado la secundaria se siente como pez fuera del agua y su vínculo más fuerte es nuevamente Dustin quien sorprendentemente se ha vuelto mucho más sabio y maduro que otros en la pandilla. Otra voltereta importante que ha dado la serie es la del personaje de Jim; reflejando sus conflictos que empiezan con su propia presunción de no saber cómo ejercer su papel de padre y termina con sus sentimientos -aparentemente no correspondidos- hacia Joyce.

Lo que también ha evolucionado es la magnitud de los problemas que acechan a los personajes de la serie. Si en las primeras temporadas los malos eran un demogorgon y un grupo de científicos malos; en esta ocasión hay un grupo militar soviéticos y una especie de Mind Flayer que se vuelve más y más poderoso cada día.

Stranger Things se vuelve más violenta, más oscura, más sanguinaria

En vista de que los protagonistas han dejado de ser niños supongo que la serie se ha encontrado en libertad de abrazar un tono más oscuro y violento. El hecho de que los villanos (humanos y monstruos) sean más grandes y terroríficos permite que la serie se traslade a terrenos inexplorados pero que se encargan de reinventar, refrescar y reforzar la fórmula.

Esta temporada posee mucha violencia dotada por peleas cuerpo a cuerpo, combates con armas; por consiguiente hay más heridas y sobre todo hay mucha más sangre; y hay más elementos clásicos del cine de terror de los 80 como zombies, monstruos que se alimentan de la carne y los huesos de sus huéspedes o animales infectados que literalmente explotan. Además, los hermanos Duffer permiten que la serie sondee nuevos subgéneros como el thriller de espías y el thriller de acción.

Pandillas iconicas

Si bien los golpes, las malas palabras y la sangre se vuelven recurrentes en estos ocho episodios, el humor sigue siendo un factor importante. El secreto está en la química que ofrecen los actores y en lo bien que han sabido fusionar las pandillas. Por una parte es maravilloso ver el dúo de Max y Eleven siendo simplemente dos adolescentes; por otro lado está ese cuarteto improbable entre Steve, Dustin, Robin y Erica que tienen los momentos más graciosos de esta temporada. Mención especial para las actrices que interpretan a estas dos últimas, Maya Hawke y Priah Ferguson que son dos adiciones importantes.

Quien no tuvo mucho material de lucimiento es Will quien esta temporada va un poco a la deriva pero suponemos que los Duffer quisieron dejarlo descansar, el problema es que el talento de Noah Schnapp se desperdicia con solo una escena memorable y aun así es una de las mejores de la temporada. Por último necesito destacar el trabajo de Dacre Montgomery, probablemente su personaje, Billy, es quien tiene el tratamiento más complejo (emocional y físico) en esta ocasión y el actor lo lleva a cabo de una manera excelente permitiendo que el espectador -al menos en mi casa- sienta repulsión, odio y empatía hacia el personaje.

Tres películas de Marvel, dos live action de Disney y las películas que faltan por estrenar pero el mejor blockbuster del año no es una película y no lo vas a conseguir en una sala de cine; es una temporada de ocho horas que puedes ver en Netflix. Entretenimiento en estado de gracia.

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