Existe la sensación de que, aparte del atractivo obvio de contar con estrellas galardonadas de cine que encabezan su impresionante reparto, Fosse/Verdon representa el futuro de las producciones originales para la televisión, en este caso específicamente de la FX. La miniserie no sólo atrae talento como Sam Rockwell y Michelle Williams en frente de la cámara, sino también un equipo impresionante detrás, que incluye a Lin-Manuel Miranda y Thomas Kail de Hamilton, así como Joel Fields de The Americans y Steven Levenson creador de Dear Evan Hanson.

Dejando de lado la experiencia de Fields en la ficción de espionaje, ese conjunto creativo es indicativo del tipo de miniserie que Fosse/Verdon pretende ser, ya que se adentra en el mundo de los musicales de Broadway a través del trabajo de Bob Fosse (Rockwell) y Gwen Verdon (Williams) pero ¿consigue su propósito?

Fosse/Verdon: Sinopsis

La nueva serie limitada de ocho partes de FX ofrece brillo y glamour. Es el mundo del espectáculo, después de todo. Sam Rockwell y Michelle Williams interpretan a Bob Fosse y Gwen Verdon, una de las parejas creativas (y románticas) más exitosas de Hollywood y Broadway (responsables de trabajos como Cabaret, Chicago, Pippin). Él es director y coreógrafo. Ella es bailarina y actriz. Trabajan juntos con una simbiosis perfecta. Pero Fosse tiene sus vicios del tipo habitual: drogas, alcohol, mujeres. Y ella, bueno, es mujer y en mundo dominado por hombres blancos ese es su principal obstáculo para alcanzar (y mantenerse en) la cima del éxito.

El seriado trata de abarcar a lo largo de su metraje el típico viaje en ascenso-caída-ascenso tanto de Fosse como de Verdon, juntos y separados; pero también juega a ser una radiografía de la turbulenta relación que mantuvieron. Como pareja tuvieron más bajos que altos pero como socios cambiaron la historia del musical para siempre.

Teatro musical como herramienta narrativa

Fosse/Verdon no es una biopic de manual. La serie en primer lugar cuenta con diversas líneas narrativas medidas de forma regresiva desde un punto en específico hasta un suceso que marcará la dirección de cada episodio. Además cuenta con otros elementos como la fantasía y la puesta en escena como herramientas narrativas.

Cuando la serie indaga en la mente de los personajes, sobre todo en la de Fosse, hay secuencias (y hasta números completos) musicales; así mismo, muchos de los flashbacks son representados dentro de la misma escena en el presente, un recurso utilizado en películas como Chicago pero para quienes conocen algo del teatro musical, saben que este es el tipo de recurso que se utiliza para plasmar un recuerdo sobre el escenario.

Esta estructura narrativa evita que la historia se vuelva demasiado sumida en el terreno pantanoso de lo trillado que no aporta nada más allá de las vivencias del protagonista. En cambio, moviéndose hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, cambiando su enfoque a diferentes momentos de sus carreras y vidas personales, con y sin él, la serie logra comprimir décadas de sangre, sudor y lágrimas en un paquete integral de narraciones que saca el truco ingenioso de hacer que se sienta como si el espectador estuviera entendiendo toda la historia a la vez. Este enfoque no lineal le da a la serie la oportunidad de tomar algunas licencias creativas, ofrecer un toque de destello necesario y esperado a la producción, y permitir que Rockwell y Williams muestren su propia habilidad cuando literalmente llega el momento de bailar.

Las mujeres en (y contra) Hollywood, una historia atemporal

Es un momento extraño hacer un programa de televisión sobre un hombre como Fosse, un mujeriego, adicto al trabajo y compulsivo, un hombre tempestuoso y lleno de vicios. Por momentos, la serie gira alrededor del director de Cabaret; son sus demonios los que deben ser vencidos. Es su genio creativo el que necesita ser alimentado. Y es su ascenso y caída que sirven como verdadero arco del espectáculo. Y es que la intención por un momento fue hacer una historia solo sobre él. Pero mientras Miranda y compañía investigaban más y más sobre Fosse se dieron cuenta que esa expresión de “detrás de cada gran hombre hay una gran mujer” jamás fue más acertada. Y allí es cuando entra Gwen y la influencia que tuvo en Bob.

Gwen Verdon fue la musa, la socia y salvadora de Fosse en más de una ocasión. Lo que resulta curioso es que mientras la serie aborda el ascenso de él -Fosse es la única persona que ha ganado el Oscar, el Tony y el Emmy en un mismo año- muestra el ocaso de la carrera de ella. Y esto conlleva al verdadero viaje que, como mujer, significó su carrera. En el tercer episodio, «Me and My Baby«, cuando Gwen (a través de flashbacks) recuerda los peligros de comenzar en el mundo del espectáculo como una adolescente ingenua rodeada de hombres mucho más viejos y más inapropiados. Entonces tiene mucho sentido por qué las tensiones se desatan entre Gwen y Bob en la actualidad, cuando este deja a su hija preadolescente sola en una habitación de hotel con un hombre mayor.

La serie no está del todo interesada en volver a visitar momentos como Cabaret o Chicago o Damn Yankees!, sino que, a menudo, se vierte en los conflictos creativos e íntimos de sus dos protagonistas. La interacción entre Fosse y Verdon es igualmente cautivadora si la pareja está envuelta en coreografía o en alguna circunstancia doméstica banal. En ese sentido, el objetivo de la miniserie es explorar los entresijos de una asociación exitosa, aunque tumultuosa y creativa, que se extendió más allá del escenario y la pantalla para llenar la vida personal de dos genios creativos. El problema, entonces, es cómo se celebraría a Fosse por su brillantez difícil, mientras que Verdon se convertiría en la mujer desconocida detrás del hombre.

El compromiso interpretativo

Si la puesta en escena, recurrente al teatro musical, no te cautiva, entonces lo hará el trabajo de sus actores. El compromiso de Sam Rockwell y Michelle Williams es palpable, así como el de los secundarios.

Rockwell construye un personaje dotado de capas; en él vemos al genio creativo obsesionado con el trabajo, con la perfección, con el arte pero a su vez representa la obsesión, la ansiedad y los pensamientos suicidas que lo acecharon durante años; también es la imagen de un hombre repulsivo incapaz de valorar a cualquier mujer, ni siquiera a su propia esposa; no solo, Rockwell lleva a cabo todas sus secuencias de baile, lo que hace que su trabajo se vea y se sienta más orgánico. Williams es el corazón de la historia, su personaje representa esa dualidad entre la debilidad y la fortaleza que puede atravesar cualquier mujer.

En el elenco secundario hay que destacar la labor de Margaret Qualley cuya presencia se completa con un trabajo muy contenido.

Fosse/Verdon no se conforma con ser una biopic sobre dos de los más grandes exponentes del teatro musical, es una oda al espectáculo, a los musicales. Bob y Gwen son el centro de una historia que se vale de un montaje teatral, una edición acelerada y un sonido dinámico para representar la belleza de su trabajo. Para aquellos que disfrutan de películas como Chicago y sobre todo Cabaret y All That Jazz, tienen una cita imperdible con el último éxito de FX.

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