Cuando te conocí tenía claro que quería dormir contigo, no, no me refiero a tener sexo, me refiero a dormir. Juntos. Bajo las sabanas y en mi cama, sintiendo tu brazo a mi alrededor, tus manos entre las mías. Con la ventana entre abierta para que hiciera el suficiente frío como para tener que abrazarnos más de cerca, pegados, sin hablar, sólo escuchando tu respiración. Durmiendo juntos sumidos en el silencio, sin dar más explicaciones, porque el tenerte cerca me hacía realmente feliz.

Ansiaba ese momento de tenerte de frente y darte un abrazo largo, besar tu cuello; amaba esa forma tan nuestra de acurrucarnos, de ver películas y en la oscuridad darnos besos lentos y apasionados. Me encantaba verte dormir y esa necesidad que sentía de protegerte. Cuando despertabas y en mi mente prometía cuidarte y protegerte, te miraba a los ojos y seguía enamorándome de tu alma mientras acariciaba tu cabello y besaba tus labios.

Creo que nadie entiende que era lo que teníamos, porque al final simplemente confundimos sexo con amor, porque las películas nos enseñan que cuando un hombre te empuja contra la pared y te besa con pasión entonces eso es romántico, pero no es así. El sexo es algo sencillo, lo puedes tener con cualquiera, contigo mismo e incluso con un trozo de plástico. El amor, el romance, esa sensación de perder la respiración cuando esa persona entra en la habitación, ese beso que te roba el sueño, es distinto. El romance es eso que pasa cuando dos personas caminan tomadas de la mano, lo que sucede cuando se baila una pieza lenta, cuando abrazas a alguien y se entrelazan de manera perfecta. Lo que nunca tuvimos, lo que por tu parte nunca existió.

Lo que pasa en realidad es que fuiste especial para mí, pero eres tú el que después de tantas horas, días, noches que pasamos juntos, eres capaz de levantarte e irte, así como así. Te fuiste en un abrir y cerrar de ojos, me reemplazaste como cualquier cosa, como cuando un niño se aburre del mismo juguete y le compran uno nuevo para que tenga con que entretenerse.

Dime ¿es más linda? ¿Más dulce que yo? ¿Sus labios besan mejor? ¿Pasa horas intentando descifrar aquello que te hace feliz? ¿Recuerda cada detalle? ¿Sabe de tus gestos? ¿Los cambios que da tu voz? ¿Ha descubierto ese beso secreto? ¿Ya se acoplo a tus manías? ¿De verdad lo intenta o para ella es algo natural? ¿Es la chica de tus sueños? ¿Fue todo el tiempo que pasamos juntos una pérdida de tiempo? ¿En qué momento me voy a recuperar de todo lo que pasamos? ¿Podré obtener la respuesta? ¿Alguna vez dejaré de preguntarme por qué? Lo dudo.

Porque soy una chica torpe que necesita respuestas, las respuestas que nunca me pudiste dar, que no quisiste darme desde el momento en que decidiste que yo no era la persona que querías a tu lado. Quiero contarte que desde que te fuiste he pasado cada momento intentando reemplazarte, no ha sido tan fácil como lo fue para ti. He buscado ese calor que me daban tus abrazos, esa sensación de frío y calor que tenía cuando estabas a mi lado, y esa cosquilla interior que tenía cuando sabía que estabas por llegar. He buscado ese salto que daba mi corazón con cada beso y alguien que me haga perder la respiración. Esa persona con la que me sienta a salvo, capaz de ser yo misma sin más explicaciones, una persona cuyos brazos rodeándome sean el lugar que he estado buscando.

Aún no he encontrado alguien así desde que te fuiste de aquí. Algunas veces es lo que más extraño.  Puede que tú no lo sepas, pero he intentado salir con varias personas desde tu partida, pensando que en algún momento me voy a enamorar, porque tú sabes, soy así. Espero me perdonen por lastimarlos, porque cada una de estas personas caen en este desastre mental del que soy presa y créeme que sé que esto me hace daño, porque salen con una chica rota que los usa para sanar las heridas, para llenar un vació y pegar los trozos de un corazón en pedazos hasta que se da cuenta de que no está funcionando. Me doy cuenta que no son como tú, jamás serán como tú. Tal vez deba quedarme sola, tal vez merezco estar sola.

Y es que ahora que lo pienso llego a la conclusión que no te extraño a ti, extraño los momentos. Incluso extraño esa llamada casual donde me pedías vernos, donde no necesitábamos palabras porque sólo eramos sexo, donde escuchaba que me querías y luego te ibas con ella, donde volvías a romper mi corazón. Entiendo todo, finalmente creo que valorarse es entender que si te van a querer a ratos, es mejor que no te quieran. Y bueno, lo siento, me prefiero a mí y es momento de soltarte porque no se puede vivir aferrada a un recuerdo.

4 Comentarios

  1. Eres buenísima como escritora, no sé si escribas en otro lado o sólo aquí, de cualquier forma me gustaría leer más textos tuyos, si hay algún lugar donde los pueda ver (si es que existen siquiera) me encantaría leerlos.

Comenta en el recuadro