Los partidos que jugamos en la vida tienen tantos matices.

El juego termina hoy, no sé si el balón queda en mi cancha con más goles metidos o una goliza que se me podría caer la cara de vergüenza por tantos gritos de “gooooool” para el equipo contrario. Pero pensando en un recuento de las jugadas, las estrategias, las estrellas que participaron en mi equipo, puedo levantar la cara con mucho orgullo porque al final el marcador es y será para el futuro en beneficio de mi persona. Ya sé que en otros encuentros mis jugadas me hicieron perder hasta la risa, pero la victoria al final de la copa, es mía.

Aunque el contrario crea que supo jugar un partido limpio en realidad sólo usó lodo, trampa y hasta varias patadas que los árbitros no marcaron como falta.

Han pasado más de dos años de éste agotador partido. Todo empezó cuando el contrario se llenó de celos innecesarios y entonces fue como si le hubiera caído una gran tela de asbesto que no lo dejó ver con claridad, se le empezó a hacer un nido en el cerebro de ideas locas, algunas muy estúpidas y otras llenas de fantasía. Pero cada día su semblante cambiaba junto a sus ideas, era como si tuviera el balón todo el tiempo rodando en su cabeza, imaginando y viendo como volaba de un  lado a otro.

En ese ir y venir, entre el contrario y yo, se formó una nube de tierra que envolvió nuestras miradas, las volvió borrosas y lastimeras. Algunas veces hice estrategias para esquivar sus puños de arena que me escupía cuando se exaltaba por ir en el marcador por debajo de mí. Gloriosamente y con elegancia cogí el balón, recorrí todo el campo hasta meter un gol salvaje, con aplomo. Esto al contrario lo llenó de rabia y empezó a correr con tal furia que se parecía a un toro después de picarle el orgullo.

Levantamos banderas de fuego y guerra, cada quién en su portería. Yo llevé una porra (perra brava alguna se hace llamar) me gritaban porras y cantos mientras pensaba en el siguiente pase. Después de tantos tiros con lastimosa intención tomamos un suspiro para tranquilizar el ánimo y despejar la mente, bajamos las banderas y nos fuimos por un tiempo al mar.

Caminé como si estuviera en el último rincón del mundo, en un refugio donde el balón se quedó sin rodar y las palabras se calmaron en la boca para que no salieran más arácnidos malignos a enterrar sus colmillos venenosos. La serenidad de un campo sin  movimiento parecía ocupar parte de mis pensamientos como si fuera el colchón donde descansan. En ese descanso nos tomamos por última vez de la mano. Luego de caminar por debajo de las estrellas y la luna que especialmente su brillo era como si tuviera encendida una gran lámpara plateada. Nos sentamos, en diversos tonos intentamos llegar a acuerdos, nuevos encuentros, intercambiar jugadores, estrategias, en el intento de hacer todo lo posible por resolver un mejor método para el juego. Después de largas horas de charla, decidí que el juego se terminaba en ésta temporada, que no habría más canchas, campos, estrategias por jugar. Teníamos un mes para la gran final, después de ese día él podría marcharse.

Regresamos del descanso, y pusimos en práctica el acuerdo, tolerancia, respeto y valentía para llegar hasta el último partido, sería a final de mes. Era sencillo, simple. No había más nada que hacer en ese campo, pues se había deteriorado tanto que por más pasto que le pusieran, por más que pintaran las porterías, aún con un balón nuevo el partido seguiría siendo un asco.

El último partido fue como una guerra sucia, donde el contrario actuó de manera inmoral, tirando patadas, blasfemias, levantando polvo, escupiendo a diestra y siniestra. Era como si el agua que tuvo en un cubo se le estuviera escapando, pero no supo cómo hacer para que se quedara entre sus dedos.

El contrario aventó el balón en mi cara, dejó a un lado el acuerdo. Tomó sus tacos, maleta deportiva y cerró su portería. Mientras yo lo miraba tomar un pequeño sendero de tierra, se alejó para no volver jamás.

Ale Olson

partido final 1

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Alejandra Olson
Espíritu congestionado por las letras, que busca encontrarlas en el camino del hacer literario y de éste encuentro aparezcan historias de empatía con los ojos participantes del espectador. Se dice incipiente escritora, pues cada día se descubre, redescubre, encuentra, pierde hilos dentro de éste oficio. Oficio que necesita dedicación, amor y empeño. Ella es así, tan natural como la vida se lo permita y aguerrida.

4 Comentarios

  1. Me encanto!! bravo guerrera!! sigue jugando en la cancha con todo ;) la vida es eso, un juego donde lo importante es mover el balón y no quedarse quieto dejando que otro lo mueva por ti.

    • Ady lo que dices es muy cierto, sobre todo no hay que dejar que otro mueva nuestra vida a su antojo. A luchar, que para muestras tengo muchas, Tú y todas las mujeres que forman nuestra familia. Guerreras incansables y luchadoras de la vida. Te quiero.

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