Toda historia tiene dos versiones. Lo ocurrido entre el 19 y 20 de Junio 2016 en Oaxaca nos deja con más dudas sobre el problema del magisterio en México. El enfrentamiento entre las fuerzas federales y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, ha dejado al día de hoy 8 muertos y un centenar de heridos, según cifras oficiales.

La disidencia del magisterio, la CNTE, ha sido señalada por vandalismo, corrupción, por severos daños a bienes públicos, por obstaculizar el comercio en las zonas donde se manifiestan, de privilegiar a lideres charros y una lista larga de conductas “delincuenciales” (algunas ciertas, otras difamatorias).

Quedarnos con está imagen, altamente difundida por los medios oficialistas y el propio gobierno, es quedarnos con la fotografía a medias.

Los maestros de la coordinadora, son además, los que trabajan en las zonas más rezagadas del país, sin equipo ni infraestructura, los que atienden las necesidades educativas de la población más pobre del país, y también los peores pagados del gremio.

La reforma educativa que planteó el gobierno de Peña Nieto, ha sido impopular desde su presentación, pues se reduce a cuestiones meramente administrativas y no propone un cambio real en el modelo educativo.

La calidad de la educación en México es deficiente, la peor dentro de la OCDE, y esta reforma meramente nominal no combate el rezago educativo del país.

La reforma ha sido la bandera del Secretario de Educación, Aurelio Nuño, la ha defendido a oídos sordos de detractores, expertos, académicos y de los propios maestros (del sindicato y de la coordinadora sin excepción). La ha defendido sin medir consecuencias ni reparar en recursos.

Oaxaca es quizá el estado más complejo del país, la diversidad de lenguas, etnias, costumbres y geografía lo convierten en un punto donde la gobernabilidad siempre pende de un hilo.

Oaxaca ha sido además cuna de movimientos insurgentes, guerrilla no reconocida, estado de disidencia ante los atropellos de las autoridades locales. Lugar donde la CNTE tiene una fuerte presencia.

Podemos sentir empatía por la CNTE y su lucha, podemos repudiar los desmanes y los daños. Lo que no podemos dejar de lado es que lo ocurrido en Nochixtlán es un abuso de las fuerzas policiacas, lo que no podemos dejar de ver es el atropello que se organizó no sólo contra los maestros, sino además sobre la población.

Lo que no podemos aceptar de la Secretaría de Gobernación es un deslindamiento basado en mentiras, negar la responsabilidad de la Policía Federal por los muertos y heridos de esa fatídica noche. Es una mentira que cayó por su propio peso, las agencias noticiosas internacionales lo revelaron. La policía federal disparo contra civiles desarmados, esa es la realidad. La refriega, el enfrentamiento entre supuestos “grupos armados” y la autoridad es desmentido por medios como Associated Press. Y eso es un atropello a las garantías individuales de los ciudadanos y viola todos los protocolos de seguridad del país y de los tratados internacionales de los que México forma parte.

Lo que no podemos permitir es la respuesta soberbia y tardía del Secretario de Educación, defendiendo lo indefendible y negándose al dialogo con la CNTE. Lo que no podemos dejar que pase es una “solución política” del asunto sin una solución real al rezago educativo de México.

Si el gobernador Gabino Cue no puede con el paquete (que nunca pudo cabe señalar) ¿Qué sigue haciendo en la casa de gobierno?

Si el Secretario Osorio Chong pretende ser el candidato presidencial de su partido en 2018 ¿Por qué no demostrar desde ya capacidad para gobernar y deja de escudarse en la mentira?

Aurelio Nuño debe renunciar, esa sería una salida digna del embrollo que es el sistema educativo mexicano hoy día. Pero no lo hará, porque su soberbia rebasa la razón.

Si Enrique Peña Nieto quiere ser reconocido por alguna acción relevante en su gobierno, debería pedir la renuncia del secretario de educación sin más, pero a sus amigos, no los toca ni con las consecuencias de sus actos.

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