La mujer desde tiempos muy remotos ha pasado a ocupar un segundo plano en la sociedad. Cuando el hombre vivía en cuevas y su lenguaje era meramente mediante señas y gestos el rol de macho-hembra ya estaba perfectamente definido, la mujer se quedaba en la cueva, se encargaba de cuidar de los otros y quedaba relegada a las órdenes del hombre.

Tiempo después hubo evolución física, avances tecnológicos, de lenguaje, pero los roles siguieron exactamente igual, las mujeres no tenían voz, no tenían acceso a la educación, no tenían derecho al voto, al ser niñas estaban bajo las reglas de un padre, al casarse pasaban a estar bajo las de un marido, muchas veces eran tratadas como objetos y no como personas, eran utilizadas para procrear, nada más, eran propiedad de un hombre y en casos más lamentables eran vendidas como ganado al mejor postor.

En pleno siglo XXI esto no ha cambiado mucho, tal vez hay pequeñas mejoras, pero aún existen personas que culturalmente tienen creencias machistas muy marcadas, aún se cree que las labores del hogar son exclusivas de la mujer. La mujer cuida, la mujer atiende al prójimo y aun cuando pueda incorporarse al ámbito laboral tiene muchos obstáculos que librar, la discriminación, hombres misóginos, tener que hacer un doble esfuerzo si se quiere conseguir un puesto superior y prácticamente al terminar sus jornadas laborales lo hacen para entrar en otra, la del hogar, actividad que además de no generar un salario no se toma en cuenta porque culturalmente se ve como una obligación.

La mujer hoy en día tiene derechos al igual que el  hombre, existen instituciones encargadas de protegerlos y hacerlos cumplir, pero existe una mentalidad y una formación social muy fuerte cargada de estereotipos y pensamientos arcaicos que impiden que exista una verdadera igualdad.

Es decir, las mujeres siguen siendo violentadas por los hombres, aún existen quienes venden a sus hijas por algunos pesos, la prostitución y la discriminación, y  esto no puede erradicarse solo con instituciones o leyes.

Para que exista una mayor igualdad, debemos empezar por la educación que se nos da desde nuestra infancia en el hogar, la familia es pieza clave para que podamos ir avanzando, son los cimientos que nos guiarán hacia una sociedad más equitativa. Porque muchas veces la educación que se nos da es de por sí machista, las hijas se encargan de ayudar a lavar los trastes, la ropa, de la cocina, mientras que los hijos no pueden realizar estas actividades porque eso es “cosa de mujeres”.

Los medios de comunicación también tienen son responsables de la falta de igualdad, que constantemente nos bombardean con un sinfín de anuncios en los que vemos siempre situada a la mujer en el hogar, llevando a los niños a la escuela, cocinando, lavando, planchando, o como un objeto de deseo mientras que el hombre es el de los negocios, el fuerte y si bien es cierto se ha ido modificando poco a poco esta práctica queda mucho por hacer.

Es tarea de todos hacer el cambio, darnos cuenta que tanto hombres como mujeres somos exactamente  iguales, tenemos las mismas capacidades por el simple hecho de ser seres humanos, como una mujer puede ser profesionalmente exitosa, como un hombre es totalmente capaz de atender su hogar.

 

 

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2 Comentarios

  1. Me gustó mucho tu artículo, y me pareció muy interesante el tema que escogiste. Ojalá más personas se dieran cuenta de lo injusta que es esta situación y se dieran a la tarea de promover un cambio. Y creo que buena parte de este cambio empieza por las propias mujeres, que se valoren correctamente y que no necesiten la valoración de otra persona para ser felices. Un saludo.

    • Me alegra mucho que te haya gustado :)
      En lo personal es un tema que a mi me fascina porque si creo que aún existe mucha desigualdad y tienes toda la razón el cambio se empieza por nosotras mismas

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