Muchas son las variaciones dentro de géneros musicales, y el género “música electrónica” es un ejemplo destacado. Conocemos a los DJ’s de Dubstep, a los de House y Techno, entre otros. En casi cualquier fiesta nos toparemos con tal tipo de música; pero en este artículo iremos más allá, al pasado de la música electrónica. No tan atrás como para llegar al, a veces escalofriante, futurismo de Luigi Russolo, ni mucho menos a la invención del Theremin; sino a algo hasta cierto punto moderno: la música electrónica que de vez en cuando escuchamos en comerciales de la radio, en documentales, museos y en películas de ciencia ficción. Una música electrónica más bien precursora del New Age.

El género puede ir desde movidas melodías que pueden parecer cientos de láseres disparados entre naves espaciales a una seria música de ambiente que bien podría ser el sonido de cabinas aisladas en una de esas naves. Puede ser también la compañía de aborígenes o animales en la sabana, o el sonido del abismo para nuestra imaginación. Como en casi cualquier instrumental, podemos encontrar o crear historias y aventuras en la ausencia de palabras, así como sucede con las interpretaciones personales de las pinturas abstractas a la ausencia de ideas.

Uno de los más grandes exponentes es el álbum Oxygene, del compositor francés Jean Michel Jarre. En él podemos encontrar una historia de suspenso, melancolía, alegría, e incluso terror si nos ponemos creativos. La ‘trama’ surge de sólo sentimientos, pues en Oxygene (y en muchos de los trabajos de este tipo de electrónica) el contexto o la explicación de la obra suele ser un aspecto limitado, pues ni en el título de la pieza dan pista alguna (I, II, III, IV…). Quizá el transmitir los elementos para una historia no es la intención del compositor, pero ello se da, y muy bien.

Oxygene revolucionó la música electrónica si no es que la desarrolló como género popular. Inspiró a varios compositores y se volvió uno de los clásicos del género, a pesar de los diversos obstáculos que se presentaban para su publicación (debidos, en gran parte, a lo poco comercial que parecía). La manera en la que explotó el sintetizador fue de verdad espléndida, pues no cayó en lo genérico de su época, que solía repetirse un mismo movimiento con ligeras variaciones o se golpeaban notas casi al azar.

No quiero describir más el álbum para no predisponerlos a encontrar la historia (o incluso los sentimientos) que yo encuentro. Si no lo conocen, los invito a probar este género, los invito a escuchar Oxygene (de preferencia completo) con los ojos cerrados y, si gustan, dejar que su imaginación se vuelva cómplice de los ritmos, melodías y sonidos casi aleatorios presentes en la obra. Les invito a contarse una historia al escucharlo.

Si les agradó, les recomiendo más artistas: Vangelis, Tangerine Dream, Mike Oldfield, Charles Wuorinen, Krafterk e Isao Tomita; de los más populares compositores del género y precursores de tal.

Imagen: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Jean_Michel_Jarre_-_Roland_AX-Synth.jpg?uselang=es

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