Volvió a suceder algo peculiar en la “caja idiota”, y particularmente en un programa matutino que tiene que ver directamente con el las amas de casa y personas que están en contacto directamente con las variaciones en los precios de productos y servicios sea de primera necesidad o de valor agregado.

Claro, hablo del programa “Hoy” y de su conductora “estrella” Andrea Legarreta, al hacer la siguiente apreciación: “el que suba el dólar no afecta a los mexicanos. Sube por culpa de las economías de otros países que están mal. No es por culpa de nuestro gobierno”, los dimes y diretes respecto a esta declaración causaron furor el día de ayer y todavía el día de hoy al grado de acribillar a la conductora, misma que salió en defensa y dijo: “sólo somos un medio para hacerle llegar al público lo que esos anunciantes quieren compartir… esto no significa que sea nuestra opinión o punto de vista”.

La defensa de Legarreta deja ver (o eso parece) que la opinión de las personas que están al frente de un programa no importa, ellos están para “seguir el guion”, pero también que la sociedad está corrompida al grado de aceptar “lo que sea” aunque no cumpla con sus principios y buenas costumbres, porque ella es una “figura pública” la cual no sólo es “titular” de un programa, también es figura de varios productos (P&G, Lala, Soriana, Sigma, etc.) y por tanto se supondría tiene “influencia” al mercado al que va dirigido y eso deja mucho que desear.

Los guiones sugestivos no son nuevos y nunca van a dejar de serlo, y menos en una empresa como Televisa que le interesa el negocio, sea de lo que sea, para eso vive, sea empresarial y porque no gubernamental, se conoce desde hace mucho su afición por el seguir y darle publicidad al partido en el poder, sobre todo al PRI, ya lo decía Azcárraga Milmo, y la declaración habla mucho de esto al decir “el gobierno no tiene la culpa”.

Por más que insista el gobierno federal que es “transparente”, lo mismo apoyado por pseudo-analistas de medios digitales e impresos, así como por la televisión lo deja mal parado debido a que el peso ha tenido una historia tétrica de devaluaciones:

Alemán Velasco, devaluación de 78%
Ruíz Cortines, devaluación de 45%
Echeverría Álvarez, devaluación de 65%
López Portillo, devaluación de 240% (el que lo defendería como un perro)
De la Madrid Hurtado, devaluación de 3,164%
Salinas de Gortari, devaluación de 51%
Zedillo Ponce de León, devaluación de 174%
Fox Quesada, devaluación de 16%
Calderón Hinojosa, devaluación de 18%
Peña Nieto, devaluación de 43% (y le faltan 2 años)

quiere decir que estamos rodeados de gobernantes que les vale un sorbete si le va bien o le va mal a la moneda (a excepción de los 2 sexenios panistas, que la desventura los acompañó), el impacto de la devaluación no cesará con políticas de inyección de recursos (Banco de México en subastas) debido a que no se ataca el problema de fondo (crecimiento sostenible, políticas económicas viables, estrategias de operación e independencia presupuestal, transparencia, competitividad [a nadie le interesan los cuantiosos tratados cuando no existe productividad, planes y financiamiento], y alto a la corrupción).

Los dichos sólo se quedarán ahí y basta ver que el gobierno y las empresas piensan que la sociedad sigue en estado de hibernación y que sigue creyendo en todo lo que le dicen y platican, se han agotado su esquema de comunicación y “convencimiento de la peor calaña”.

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