El día de ayer, gracias a mi esposa artística, vimos la película mexicana denominada “Los Olvidados”, del Director mexicano Luis Buñuel, y pareciera que aprecio el mismo México (tristemente), sólo que ahora lo veo en vivo y a todo color.

La película indica que nada es ficción, y es sacado de una historia real, comienza mostrando lo que era la hoy conocida “Plancha del Zócalo Capitalino”, pero sorpresa un jardín (ya me lo había comentado mi esposa), si era un hermoso y bello jardín enfrente de Palacio Nacional y la Catedral, pero ¿qué pasó?, ¿qué sucedió?, que hoy en día se ha convertido en un centro de manifestaciones, de espectáculos, y que decir de toda clase de ferias, y hasta de campamentos, no puede ser en lugar de mejorar…

Después pasan una serie de calles del Centro Histórico y el inconfundible Eje Central con su representativo “Cine Teresa”, y los clásicos vendedores por doquier, ¿de verdad?, eso se ha vuelto un mercado ambulante de discos y software pirata, “chucherías”, ropa de contrabando, y que decir del mercado más famoso de electrónicos robados y vendidos a plena luz del día con la complicidad de la policía que deambula de aquí para allá, sólo que hoy vestidos de diferente manera, y podría decirse que con asfalto bajo sus zapatos.

Pero por que se desenvuelve toda la historia aquí, pues porque siempre ha sido el centro de todo, y ahí era donde podría encontrarse una mejor forma de vivir, y ahí es donde vivían unos niños que jugaban, peleaban, discutían, y veían pasar su vida, sin futuro definido, sin educación, desamparados, sacados de su hogar por razones inexplicables, en fin… como todo lo que vemos hoy en día siempre existe el “líder” de la bandita que hace de ellos lo que quiere, un tal “Jaibo” que se escapó del reformatorio por haber robado, y que vuelve para nunca aprender la lección y ser mala influencia para los demás.

El “Jaibo”, es el clásico ejemplo de persona sin escrúpulos, sin un gramo de ética, sin un gramo de vergüenza, sin tener nada por que vivir, porque soñar, porque ser mejor en la vida, y lo más importante, contribuir con su comunidad a ser mejores, a dar un poco de lo que siempre le faltó. A su alrededor siempre generó violencia, amenaza, crimen, desánimo, muerte, y huyendo siempre de su responsabilidad.

Los olvidados siguen siendo siempre los mismos, la juventud, los niños expuestos a cualquier riesgo, y a cualquier tipo de contratiempo y a la ausencia de esa autoridad educacional y que es la más importante, claro “el hogar”, expuesto a cualquier “ente extraordinario” y hasta extraños que manipulan a su antojo y conveniencia sus defectos, tal y como lo muestra un hombre ciego, que toca (lo que parece ser el Centro) unos instrumentos por unas monedas, “haciéndose” de los servicios de un niño abandonado a su suerte, abusando de su posición y de la ignorancia de las personas disque con “alivios y mejórales”, para obtener beneficios y tratando de aprovecharse de la hija de una de ellas.

La historia sigue su curso involucrando a el “Jaibo” y “Pedro”, el primero matando a uno de sus compañeros por según haberlo denunciado, el segundo atemorizado y horrorizado quiere “ser alguien” en la vida trabajando y esforzándose, pero nuevamente es arruinado su intento, su segundo, y hasta su tercer intento por el mismo gandul, y finalmente… algo trágico… los invito a verla para que ustedes mismos lo descubran.

Es impensable que después de más de 60 años la sociedad sólo ha cambiado de color, pero lo más lamentable es que no nos hemos dado cuenta, que algo sucede, algo pasa, y que de acuerdo a cifras del INEGI para el año 2010, en el país el 6.9% de la población (15 años y más) es analfabeta, pero según la SEP, en 2014 existen 15 millones de analfabetas en un país con poco más de 112 millones de habitantes.

La película muestra tal vez un México sombrío, en blanco y negro, con zonas terribles, hoy lo sigo viendo, hoy lo sigo experimentando, hoy lo noto más, porque estamos en una era en la que las imágenes hablan más que mil palabras, los números están ahí, las cifras están ahí y tristemente vemos que los personajes, no se llaman Jaibo, Pedro, Ojitos, Meche, Julian, son muchos muchos más.

Peculiaridad

Los retratos de hace más de 60 años los seguimos padeciendo, sólo que ahora están formalizados con peleles que se sientes los dueños del país, conformados por toda la alta burocracia.

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