Acepto que cuando te fuiste detuviste mi mundo. Aquel mundo tan perfecto que había construido para los dos, ese en el cual tú estabas en un pedestal de perfección lejos de todo lo mundano. Nadie podía destruir esa visión de ti, eras tú y el resto del mundo.

Ya no puedo negar que contigo aprendí lo que significa “Te amo”. Que tus brazos eran el refugio perfecto contra el dolor y la tristeza; qué raro, ahora los visualizo como un lugar helado donde no existe la calidez ni el amor. Algo tan lejano.

Eres frío, siempre lo fuiste. Como las rocas que están en los mares siendo azotados por las olas. Inmóvil, duro. Incapaz de mostrar emociones que no sean el dolor, miedo y tristeza. Te imagino como una caja fuerte, una lápida, tan hipócrita, tan lejano, como una moneda que muestra una cara y esconde la otra al estar en una posición. Y aún así yo sólo veía lo bueno de ti, lo dulce, lo fugaz.

Conocí muchas facetas y pensé que estábamos conectados. Hoy solo sé que releo conversaciones cuando te extraño, abrazo todo lo que me recuerda a ti y sí, a veces salen las lágrimas traicioneras, pero no creas, algunas también son para sacar el “te amo pero te odio”. Sobre todo cuando juro que no te amo, y pienso, después de todo el daño ¿vale la pena recoger las cenizas si al final el que más dio es quien más pierde?

Anhelo oírte y verte pero, ¿sabes? lo siento, me gusto más yo de lo que me gustabas tú. No funcionamos, perdimos frecuencia y sintonía, solo fuimos un capitulo del libro y es tiempo de darle vuelta a la hoja. Sé que derrotarse es de cobardes pero cuando atentas contra ti mismo creo que entonces es de valientes. Y tú atentas contra mi salud mental.

Perdí la confianza  y la esperanza en ti, en el cambio, en nuestros sueños. Ese “nosotros” que ya no existe, irrecuperable porque tus mentiras se encargaron de destruirlo todo. Miento, dejaste huella y algo de ti siempre será parte de lo que hoy soy, espero haber dejado algo de mi en ti para que al verte en el espejo nunca olvides que tuviste alguien real, dispuesto a darte lo mejor y la dejaste ir.

Me callo lo que vivimos porque sé que sólo así la vida tiene sentido, cada quien sabe lo que hizo y sólo me queda buscar tu esencia en cada beso, tu perfume en cada abrazo y tu pasión en cada habitación que visito. Ya nunca será lo mismo, pero sigo mi vida esperando que te vuelvas difuso, una sombra de lo que fuimos.

 

 

Imagen de: http://www.espaidedialeg.com/sites/default/files/images/sombras.jpg

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