Marguerite Yourcenar

“Soledad…yo no creo como ellos creen, no vivió como ellos viven, no amo como ellos aman…Moriré como ellos mueren”. – Marguerite Yourcenar – Fuegos.

 

En 2007 se cumplieron 20 años de la muerte de la escritora francesa, nacionalizada estadounidense Marguerite Yourcenar. Ese año las editoriales reeditaron y sacaron al mercado una cantidad considerable de tomos de la escritora. En ese momento yo estaba en una etapa consumista de libros, compraba más de lo que en realidad podría leer.

Así me hice de dos títulos de Yourcenar: “Memorias de Adriano” y “Fuegos”. Mismos que permanecieron sellados en su envoltura algunos años en mi librero hasta hace un par de meses que me decidí a leerlos.

Tengo que admitir que hasta entonces no había leído a la que fuera la primera mujer en ser miembro de la academia francesa de la lengua; aunque tenía referencias de su trabajo a través de la lectura de varios artículos donde se hablaba de su trayectoria, su obra y su vida.

Así comencé con “Memorias de Adriano”(1951), esta novelización de la vida del emperador romano Publio Elio Adriano (76 – 138 DC), quien heredó el imperio de su primo Trajano. Escrito como una larga carta que el “Imperator” escribe a quien sería su heredero Marco Aurelio donde habla de su vida, su formación, su pasión por las artes y el conocimiento, los enredos y conspiraciones que cortaban su camino al poder, la amistad que tenía con la emperatriz Popeya Plotina que le favoreció para ser adoptado por Trajano para ser ungido emperador a su muerte. Narra también la pasión y el amor que Adriano sentía por su protegido, Antinoo, a quien deidificó tras su muerte y de cuyo recuerdo nunca pudo escapar. En la pluma maravillosa de Yourcenar, se humaniza al Caesar Divi, se le muestra como un hombre que hacia el fin de sus días se ve deteriorado físicamente, consumido, enfermo y solo. Cuya familia conspira para hacerlo a un lado en la sucesión al poder, y cuya esposa Vibia Sabina le despreció hasta la muerte de esta. Sin un heredero legitimo, Adriano tiene que encontrar un sucesor que preparé a Lucio Vero (hijo de su otrora amante y primer heredero; Lucio, que muere antes que él) y a Marco Aurelio (a quien adopta en un templo asceta) para compartir el trono, encontrando en el senador Antonino a la persona apropiada. Adriano así narra su vida en su esplendor y en su decadencia, y nos lleva de la mano hasta su lecho de muerte, donde el gran Adriano el Errante se muestra en toda su humanidad. Si bien, fue editada y publicada en entregas entre 1948 y 1951, lo cierto es que la investigación y redacción de esta novela le tomo a Yourcenar 27 años de su vida

“Fuegos” (1935) es un libro de relatos en prosa poética en donde los clásicos de la mitología griega son reinterpretados y actualizados, es un libro que habla del amor, de ese amor que consume, que asesina, que te hace perderte. “Fuegos” es un libro escrito, según la autora, para no ser leído jamás, en un periodo de decepción amorosa al ser rechazada por su editor de quien estaba enamorada. Entre cada relato hay anotaciones, fragmentos que reflejan su vida amorosa, de entre ellos mi favorito:

“El amor es un castigo. Somos castigados por no haber podido quedarnos solos”.

Marguerite Antoinette Jeanne Marie Ghislaine Cleenewerck de Crayencour nació en Bélgica en 1903, fue criada en Francia y llego a Estados Unidos huyendo de la guerra, donde se nacionalizó estadounidense en 1947. Desde 1919 firma su textos como Marguerite Yourcenar, siendo este un anagrama del aristócrata apellido paterno, Creyencour. Es autora de más de una veintena de libros, abarcando géneros como ensayo, poesía, novela, relatos y prosa poética. Fue también dramaturga y traductora. Fue miembro de la Academia Belga desde 1970 y en 1980 fue la primera mujer en ser elegida miembro de la Academia Francesa. Murió a los 84 años en su casa en el estado de Maine en 1987.

2 Comentarios

  1. Volvi a leer a Sabines a pesar de mi propio veto; Era su aniversario. Bueno, en realida ni lo lei, solo lo busque y lo copie! En cambio estoy como posesa leyendo a Margarete Yourcenar… ah, Yourcenar. Su poesia toca mi alma, me trastorna, me atolondra, me vacia… Cada palabra se me incrusta y me ciega… entonces, envidiosa, reviso las palabra que usa, muero de envidia que ella sepa presbitas, con acento en la e, conciliabulos con acento en la a, cimbalo acentuado en la i; alicion, como todas las palabras que terminan en on, lleva impunemente acento en la o. Litotes. Que palabra!
    … En esas estoy, aturdida, como recien despertada, sintiendo cada poema caer sobre mi como granizo, cuando…
    -Mami, que haras de cenar?
    Y entonces revivo, vivo y revivo…

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