“¡Cuán felices son aquellos que viven sin culpa! Ellos se olvidan del mundo y son olvidados por éste. EL ETERNO RESPLANDOR DE UNA MENTE SIN RECUERDOS que sólo acepta sus oraciones y rechaza sus deseos” – Alexander Pope

He dejado de contar los días y he olvidado el tiempo que llevo sin ver tus ojos o tu sonrisa. Deje de preocuparme por el tiempo y me he dedicado a sacar los recuerdos de lo más profundo de mi mente; donde vive tu esencia y escondí nuestros mejores momentos. Y es que no dejo de imaginarte y sostenerte entre mis brazos, la sensación de besar tu cuello y pasear mis manos por tu espalda. Sigues teniendo un aroma que me embriaga y me deja sin aliento.

No me asusta admitir que eres de las mejores historias que he vivido, una hermosa que no deja de hacerme sonreír. Deje mucho de mí y me esforcé por hacerla especial, quedo mucho de ambos y de todo lo que hicimos, dijimos, pensamos y planeamos. Quiero estar bien para seguir adelante, y si algún día llegamos a toparnos quiero que me veas bien, feliz, y no creas que me destruiste o algo parecido, al menos si caigo no quiero que sea por ti.

Si ya sé, he hablado más de lo debido, sé que ya he contado mil veces la historia, lo nuestro, he escrito miles de veces lo que siento, lo que sentí contigo, lo que vivimos, pero sigo con ganas de hacerte inmortal. Simplemente fue único, como la mejor novela, el mejor libro, la mejor historia y no miento, todo valió la pena, tú vales la pena.

Se puede olvidar lo que pasó, pero no cómo se sintió.

Al contrario de lo que creas no te odio, no puedo y nunca podré hacerlo. No puedo tener sentimientos negativos hacía algo que me hizo tan feliz. Lo sé, llego a su fin, algo murió y está más que enterrado, perdido y dista mucho de ser algo real. Y bueno, sólo me quedan escritos, palabras que escribo en cada lugar que puedo, es normal, sigues siendo importante. Para mí fuiste importante, te di parte de mi vida y mucho de mi tiempo, te quedaste con una parte de mí, algo sagrado.

Sí, vivimos mucho y fui muy afortunada por tenerte en mi vida. Me siento afortunada todavía por haberte sentido a mi lado y haber formado parte de tu historia. Quiero que sepas que nunca necesitaste nada para hacerme volar; nunca desee a alguien perfecto, sólo a ti, lo real. Deseaba que tú te sintieras tan feliz cómo yo, de verdad intenté hacerte feliz. Voy en caída libre pero creo que ya veo acercarse el suelo. Ya tienes lo que querías, has dejado de aparecer tan frecuentemente en mis sueños.

He borrado tus números, la calle en la que vives, las fotos donde apareces; he guardado las cosas que me hacen pensar en ti dentro de una maleta, incluso he dejado de escuchar ciertas canciones y ver ciertas películas. Tu recuerdo perjudica mi playlist y mi noche de cine casero de manera temporal. Pienso callar y amarte en silencio, hasta que se me olvide pensarte, hasta que se me acaben los recuerdos de ti, hasta que te difumine el tiempo, hasta dejarte de amar… hasta el eterno resplendor de una mente sin recuerdos.

Adiós. Fue agradable conocerte y el resto.

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