[dropcap size=dropcap-big]E[/dropcap]n mi primer aporte a este proyecto quiero escribir acerca de una herencia que recibí de una persona que amo hasta las estrellas y que para mi representa uno de los regalos mas grandes que he recibido jamás.

Esta persona no me heredó dinero, o una casa, o un auto, me heredó una de mis grandes pasiones: el amor por el cine.

Recuerdo como esta persona me llevaba (siendo yo muy pequeño) a las funciones vespertinas del cine Viaducto (cine que nos quedaba a unas cuadras de la casa donde vivíamos), un cine de dos pisos que si bien no tenía lo último en tecnología cinematográfica era visitado por mucha gente y contaba con una cartelera variada.

Caminar unas cuantas cuadras una tarde lluviosa hacia el cine, sentir la calidez del lugar, el olor a palomitas recién hechas, disfrutar la película en una pantalla que yo creía enorme (no había Imax), a la salida comer una torta de salchichas en la pequeña lonchería que estaba a un lado del cine, regresar a casa caminando, platicando sobre la película con mi amado acompañante son recuerdos que tengo bien archivados, ahí en la caja fuerte de mi cerebro, para que existan hasta el último de mis días.

Escribo sobre mi amor al cine porque ayer precisamente, en el canal de películas mexicanas que ofrece cablevisión, vi una película que se encuentra entre mis favoritas del cine mexicano: Los Albañiles, película de 1976 dirigida por el gran Jorge Fons y que aunque nunca vi esta película en el cine, tiene un lugar muy especial en mis gustos cinematográficos.

Siempre que empiezo a hablar de esa película, la mayoría de la gente piensa que hablo de una película de ficheras del tipo Rafael Inclán, nada más alejado de la realidad, esta película está basada en una novela escrita en 1969 por otro grande: Vicente Leñero.

Con un reparto multiestelar, los Albañiles reúne a estrellas de la llamada época de oro del cine mexicano como Ignacio López Tarso, Adalberto Martínez “Resortes” el gran David Silva y la nominada al Oscar Katy Jurado, así como a actores que empezaban a dar de que hablar en el incipiente cine de autor/arte mexicano como José Carlos Ruiz, Salvador Sánchez, José Alonso y Salvador Garcini.

La película nos muestra a raíz de la inesperada muerte de Don Jesús (Ignacio López Tarso) por medio de una grandiosa e inteligente narración no lineal con incluso varios flashbacks, el inicio de una construcción de edificios y nos lleva a través de una maravillosa fotografía a la intimidad del día a día de los personajes, los albañiles, sobre los que cae la miseria, la tragedia, la violencia, la corrupción, la injusticia de un sistema económico-social fracturado desde muchos años atrás.

“Me paso la vida construyendo casas y casas, edificios y edificios, y ninguno es pa’ mi.”

Jacinto (personaje interpretado por José Carlos Ruiz)

¿Quién mató a Don Jesús? ¿Quién es el culpable? es lo que se pregunta mientras conocemos un poco más de cerca la vida de los personajes, los “motivos” que podrían tener y la desolación en la que se encuentran.

Casi 100% filmada en locaciones (en una construcción real) y ambientada en la Ciudad de México, Los monólogos son fuertes y definen perfectamente a los personajes, hay escenas que merecen ser vistas una y otra vez como la de Josefina (Katy Jurado) llorando la muerte de su esposo afuera de la construcción, o la de Jacinto (José Carlos Ruiz) ebrio y desesperado corriendo hacia su casa al enterarse de la muerte de su hijo.

Los Albañiles de Jorge Fons es una de las películas mexicanas mejor adaptadas de una obra literaria.

Mencionemos por ejemplo a Mariana, Mariana de Alberto Isaac (1985) basada en Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco y de la cual el mismo Vicente Leñero adaptó el guión.

Macario (1960) de Roberto Gavaldon, basada en un cuento de Bruno Traven y adaptada por Emilio Carballido.

Un poco más atrás tenemos a Distinto Amanecer (1943) de Julio Bracho adaptación de un texto de Max Aub llamado La vida conyugal y adaptada al cine nada más y nada menos que por Xavier Villaurrutia.

Pero de esas otras joyas hablaremos otro día (probablemente haré mi martes de cine mexicano)

El cine Viaducto desapareció con la llegada de las multisalas, ahora es una tienda Coppel, no así el amor que tengo por el cine gracias a la persona que me enseñó a ver el mundo a través del cine.

Por cierto, esa persona de quien hablaba al inicio y quien es culpable del amor que siento por el cine es mi padre, quien me heredó (en vida) esta pasión y la sigue alimentando cada vez que nos sentamos a ver una película juntos.

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1 Comentario

  1. No sabía que también andabas escribiendo acá. Me emociona mucho descubrir memorias que muchas veces ni siquiera sé existen a pesar de la cercanía. Me gusta mucho el tono que usas aunque difiero en tus opiniones de adaptaciones de letras a cine y que ya tendremos oportunidad de comentar. Espero seguir leyéndote y qué bueno que no compartimos del todo los puntos de vista. Te dejo un abrazo.

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