Cuando los recuerdos duelen, es momento de dejar de mirar atrás. Pensar en lo que antes se tenía, o se sentía es una forma lenta de morir, es intentar vivir un momento que no existe más, uno terminando cayendo en vilo a un abismo sin fondo, y mientras uno navega por ese vacío, no hay nada que produzca calor de vida. Es un lugar que no existe y en el que nos aferramos a estar por el hecho de recordar que lo felices que fuimos ahí, lo amados que nos sentimos y tal vez apreciados, en pocas palabras es una ilusión, una trampa difícil de evitar, pero que a la vez, si no logramos evadir, nos puede llevar lentamente y de manera directa a la pérdida total de la felicidad o las ganas de seguir adelante.

Una vez que se ha identificado el hecho de estar aferrados al pasado o a un momento en particular, es momento de girar y mirar hacia adelante, o por lo menos al presente a nuestro lado. Buscar la compañía de los seres que nos quieren bien, es siempre un útil modo de anclarse al presente y dejar de anhelar algo que ya fue y que nunca sería igual, si acaso sería diferente.

Una actitud positiva ayuda a encontrar razones para dejar de mirar atrás, para buscar con ojos esperanzados que el mañana sea mejor, que el hoy tiene algo para nosotros y dejar de perseguir algo que se aleja inevitablemente.

Aceptar algo que no está en nuestro control no es cosa fácil, y tampoco es algo para lo que estemos a veces preparados, requiere una gran dosis de realidad y la suficiente pasión para seguir adelante aunque tengamos la herida abierta en el corazón y en el espíritu. Soltar aquello que pareciera que nos hace felices al recordar, es solo una impresión, hay que aceptar que nos hizo felices, pero hoy ya no, y eso…eso no se hace en un día, y tampoco con alegría.

Hay que luchar y luchar duro por recuperar la paz, por retomar el control de lo que sí tenemos a nuestro favor. Elegimos a dónde miramos, elegimos cuánto tiempo queremos sufrir, y elegimos la forma de librar la batalla.

Mi recomendación? No se lucha solo, se arma uno de valor y se le echa montón al miedo, al dolor, te unes a lo que amas, a lo que te alimenta de fuerza y pasión y te pones la mejor actitud que te hayas visto jamás.

Todo esto, cuando ya duele recordar.

Imagen de errr-magazine.com

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