Y te escribí a ti, sin darme cuenta mis pensamientos corren contigo como siempre y me hacen buscarte aunque ya no quisiera. Volví a pensar en tus ojos y en tus manos recorriendo mis hombros lentamente, en tus labios buscando los míos y en como pedías respirar a través mi boca. Cerré los ojos y de nuevo di un salto en el tiempo y me encontré en tu cama de nuevo, mirándote dormir en silencio intentando no hacer ruido porque verte dormir me hacía tan feliz.

Susurré tu nombre y volví a darme cuenta que no estabas a mi lado, fui demasiado cobarde como para ir tras de ti el día en que cruzaste la puerta para no volver. Ese mismo día en que te grite que mi mundo seguiría girando incluso después de ti porque nadie ha muerto de amor, era cierto, lo que no comprendí es lo frágil de mi mundo sin ti. No pude ver como mi corazón se iría contigo dejándome un vacío casi imposible de llenar.

Hoy sé que tenía razón y mi mundo sigue girando, existen días y noches, el pasto sigue creciendo, sigo respirando y el tiempo no se detiene; pasan los días, los meses e incluso ha sido ya más de un año. A veces apareces como hoy en mis más profundos pensamientos y me pregunto que será de ti, y justo en mis ensoñaciones juró que tú también piensas de vez en cuando en mí.

Espero cruzar tu mente y que esos recuerdos sean los mejores que tuvimos, que sean de esas noches abrazados, de los besos que dejaban sin aliento, de mis manos recorriendo tu espalda. Recuerdos que se lleva el viento, justo como está carta que se convertirá en cenizas, porque eso es lo que queda de nosotros, porque quizá siempre fuimos sólo de papel o una simple ilusión.

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