En los últimos años las series limitadas se han convertido en la gran sensación de la televisión que ya vive una era dorada. American Crime Story (2016), Fargo (2016), Feud (2017), Sharp Objects (2018), Watchmen (2019) y Chernobyl (2019) son algunos de los títulos que confirman este hecho. A esta sagrada lista se suma Normal People (2020), el mejor producto televisivo de lo que va de año.

Normal People es una serie limitada producida por la plataforma estadounidense Hulu y la cadena británica BBC 3, dirigida por Lenny Abrahamson (director de Room) y Hettie Macdonald, y basada en el libro homónimo de Sally Rooney.

¿De qué trata Normal People?

La historia se centra en Connell (Paul Mescal) y Marianne (Daisy Edgar-Jones), dos jóvenes que viven en un pueblo de Irlanda, y la evolución de su relación que abarca casi cinco años (desde la secundaria hasta la universidad).

Pero en realidad, Normal People puede ser vista como un retrato que captura el romance, la belleza, la intimidad y la brutalidad en su cruda representación de cómo se vive el primer amor entre dos jóvenes a comienzos de esta década. Su resultado es excepcional, desde su banda sonora a su eficaz y estilizada cinematografia. Normal People es una serie que se siente cercana para muchos además abarca muchos conflictos propios de la edad y de las circunstancias que viven los personajes que hace que los espectadores se identifiquen, destacando la dificultad emocional de las primeras relaciones pero sin subestimar a la audiencia.

Una narrativa simple pero eficaz

La narrativa en sí es muy simple, ya que emplea una línea de tiempo continua que en la mayoría de las ficciones románticas suele funcionar (véase La La Land o A Star is Born). Incluso mucho de los elementos de la historia son tan conocidos que pueden ser comparados con la historia de amor más influyente de todos los tiempos: Romeo y Julieta. Connell y Marianne son dos amantes desventurados de diferentes familias y grupos sociales que deben ocultar su relación de su familia y amigos. Sin embargo, lo que hace que Normal People sea tan especial es que Sally Rooney (quien también participa como guionista) no se queda en la superficie y, de hecho, aprovecha esa narrativa simple para alcanzar una nueva profundidad y permitir que el espectador se involucre de una forma más intima cuando decide apuntar a todos los temas que abarca.

Por ejemplo, los problemas con la clase y la riqueza se sienten mucho más fieles a la vida real que otros programas de televisión y películas donde los niños ricos son automáticamente los malos (Mean Girls) y los pobres son automáticamente los marginados (A Walk to Remember). Lo que hace esta serie de una manera impecable es demostrar que la personalidad o los conflictos psicológicos de las personas no están dictados por su posición social, al contrario, son factores que se encuentran arraigados al entorno en el que los personajes que se rodean. En este caso, Marianne es la marginada en la escuela que viene de una familia rica pero disfuncional y que ha sido testigo de violencia doméstica mientras que Connell parece tener mayor facilidad para agradar a las personas a pesar de que su mamá trabaja como doméstica en casa de Marianne.

La narrativa hace bien en no ser condescendiente con el espectador mostrando altibajos, como lo difícil que pueden ser las relaciones jóvenes a pesar de los momentos de euforia; lo que siempre conduce a los momentos más crudos entre Connell y Marianne.

Una historia de amor ‘real’

Otro triunfo fue haber divido la historia en doce episodios, en lugar de adaptar el libro como película, esto beneficia a la evolución tanto de la historia como del tiempo en el que viven los personajes. Así mismo el no tener otras subtramas hace que nos enfoquemos de lleno en la historia de Connell y Marianne y nos involucremos más con los personajes y sus vivencias.

Las escenas íntimas, largas y ‘crudas’ consiguen el efecto de que el espectador se sienta como un intruso pero esto es debido a que la serie consigue que la relación entre ambos se sienta real y orgánica.

La música como un elemento imprescindible

La banda sonora es una mezcla única de nostalgia que incluye canciones de los últimos 20 años y con una amplia presencia de artistas irlandeses que sirve para capturar el sentido del lugar y la atmósfera presente en el libro.

Las productoras musicales Maggie Phillips y Juliette Martin dijeron que “no querían hacer vídeos musicales de cada escena”, querían aprovechar la música para que la historia se sintiera más auténtica y real. Y parte de esa autenticidad viene a través del uso de artistas de Irlanda para mantenerse fieles a la historia.

La banda sonora incluye artistas como Villagers, Soak, Lisa Hannigan y más; esto dramáticamente opuesto a la inclusión de temas de Frank Ocean, Carly Rae Jempsen y Selena Gómez que buscan ‘normalizar’ la serie, haciendo posible conectar con una audiencia más amplia que encuentra un paisaje musical en el espectáculo que refleja la música que escuchan; mientras enfatiza la música irlandesa que es la que realmente construye una atmósfera y da sentido de ubicación al espectáculo.

La fotografía es belleza y crudeza

La cinematografía de la serie encuentra, a través del lente de Susie Laval, su equilibrio entre una belleza estilizada con planos abiertos de paisajes y una belleza cruda que usa ángulos tan cerrados donde no puedes ver bien lo que está pasando y no puedes ver la expresión en el rostro del personaje,  obligando al espectador a entender lo que está ocurriendo solo a través de las palabras.

El estado de la relación entre Connell y Marianne también está determinado por la fotografía. Cuando más estables se encuentran y hay una mejor sincronía entre ellos la cámara suele enfocarlos a ambos en mismo plano; cuando la comunicación se convierte en un inconveniente, siempre hay planos separados, incluso cuando están en un mismo lugar. Otro plano muy narrativo en cuando la cámara se posa detrás de los protagonistas y nos permite ver la escena desde su perspectiva.

Todo esto se conjuga en una historia cuya simpleza hace que el espectador se conecte de una manera muy fácil, intimista, y que incluso pueda identificarse, no solo a través de la relación amorosa sino de los conflictos que acarrean a la juventud como el futuro, la ansiedad, la soledad, la familia. Todo esto a través de una estética muy hermosa, limpia y cruda a partes iguales y la interpretación de dos actores, Paul Mescal y Daisy Edgar-Jones que se desnudan (literalmente) frente a la cámara para dar vida a dos personajes cuya historia de amor está marcada por los altos momentos de pura euforia y los de melancolía que son los detalles que engrandecen, aun más, la mejor serie del año.

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