Crítica: Emily in Paris – La definición de ‘placer culpable’

Durante mucho tiempo, estaba en contra del concepto ‘guilty pleasure’ o ‘placer culpable’. Esta frase se le acuña a aquellas series o películas que gustan a alguien pese a no ser del todo buena. Pero la percepción es subjetiva y si algo nos da placer, no deberíamos sentirnos culpable por ello. Twilight, Gossip Girl, las precuelas de Star Wars, son algunas de las producciones que se ganaron este calificativo. Luego está Emily in Paris. El auténtico placer culpable. Los trabajos previamente mencionados solían tener un grupo de fanáticos y detractores , prácticamente, a parte iguales. El caso con Emily in Paris es diferente. Podemos decir que todos estamos de acuerdo en que no es una buena serie y aún así no podemos dejar de verla.

Su primera temporada fue ampliamente criticada por su representación estereotipada de los franceses, su escritura cliché y una protagonista tan encantadora que rayaba en la caricatura; luego generó mucha polémica debido a las dos nominaciones que obtuvo en los Globos de Oro (y posteriormente en los Emmy). a pesar de todo ello, la serie es una de las más populares de Netflix, y la plataforma decidió renovarla por tres temporadas más.

La segunda temporada era la oportunidad perfecta para redimirse. El público más objetivo esperaba que los guionistas corrigiesen los errores más garrafales de la primera y así conceder un show más sólido en esta ocasión.

Todo fue a peor.

Emily in Paris se ha convertido en una parodia de sí misma, porque ha decidido tomarse muy en serio sin detenerse un segundo en enmendar lo que estaba mal en primer lugar. Es risible, es vergonzosa y es tremendamente entretenida. Ni siquiera así podemos dejar de verla, y por supuesto que esperamos las dos temporadas restantes pero ¿por qué?

Emily in Paris es el auténtico placer culpable

Es normal que todas las chicas en plenos veinte años haya deseado aprender francés y mudarse a Paris, tan pronto haya terminado de ver la primera temporada. Porque eso hace Darren Star (creador de la serie), quien tambió creó Sex in the City. Nos maquilla un guión trillado y ridiculamente cliché, con todo el resplandor de un variopinto vestuario y las espectaculares calles parisinas.

Emily in Paris es la historia de Emily Cooper (Lily Collins), una empleada de gran espíritu de una empresa de marketing de Chicago que tiene la oportunidad de ser el punto de vista americano en una empresa de marketing parisina recién adquirida. Los primeros diez episodios siguen a Emily mientras se reúne con clientes potenciales que son jefes de marcas de lujo en París. En cada encuentro con un cliente, Emily les explica el potencial que tienen las redes sociales para hacer que el lujo sea accesible a todo el mundo o crea contenido para su propia página de Instagram, @emilyinparis, que está creciendo.

Un excéntrico diseñador de moda, un arrogante profesor de filosofía y un espeluznante perfumista son solo algunos ejemplos de los personajes que se encuentran en la serie. La trama de la primera temporada está estructurada como una auténtica aventura con múltiples lugares que visitar y personas que conocer.

Camp inconsciente

Desde Thor: Ragnarok no había una mejor representación del género camp hasta que se estrenó Emily in Paris. La gran diferencia es que la película de Taika Waititi es muy auto-consciente y la serie protagonizada por Lily Collins no.

Emily es presentada como una chica perfecta. Es blanca, guapa, inteligente y siempre va a la moda. Sin embargo, lo que vemos es completamente distinto. Es guapa, pero insípida y lo de ‘ir a la moda’ está en tema de juicio, porque su vestuario es espantoso. Se supone que son innovadores, pero en realidad son patéticos. Y tampoco es muy inteligente, siempre está cometiendo atrocidades, en su vida personas y profesiona. Pero a diferencia de otras comedias con protagonistas antipáticos o moralmente ambiguos (como, «BoJack Horseman«, «Fleabag«), Emily nunca es condenada por el programa. Siempre tiene éxito en su trabajo. La gente quiere ser amiga de ella sin ninguna razón. Todos los hombres la desean. No hay repercusiones para sus horribles acciones. Se supone que debemos identificarnos con ella, que queremos ser ella.

La segunda mitad de esta temporada flota sin rumbo en el río Sena. En realidad, no hay mucha sustancia en nada y, más allá de un romance a medias con Alfie, no hay mucho más en lo que hincar el diente. El drama apenas se percibe, el romance se reduce a la mediocridad y no hay escenas dignas de mención, aparte de algunos chistes y decorados diseñados de forma creativa. La segunda temporada de Emily In Paris es un plato de ideas a medias y de decepcionantes callejones sin salida que culminan en un guión desordenado e inconsistente. De alguna manera, esto es peor que la primera temporada.

Con todo esto en mente: ¿Por qué, entonces, la serie es tan popular? ¿Por qué la gente volvió para la segunda temporada y esperan la tercera y la cuarta?

Tan mala que es buena

El atractivo de Emily in Paris es simple y eficaz: Presenta «une vie en rose«. Todos los elementos de la serie aprovechan el escapismo. La serie parece tener lugar en un día presente, aunque no sea el nuestro. No hay pandemia, ni máscaras, ni distanciamiento social, ni restricciones para viajar. Si te ves a ti misma en Emily, entonces su ropa, su trabajo y su romance te presentan una alternativa más encantadora. Si, como yo, estás viendo la serie con odio, igualmente sigues escapando a través de ella. Los directores de la serie saben que a veces es más fácil criticar la realidad de otros que examinar la propia. A pesar de lo mala que es la serie, disfruté viéndola, y probablemente volveré para las dos próximas temporadas. Emily en Paris no tiene por qué ser buena, sino que tiene que estar perfectamente empaquetada, y eso, inequívocamente, lo consigue.

NM
NM
Amante de las películas y las series. Intento de escritora. Entusiasta de la cultura pop

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