Hablar de una secuela podría ser sinónimo de fracaso, de un esfuerzo forzado de continuar una historia al punto de agotar los cimientos de su contenido original. Pero en muchos casos puede suceder lo contrario y arrojar un producto sólido, que expanda el material original y que a partir del paso del tiempo proponga algo que re interprete la historia como un apartado específico y completo. Blade Runner 2049 es esto y mucho más.

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Sin puntos medios

Antes de comenzar hay que advertir que el artículo contiene spoilers que podrían afectar tu primer vistazo de la cinta.

Blade Runner es una de esas películas aclamadas del cine de ciencia ficción, consagrada por haberle otorgado a Ridley Scott un logro considerable en el campo de efectos visuales para la época (1982), por cuestionar cuál sería la realidad de un mundo que colinda entre los límites del control, la tecnología y la réplica del ser humano.

Asomar la posibilidad de una secuela tras 35 años era muy arriesgado, por no decir suicida porque además involucraba a otro director, sin embargo, el proyecto salió adelante y contrario a lo que esperaban no es sólo un éxito, es otro nivel de cine.

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Al revisar las opiniones de la película puede contemplar un punto positivo en extremo o uno negativo destruyéndola o considerándola lo peor. En este caso me remito al primer apartado, a continuación les explicaré por qué.

Historia personal

Blade Runner para su época fue un hito en el cine, sus efectos y el relato que proponía tenían profundidad y cierto material considerable. Blade Runner no repite la fórmula decide no sólo mostrar el mundo que rodea a un cazador de replicants, sino de contar de forma personal cómo es su perspectiva del mundo, del control y ante todo: dotarlo de dudas.

K’ o mejor conocido como Joe (Ryan Gosling), encarna a un replicant que sigue órdenes y se resigna a vivir junto a un vestigio de felicidad, tiene un software que nos recordará al mero estilo de Her y que lo dotará de un sentido de pertenencia, de sentirse necesitado.

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El truco con respecto a ello reside en que el sistema sólo le responde lo que él quiere, se preocupa por él, nos hace creer que es su acompañante leal, pero se diferencia de ello al ser un producto de fábrica.

Aquí el control y la imitación son llevados a otro nivel, por instantes podríamos creer que se intenta recrear un 1984, pero no es así. La historia de Joe sólo tiene un fin: dotarlo de una identidad, hacer que cuestione todo lo que rodea y colocarlo al margen frente a sus recuerdos al preguntarse: “¿Puedo ser humano?”

Harrison Ford encarna a un personaje que se aleja de los estereotipos, es un huraño, se mantiene alejado del mundo al sacrificar todo lo que había ganado alguna vez, pero no si antes impregnarle de silencios que comunican mucho más que diálogos que significarían rebeldía.

La cinta se dedica en deconstruir la humanidad de Joe y sobre todo en utilizarlo como un mecanismo, en engañar al espectador y hacerlo cómplice de un pacto, sobre todo al no tratarse de un protagonista directo, tras descubrir que él no es el humano que creía ser.

Blade Runner 2049 podría ser pesada en algunas partes dado que en cierto punto le otorga a Joe la posibilidad de descubrir un mundo en torno a él, de contrastar lo que es real y lo que no.

Villeneuve hace un trabajo colosal en materia de ciencia ficción, hace varias críticas sociales pero no de materia frontal, sino que más bien permite que el público sea quien juzgue y saque conclusiones. Con respecto al cast cumplen sumamente bien, al igual que el apartado visual que tiene un peso considerable en el film, que le otorga una personalidad y un espacio tal como si fuera un personaje más.

Deben verla pero tengan paciencia, vale la pena.

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