Cuando en 2016 se estrenó Suicide Squad y la película acumuló un puñado de críticas negativas, parte de su equipo y una porción del público a favor culpó a Rotten Tomatoes de tal debacle. Para los acusadores resultaba difícil entender que Rotten Tomatoes no ejerce ninguna influencia en la crítica o el público, al contrario sirve como ventana para que todo el que ha visto una película pueda darle un porcentaje de aprobación y así obtener un número de media. Dejando el tecnicismo a un lado, cuando la película ha gustado es cuando obtiene un alto porcentaje –certificado fresh– y cuando no pues ya conocemos los resultados. Sin embargo, este verano ha quedado claro dos cosas: uno, Hollywood sí sabe como funciona Rotten Tomatoes; dos, no les interesa. Cuando una película es bien recibida se vale hacer alarde del certificado (y el prestigio que conlleva) otorgado por la plataforma, cuando la película no gusta “rotten tomatoes tiene la culpa”.

El labor day de 2017 (primer lunes de cada septiembre el cual es festivo porque celebra el día del trabajo) ha dejado la recaudación más baja en taquilla desde 1999 (y eso que el 2016 también fue bastante mal) pero los estudios son incapaces de hacer un examen de conciencia y empezar a ratificar sus problemas, esos que han causado ellos mismos. Después de todo este verano también ha servido para corroborar otro acontecimiento: Hollywood no está listo para admitir sus errores y con el desenvolvimiento en los pasados meses se ha puesto en evidencia. Los grandes estudios han apostado a la cantidad sobre la calidad y el público (que bastante han subestimado) ha dicho no.

Si Hollywood no quiere enfrentar sus equivocaciones entonces es mejor desglosarlas para demostrar como ellos son los únicos culpables de sus batacazos y como está, por supuesto, en sus manos remediar la situación.

LAS TEMIDAS SECUELITIS

Muchos fatalistas pueden apuntar que el cine está muriendo a causa de las secuelas pero la verdad es que no todas las secuelas son malas. Malo es dar por hecho que cuando una película gusta el público quiere ver más de lo mismo. A veces es así, cuando la producción se toma la molestia de crear una buena cinta y sobre todo respetar (o mejorar la original) como ha sido el caso de Wonder Woman o Spider-Man Homecoming mucho mejor que sus respectivas sucesoras, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 que ha mantenido el tono de la primera entrega o Mi Villano Favorito 3 cuya fórmula (tontorrona o no) ha dado para cuatro entregas; en el otro extremo están esas secuelas que han sido concebidas con la única finalidad de recaudar los $1000 millones de dólares que ha hecho su sucesora por lo que da igual si consisten solo en hora y media de chistes malos, tensión forzada, estrellas reconocidas y mucha chatarra volando como Transformer 4 o Piratas del Caribe 5; en otras ocasiones ni el hecho de sentar las bases de nuevos universos cinematográficos sirve para que el estudio muestre interés que no sea solo monetario como Power Rangers, La Torre Oscura, Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas, Ghost in the Shell o La Momia; o películas que nadie ha pedido sobre historias que ya han contado mil veces antes como El Rey Arturo de Guy Ritchie.

LAS ESTRELLAS NO VENDEN, TODO LO DEMÁS SÍ.

El 2015 significó el año con mejores ingresos de la historia para Universal, gracias a títulos como Cincuenta Sombras de Grey, Pitch Perfect 2, Straight Outta Compton y Trainwreck; ningún títulos apela al nombre de alguna estrella para vender o Furious 7 y Jurassic World que de igual manera hubiesen recaudado $1500 millones de dólares aunque sus protagonistas no fuesen Vin Diesel y Chris Pratt porque el peso de los títulos sobre pasa el de sus protagonistas. El mencionado año deja en evidencia como una buena historia (en el caso de Straight y Trainwreck) o el objetivo de complacer a un público determinado (Grey, Pitch Perfect) funcionan para vender una película.

Sin embargo Universal parece haber olvidado la lección y este año ha decidido iniciar su primer universo cinematográfico ¿original? con La Momia, donde ha puesto a la cabecera de los créditos a Tom Cruise y Russell Crowe, dos superestrellas, que llevaron todo el peso de una historia carente de alma, de estilo propio y de interés por contar realmente algo, así como de una promoción insaciable que se basó únicamente en recordar que Johnny Depp, Javier Bardem y posiblemente (!) Angelina Jolie también se sumen en entregas venideras. Los resultados en taquilla fueron estrepitosos. Ya nadie quiere ver estrellas en la gran pantalla al menos de que tengan una buen historia detrás.

LA FALTA DE DIVERSIDAD

El top 10 de las películas más taquilleras de lo que va de año muestra como 4 películas están coprotagonizadas por mujeres (La Bella y la Bestia, Wonder Woman, Rápido y Furioso 8, Guardianes de la Galaxia, Vol. 2) solo uno cuenta con una protagonista femenina definitiva (Wonder Woman) y solo dos están protagonizados por actores no caucásicos (Wonder Woman y Rápido y Furioso 8). Casualmente Wonder Woman, la única película que coincide en los tres grupos es la película más exitosa de DC en los últimos años tanto en rentabilidad como en fenómeno cultural. Así como las estrellas ya no son sinónimo de taquilla, el patrón de los personajes principales (masculino, blanco, heterosexual) tampoco lo es.

Disney puede alardear de su Gaston homosexual en La Bella y la Bestia pero el gran paso en pro de la diversidad lo dieron cuando decidieron poner a la cabeza de Star Wars (la saga más famosa y millonaria de la historia) a una mujer, un negro y un hispano. Y a pesar de ello (más que nunca) el mundo siguió girando. Y si hablamos de rentabilidad en 2017, entre las películas que han generado más ingresos a sus estudios están Get Out (duplicando su presupuesto 3800%), 47 Meters Deep (704%), IT (661%), Girls Triple (504%), cuyos protagonistas son afroamericanos, niños y mujeres.

EL ESPALDARAZO A LAS HISTORIAS ORIGINALES.

Para interpretar este punto hay que exponer las 10 películas que han generado mayor pérdida a sus estudios:

1. King Arthur: Legend of the Sword -77.6% ($175M budget)

2. Valerian and the City of a Thousand Planets -77.2% ($177.2M budget)

3. Monster Trucks -73.3% ($125M budget)

4. The Great Wall -70.0% ($150M budget)

5. Ghost in the Shell -63.1% ($110M budget)

6. xXx: The Return of Xander Cage -47.1% ($85M budget)

7. Transformers: The Last Knight -40.0% ($217M budget)

8. The Mummy -36.0% ($125M budget)

9. Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales -25.0% ($230M budget)

10. Smurfs: The Lost Village -25.9% ($60M budget)

Y también a las 10 películas más rentables de lo que llevamos de año:

1. Get Out – 3800%

2. Split – 1534%

3. The Big Sick – 754%

4. 47 Meters Deep – 705%

5. IT – 661%

6. Annabelle: Creation – 574%

7. Girls Trip – 504%

8. Despicable Me 3 – 227%

9. Baby Driver – 216%

10. Beauty and the Beast – 215%

Evidentemente Hollywood no tiene impedimento alguno al momento de dar $ 100 millones para algún proyecto, aun cuando se tratan de franquicias que comienzan a mostrar signos de cansancio o adaptaciones que, pese al interés que despierta el material original están lejos de capturar al espectador medio. De las 10 películas que mayor pérdida han generado este año, solo 2 son historias originales (Monster Trucks, The Great Wall). El público quiere entretenimiento de calidad, y eso se percibe cuando vemos que entre las películas de mayor rentabilidad 6 son historias originales, con pequeños presupuestos pero con la capacidad de entregar al público contenido de calidad. Y la calidad se consigue no con el dinero sino con el ensamblaje de la producción. Un ejemplo comparativo es el desempeño en cartelera (y como fenómeno cultural) que ha significado IT frente a The Dark Tower, ambas adaptaciones de Stephen King.

Hollywood ha pasado años subestimando al público, un público que puede abrazar franquicias enteras, blockbusters o películas originales e independientes siempre y cuando sean entretenidas y de calidad, en el mejor de los casos, ambas. Hoy American Beauty no haría los $ 300 millones que hizo cuando se estrenó en 1999 no por la falta de interés del público sino por la falta de coraje de los estudios de invertir en historias originales. Es hora de dejar de decidir lo que el público debe ver y comenzar a detallar las señales de lo que realmente les interesa.

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