Contestar el teléfono  y en lugar de escuchar el “hola” acostumbrado, oír sólo un sollozo y un murmullo que no sabes como interpretar, así que reaccionas diciendo el nombre del contacto: “Amelia, ¿estás bien?”

Amelia:  No, ya fue todo. Ya no somos nosotras. Yo, ya…  la dejé.

Yo:  Entonces si tú la dejaste, ¿por qué lloras? – pregunté confundida.

Amelia:  Porque ya no podía más, tantas dejaciones, problemas, discusiones sin sentido, celos absurdos, ayer por poco me golpea. Fue a mi casa e inventó cosas. Simplemente ya no podía.

Yo:  ¡Oh! ¿Y qué vas a hacer, ahora? – pregunté, en un intento por contestar.

Amelia:  No sé, no dejo de llorar, estoy triste, todo me recuerda a ella, las canciones, las películas, incluso dormir, sabes que dormíamos juntas y ayer que volví a dormir sola sentí mucho frío, ya no hay nadie que me abrace.

Yo:  Ya veo, sin embargo no puedes hacer nada, sólo superarlo y seguir adelante, yo te advertí que tenias que salir corriendo de ahí mientras podías y ve, ahora estás llorando y sin idea de qué vas a hacer.

Amelia:  Lo sé, al fin y al cabo eres bruja – sigue llorando – fue un grave error… ella tuvo la culpa

Yo:  No mientas, te metiste ahí sola, por tu propia voluntad, ni te obligo ni te amenazó, sabías las consecuencias porque yo te las dije, fue tu decisión, lo disfrutaste, ahora sigue de frente, con la cara en alto y asume las consecuencias de tus actos. Sé que estás triste, que te duele y que quieres que pare, pero no va a ser tan simple. Si tienes que llorar, llora, si quieres gritar, grita, haz lo que te venga en gana y asume las consecuencias de eso.

Amelia:  Es que ya estoy cansada de llorar, ayer me dormí llorando.

Yo:  Entonces ya no llores – fue mi seca respuesta.

Amelia:  ¿Se puede? – me preguntó, sorprendida.

Yo:  Sí, pero se necesita una fuerza de voluntad que muy pocas personas tienen, y sinceramente ahorita no creo que tengas esa fuerza de voluntad. Insisto llora, grita, golpea, rompe, destruye, saca todo lo que sientes, la tristeza, el odio, el dolor, la rabia, TODO, y ya pasando los días o meses verás todo con claridad.

Amelia:  Eso espero, veré que voy a hacer, al fin y al cabo no estoy sola mi familia me ha apoyado desde que llegué llorando a la casa.

Yo:  No estás sola, puede que te sientas así, pero no estás sola. Siente lo que tengas que sentir y después ya veremos qué pasa.

Amelia:  Está bien – dijo y colgó.

Entonces caigo en cuenta de que otra vez lo volví a hacer, volví a decir te lo dije cuando no tenia que decirlo, en lugar de apoyarla, la regañé, en serio no sirvo para esto de las amigas lloronas y con el corazón roto.

Y empiezo a recordar con miles de flashbacks cuando la que estaba llorando con el corazón en la mano era yo,  cuando me dijeron: “No, lo siento. La elijo a ELLA” y me rompieron el corazón, el alma, me dieron en toda mi madre, mi mundo colapsó y, sin embargo, llegué a mi casa, sonreí y me encerré en mi habitación y ya no recuerdo si lloré o no.  Solo algo es seguro, nadie se enteró, a nadie le dije.

Era mi amor, mi corazón, mi relación, mi historia, mi vida, mi dolor, y no lo iba a andar repartiendo, mis lágrimas fueron solo mías hasta que ya no pude y en un parque me quedé llorando mientras llovía y todos corrían, mientras en mi cabeza retumbaban las palabras: “No, lo siento. La elijo a ELLA, a ELLA”, como un eco que sólo busca atormentarme.

Instintivamente volví a marcarle, esperando que me contestara sonó más de 4 veces cuando estaba a punto de colgar:

Amelia:  ¿Qué pasa, Lili?

Yo:  Se me olvidó decirte algo muy importante.

Amelia:  ¿Qué?

Yo:  Cuando tú me hablabas de ella, hablaba una mujer enamorada y feliz, una mujer que quería recorrer el mundo de la mano de la persona que amaba, que se interpuso a todos los que no aceptaban su relación,  porque tu creías en tu relación y en esa persona, de tu parte diste todo lo que podías, hiciste sacrificios que no muchos harían, al menos no yo – escucho como se ríe -, disfrutaste tu relación sin dar ni esperar nada a cambio, por tus venas corría sangre de mujer enamorada, estabas y estás enamorada, sino no te dolería, amas y eso es lo importante. A lo mejor y no fue lo que te dijo que era y te vendieron gato por liebre, te terminó traicionando y lastimando, sin embargo, tienes que agradecerle que te enseñó lo que es amar, hicieron el amor, viviste amando cada día a la persona con la que despertabas y el dolor que estas sintiendo ahorita, que te desgarra y parte en dos, sólo lo puedes sentir por que amas, es el único dolor producto de un sentimiento tan noble y entregado como es amar, disfruta tu dolor porque no vas volver a sufrir con esta intensidad por un amor.  Así es esto y aunque suene a sentencia, de una vez te lo digo, van a poder pasar muchos años, escribirás muchas historias y nunca olvidarás al primer amor, incluso habrá veces en que solo quieras saber como está, y sentirás emoción al saberla cerca, el primer amor no se olvida, la ventaja es que aprendemos de nuestros errores y la siguiente vez que te enamores, amarás mejor, puede que con la misma intensidad que a tu primer amor, puede que más o puede que menos, pero siempre mejor y si ya no encuentras a la persona adecuada, por lo menos habrás sentido una vez en tu vida lo que es amar y sentirse ama,  créeme no todos  pueden presumir eso, disfruta lo que sientes y lo que sentiste.

Después de un silencio incómodo, seguí: Tal vez no es muy alentador pero es lo que me faltó decirte, espero te sirva de algo.

Amelia: Gracias,  si me sirvió.  – fue todo lo que contesto ya más calmada, sin tanto llanto y me colgó.

Me quede acostada en mi cama, pensando que habrá sido de él…

 

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Netikerty
Ni bipolar ni sarcástica, neurótica hasta el grado del placer que no sé distinguir entre lo prohibido y tu sangre, mi mejor arma las palabras. Besos tronados para todos. Pd. Los veo en mi casa, no crean que es tan caliente como dicen ya tenemos aire acondicionado.

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