Nada pasa por casualidad, ningún encuentro, ninguna mirada con la que nos cruzamos a lo largo de la vida. Cada persona que se cruza, trae consigo una lección importante, algo que nos hace falta aprender para poder seguir adelante.

Cada una de esas personas con la que tenemos contacto, son personas con las que previamente se dice que hemos establecido un “Acuerdo de Almas”. ¿Qué cosa es eso? Bueno, significa que tiempo atrás estando en el plano donde nos encontramos antes de nacer, en el Reino de las Almas, prometimos tener un encuentro especial en el plano terrenal. Prometimos compartir un momento de la vida, modelar la experiencia, encontrarnos.

Estos acuerdos son compromisos para hacer crecer nuestra alma al encontrarse con otra. Una vez pactado, si emprendimos nuestro viaje al mundo terrenal, esperamos de forma inconsciente esa alma con la que hicimos el pacto. Es el motivo por el cual en ocasiones sentimos una extraña conexión con otra persona, aun si no entendemos porqué la necesitamos en nuestra vida es como si la hubiéramos estado buscando.

Cada alma cuenta con su misión, algunas vienen al mundo para traer belleza, para ser fuertes, para brindar consuelo, para enseñar sobre paciencia, tolerancia, algunas para morir jóvenes y dar una lección a través de su pérdida, otras para vivir muchos años y así instruirnos con su sabiduría. Sin importar el rol que nos haya tocado jugar en la vida todos formamos parte de un mismo Destino Espiritual que nos ayuda a que nuestra alma crezca y así dirigirnos juntos a la unión final.

Así que recuerda, cada persona que conocemos, en situaciones buenas o malas, por un momento largo o un momento breve; cada relación que establecemos de la índole que sea, forma parte de una pequeña escena en el eterno conjunto cuyo fin es el Desarrollo del Alma.

De este modo, podemos asombrarnos y comprender el porqué no todas las personas forman parte de nuestra vida eternamente sino que se van una vez que cumplen un propósito. Algunos pactos son cortos y otros eternos, cada una de las personas entran en contacto con nuestra alma y la hacen crecer; no podemos ver ningún encuentro como un error o un fracaso en la vida, es más bien una lección.

Cada lección nos acerca más a nuestro rol, una aproximación a nuestra misión y a la realización del Plan Perfecto para el cual llegamos a la vida terrenal. Nadie es un extraño, sólo falta recordar porqué hicimos ese Acuerdo de Almas y ubicar, no el por qué sino el para qué de nuestro cruce de destinos.

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