Películas como Spring Breakers (2013), Under the Skin (2014), Ex Machina (2015) y The Witch (2016) tienen más hechos en común de lo que parece: todas despertaron fervor entre la crítica, tuvieron una recepción bastante calurosa entre el público a tal punto de convertirse en el fenómeno popular (cinéfilo) de sus respectivos años, a pesar de su minúsculo presupuesto tienen una producción apabullante. Y todas han sido distribuidas por A24. Desde su fundación (en 2012) la distribuidora se ha desvinculado del montón y ha demostrado con pruebas de sobra que su compromiso con el cine es real, que no les interesa el qué sino el cómo -cómo está hecha la película, cómo la siente el espectador- y así han invertido en más de 70 títulos en apenas 5 años. Títulos que han brindado originalidad, valentía y arte que el público (a gran o pequeña escala) ha recibido y ha disfrutado y, sobre todo, concuerda en que cuando el logo de la distribuidora abre los créditos de una película saben que las posibilidades de que lo que están a punto de ver sea pura genialidad son infinitas.

A pesar de su juventud, A24 se ha labrado una reputación envidiable trabajando con profesionales de primera, sean jóvenes promesas o veteranos, y sirviendo como ventana para que estos puedan mostrar sus trabajos más arriesgados que, probablemente, el cine mainstream no aprobaría. Tal es el caso de Emma Watson (The Bling Ring), Robert Pattinson (Locke), Dennis Villenueve (Enemy), Yorgos Lanthimos (The Lobster), Paul Dano o Daniel Radcliffe (Swiss Army Man). Así mismo como lo expresó James Franco: “ellos toman algo pequeño y delicado y les dan la atención y el cuidado que otros no pueden” o no quieren. Y “por ellos” Franco se refiere a los fundadores que se encuentran en cada decisión que ha tomado la empresa desde Agosto de 2012 cuando abrió por primera vez sus puertas en Nueva York.

Daniel Katz, David Fenkel y John Hodges no superan los 45 años de edad pero tienen unos historiales bastante interesantes. Katz quien formaba parte de Guggenheim Partners, una inversora global afianzada en Chicago, proporcionó el capital inicial para la empresa; Fenkel formó parte de Oscilloscope Laboratories, una distribuidora independiente de bajo perfil que ha adoptado títulos arriesgados como la triunfadora en Cannes La Meraviglie (2014) o la película experimental Howl (2010); mientras que Hodges fue miembro de Big Beach, otra distribuidora independiente, que ha estrenado películas más reconocidas por el público medio como Little Miss Sunshine (2006), Sunshine Cleaning (2008), Away We Go (2009) y más reciente Loving (2016). Los tres conforman el equilibrio perfecto con el que han conseguido conectar con la audiencia a través de la audacia de sus producciones en consonancia con la cercanía de sus historias.

En 5 años A24 ha evolucionado sin renunciar a su esencia, en cuanto a la variedad de sus historias, su abanico de talento e incluso su alcance en taquilla. En 2013, A24 Films -como se llamaba para aquel entonces- debutó con el género coming of age desde diferentes perspectivas: el drama bélico y las consecuencias de la guerra a través de la mirada de dos adolescentes con Ginger & Rosa, la representación más decadente de una generación millenial obsesionada con sus propios ídolos en The Bling Ring, la juventud pérdida de Spring Breakers y el primer amor que retrata de una manera bastante singular The Spectacular Now. En 2014 la distribuidora mantuvo ese young spirit con comedias como Obvious Child y Laggies y abrazó dos nuevos géneros -la ciencia ficción y el thriller- con cintas valientes como en cuanto a propuesta como Enemy, Under the Skin y Locke. Entre 2015 y 2016, A24 atinó en albergar sus mayores éxitos como While We’re Young, Ex Machina, Amy, Room, Swiss Army Man, The Witch, The Lobster, 20th Century Women y su primera producción Moolinght. Con este puñado de trabajos la distribuidora ha acumulado una gama bastante amplia de reconocimientos entre los cuales destacan casi 20 nominaciones al Oscar y un total de siete estatuillas.

A24 tiene confianza plena en sus historias, la verdadera columna vertebral de sus películas, la verdadera estrella principal porque como ha reconocido su propia gerencia, varios de sus mayores éxitos (The Witch, Ex Machina y Moonlight) no cuentan con superestrellas entre sus repartos. “Tienen muy buen ojo para esas pequeñas películas con historias únicas que de no ser por ellos no conseguirían ser estrenadas en pantalla grande” admite Colin Farrell quien ha trabajado en conjunto con la distribuidora en dos ocasiones, con The Lobster y The Killing of a Sacred Deer, ambas de Yorgos Lanthimos. Las palabras de Farrell son un hecho palpable cuando vemos que en dos años cinco de sus películas (Room, Ex Machina, The Lobster, 20th Century Women y Moonlight) han competido como mejor guión en los premios de la Academia, pero en realidad la cantidad de nominaciones acumuladas es probablemente el suceso menos trascendente respecto a la revolucionaria relación que ha mantenido A24 con los académicos frente a lo que significa en peso histórico los logros de Ex Machina al convertirse en la ganadora de mejores efectos especiales con el presupuesto más bajo (20 millones de dólares) y Moonlight al ser la película más barata (8 millones de dólares), la primera película LGBT y la primera con un reparto netamente afroamericano en ganar el Oscar a mejor película.

Este éxito entre los académicos o las diferentes asociaciones se debe a que el objetivo de A24 no es ganar premios o estatuillas o conseguir distribuir un título con muchos talentos de renombre, es darle visibilidad a pequeñas joyas que en otras circunstancias pasarían desapercibidas. Cuando Sofia Coppola estrenó The Bling Ring en Cannes, Harvey Weinstein llamó alarmado al representante de la directora por el hecho de que la directora haya cedido los derechos de sus películas a “unos nuevos” -A24 Films- y no a The Weinstein Company, la diferencia abismal entre ambas compañías es que una iba detrás de el nombre de la directora y la otra iba tras su trabajo.

Para obtener los derechos de Spring Breakers en 2013 la junta directiva de la distribuidora (con ayuda de los pasantes) hizo una pistola de vidrio con el logo de la película grabado en esta, la colocaron en una cesta y personalmente se la entregaron a Megan Elisson (una de las productoras de la película) para ello tuvieron que pasar por el aeropuerto y ser casi arrestados por cargar una pieza de arte con forma de arma. Esa pasión con la que van a por las películas les ha llevado a convertirse en la distribuidora más innovadora de los últimos años. Su pasión por las películas les ha permitido conectar con el público, los primeros a quienes buscan complacer y de hecho tal como lo admiten los fundadores, de no haber tenido éxito con Spring Breakers no hubiesen hecho campaña pero la película se vio y gustó. Agotó entradas en varias noches de funciones “parecía un concierto” y aunque la película solo se quedó en cuestión de circuitos -James Franco consiguió seis premios, uno de los más reconocidos ese año- sirvió como abreboca ante los éxitos cosechados después.

Este año A24 tiene cuatro películas que suenan como favoritas para la temporada de premios: el drama social The Florida Project, el thriller The Killing of a Sacred Deer, la opera prima de Greta Gerwig Lady Bird -una coming of ages de esas que ya son marca personal de la distribuidora- y la comedia The Disaster Artist que sirve como carta de amor a los soñadores y al cine (bueno o malo) que después de todo podría servir como reflejo a lo que realmente es A24, una compañía que sobre todas las cosas ama el cine y que con su larga lista aciertos y pequeñas decepciones ha sabido capturar el interés de todos y ha dibujado una delgada línea entre el público que busca encontrar en las películas entretenimiento y el público que busca cine de calidad.

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