El 31 de marzo de 2017, Netflix estrenó 13 Reasons Why, serie que en cuestión de horas, literalmente, se convirtió en un fenómeno en las redes sociales. La primera temporada, compuesta de trece episodios, contó la historia de Hannah Baker, una adolescente que decide quitarse la vida por trece razones que cuenta en unas cintas que graba antes de su muerte y que posteriormente llegarán a manos de los presuntos responsable de tal decisión. La serie tuvo más de tres millones de menciones en twitter en su primer mes en la plataforma y aunque Netflix nunca dio a conocer la cifra de reproducciones que tuvo la serie, se sabe con certeza que se convirtió en uno de los trabajos de ficción con mayor repercusión el año pasado. Tanto que medios de todo el mundo debatieron durante meses si las intenciones de la serie eran del todo buenas porque aunque muchos defendieron el tratamiento de la historia, otros argumentaron que la serie glorificó el suicidio.

Independiente de la recepción, Por 13 Razones trajo a debate no sólo el suicidio, segunda causa de muerte entre jóvenes de 18 y 24 años en Estados Unidos, también temas de fuerte repercusión entre los adolescentes como el mal uso de las redes sociales, invasión de la privacidad, el abuso sexual y el fácil acceso a las armas, otro mal que aqueja directamente al país gobernado por Trump. De hecho, sus creadores, a sabiendas de la delicadeza de cada uno de estos temas, decidieron ampliar el tratamiento de cada uno en esta nueva temporada, vinculada directamente con su antecesora y de esta forma en su segunda temporada se afianza como un llamado de advertencia para jóvenes y para adultos y hay razones, esta vez ocho y no trece que lo corroboran.

A partir de ahora habrán SPOILERS.

Recibir ayuda especialista cuando se requiere

En la primera temporada Skye, la mejor amiga de la infancia de Clay, confiesa que se autelesiona, su historia deja entreabierta la posibilidad de ser el lado B de los hechos acontecidos alrededor de Hannah: aun no es tarde para Skye y en efecto logra salir adelante de sus problemas. Los desórdenes emocionales de la adolescente tienen una explicación médica, es bipolar, y por ende puede recibir un tratamiento para mejorar. Skye recibió la ayuda adecuada cuando fue necesaria y su historia tuvo un final distinto al de Hannah.

El peso de las etiquetas

En esta temporada la base de la historia es el juicio entre Olivia y Andy Baker contra Liberty High School; de tal manera los flashbacks vuelven a ser un recurso vital en la narración tal como lo fueron en la primera temporada donde acompañaban las cintas de Hannah, solo que está ocasión ilustran los testimonios de los personajes que episodio tras episodio pisarán la corte para narrar su versión de los hechos. El tercer episodio, centrado en Jess, es uno de los más certeros ya que refleja el uso de las etiquetas y el fácil señalamiento que predomina en la cultura de (casi) todas las secundarias, escuelas, liceos, preparatoria, instituto o como se le conozca en cualquier lugar del mundo.

Muchas veces los adolescentes suelen llamar a modo despectivo a sus compañeros, con adjetivos sobre su apariencia física, sucesos en los que se han visto inmiscuidos o cualquier otro factor sin tener conciencia de la repercusión que pueda llegar a tener. Jessica, víctima de una violación, se convierte en la mala de la historia a ojos de sus compañeras. Hay una escena vital para entender como el sexismo y la doble moral van de la mano cuando Justin Foley le dice que el ha salido con muchas chicas y eso lo convierte en un ganador, mientras que Hannah besó a un chico, tuvo relaciones con otro y se enamoró de alguien más y eso la convierte en una cualquiera.

La cultura del abuso escolar

Las etiquetas, las burlas, los señalamientos son una porción del acoso escolar, un mal real que también habita en la mayoría de las escuelas. Aunque por varios años las campañas contra el acoso escolar se han incrementado, muchas instituciones, que son cómplice del problema tienen mucho que aprender. Si un joven es víctima del acoso, instantáneamente se llega a la conclusión que es él quien “debe cambiar” o “debe aprender a defenderse”, cuando en realidad son los acosadores los que necesitan ayuda. El incompetente consejero de Liberty High, en busca de su redención, pretende proteger a sus alumnos, interviniendo cuando los ve en situaciones sospechosas y aun así es incapaz de enviarlos a una clase de “jóvenes problemáticos” a donde si envía a Tyler Down, un chico que se enfrenta a la culpabilidad por la muerte de Hannah, la frustración y sobre todo el hostigamiento de sus compañeros.

La desequilibrada balanza de la justicia

Lejos de ser una serie perfecta, Por 13 Razones sí que consigue ser un producto de entretenimiento pero a la vez un reflejo de las carencias de la sociedad y para ello debe ser cruda, realista y fiel a lo que se ve en el mundo real aunque su final haya dejado con mal sabor de boca a más de uno. En el penúltimo episodio hay dos veredictos vitales para entender el sistema de justicia que domina Estados Unidos y gran parte del mundo. Primero, la impunidad y la frialdad alrededor de los suicidios en adolescentes donde claramente la gerencia de la secundaria tuvo repercusión en la decisión de la protagonista. Segundo, el caso de Bryce y Justin. Secundando eso de que en la cárcel no hay culpables o inocentes sino pobres vemos como Bryce, de buena familia, es puesto en libertad condicional tres meses después de su arresto por haber violado a Jessica y Hannah, solo los casos conocidos, mientras que Justin, pobre, paga seis meses en un correccional por haber sido cómplice de una de las violaciones y tras haber declarado su culpabilidad.

Las adicciones

Y hablando de Justin, el tratamiento del personaje en la segunda temporada es desolador. El chico quien viene de un hogar roto, como vemos en la primera temporada, termina deambulando en las calles, viviendo de limosnas y adicto a la heroína. Después de su regreso y tras recibir la ayuda de Tony, Sheri y los Jensen e incluso acudir a rehabilitación, la última escena de Justin es él recayendo en el vicio. Caer en las drogas es fácil, salir es mucho más complicado.

El rol vital de la familia

En el penúltimo episodio, vemos como Bryce de niño, ayuda desinteresadamente a Justin, quien desde pequeño ha sido víctima de las adicciones e inestabilidad de su mamá. Lo que nos dice que claramente nadie nace siendo malo, otros factores influyen para definir la personalidad de cada quien incluyendo la familia. Bryce le reclama que él siempre ha sido un extraño, siendo un joven acostumbrado a todo excepto la atención de sus padres. La mamá de Justin le confiesa que ella no quería esa vida, de las adicciones, para él pero Justin no conoce otro mundo.

La falta de comunicación entre padres e hijos también es decisiva como en la relación de Clay y sus padres quien no se siente cómodo de habla con estos temiendo no ser comprendido. Incluso vemos como los problemas entre Olivia y Andy influyeron en la estabilidad de Hannah o como Olivia, en el juicio de su hija, descubre muchas cosas que desconocía de esta, cosas que ella misma, sin intención, no permitió que Hannah le contara teniendo una respuesta antes de las preguntas.

La insensibilidad de la sociedad hacia los abusos sexuales

Los abusos sexuales es uno de los temas de mayor relevancia dentro de la temporada y uno de los mejor desarrollados porque decide retratarlo desde varios ángulos. Primer enfoca como las víctimas lidian con las consecuencias: Jessica y Nina buscan seguir adelante aunque el mundo (y la sociedad) se les venga cuesta arriba, cómo tratan de desentenderse del adjetivo “víctima” y sobre todo cuan difícil es hablar cuando no hay sistema judicial que les brinde justicia o cuando se tiene las de perder; luego está el miedo interpretado como complicidad como es el caso de Chloë.

La actitud de los compañeros de Jessica hacia esta es un retrato de la insensibilidad de la sociedad, de la doble moral y como muchas veces las víctimas son sometidas a una humillación inmerecida.

En esta temporada también han retratado los abusos sexuales en jóvenes. La escena donde Tyler es violado por sus compañeros ha sido calificada de innecesaria por un sector del público. Cuando el episodio inicia advierte que debido al contenido de las escenas, el episodio va dirigido al público adulto y la verdad es que los adolescentes no tienen necesidad de verlo, conviven con asaltos de este tipo a diario, pero los adultos que después de todo administran escuelas y llevan la batuta del sistema judicial necesitan comprender la magnitud de los problemas y dejar de ver al otro lado.

El tratamiento banal hacia el suicidio

Esta nueva temporada toma lugar cinco meses después de la muerte de Hannah y tiene continuidad con los hechos vistos en la primera entrega. El desenlace del juicio y por ende de gran parte de la serie dejó con mal sabor de boca a más de un espectador pero el mensaje tras el veredicto es importante. 13 Reasons Why trata de reflejar tanto lo bueno como lo malo, y es verdad que tiende a inclinarse por lo segundo, y lamentablemente el consenso visto en el penúltimo episodio es el que se asemeja a la realidad. Que la Secundaria Liberty quede libre de toda culpa refleja la indolencia de la sociedad respecto al suicidio en contraste con la frialdad provista por la misma administración de la institución.

En la primera temporada el personaje de Clay Jensen grita a su consejero “obviamente el suicidio si es una opción” cuando este le sugiere que hay otras alternativas. Es esa negación constante respecto al tema lo que carcome la verdadera posibilidad de ayudar a la juventud inmersa en problemas emocionales como Hannah y otros personajes (Alex, Clay) que por un momento en la primera temporada pensaron quitarse la vida. Esa negación, que se acentúa en la segunda temporada cuando varias veces dicen que hablar sobre el tema está prohibido en Liberty, es peor que quedarse con los brazos cruzados. Otro final hubiese desencajado con el propósito de la serie por lo cual se trata de otro acierto.

El necesario control de armas en Estados Unidos

Tyler Down cobra interés gracias al tratamiento del personaje. Claramente alterado por los hechos relacionados a Hannah Baker, la frustración de cara al juicio y el hostigamiento por parte de sus compañeros, Tyler recibe ayuda especial alentada por su consejero (aunque a sus acosadores no se les somete a castigo en ningún momento) el personaje parece evolucionar en buena forma y de regreso a Liberty busca dialogar con sus compañeros cuando es embestido por estos y sin embargo el desenlace es fatal. Tyler, impotente y sin recursos decide tomar la justicia por sus manos ¿cómo? Matando a todos sus compañeros y allí Por 13 Razones vuelve a encender las alarmas porque en Estados Unidos se han registrado más de doscientos tiroteos en secundarias en los últimos años motivado a que el país adquirir un arma es tan fácil como adquirir una golosina. Casualmente el día del estreno de la serie, un tiroteo se suscitó en una secundaria de Florida. Y curiosamente el final de la serie, que ha quedado bastante abierto, está vinculado a las acciones de Tyler. Cabe esperar si en una supuesta tercera temporada se aboquen a tratar este tema y concienciar al respecto tal como hicieron en la primera con el suicidio en adolescentes.

La segunda temporada de 13 Reasons Why es más deficiente que su antecesora pero no está falta de buenas intenciones. Logra ser un material del mejor entretenimiento dando cabida a relaciones amorosas, amistades y una banda sonora que suena a gloria pero a su vez se las arregla para reflejar debilidades de la sociedad, problemas que agobian directamente a los adolescentes dentro y fuera de Estados Unidos y lo hace de manera contundente, sin tintes medios, por lo que se permite llamar a los adultos a un examen de conciencia social que ahora más que nunca es tan necesario.

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