El Virtual Print Fee o VPF es el impuesto sobre la copia digital, que deben pagar los productores de las películas a los exhibidores.

Este impuesto es una medida establecida en Estados Unidos para modernizar las salas de cine con proyecciones digitales, lo que resulta un beneficio en términos de distribución de material y calidad en las proyecciones, ya que las películas no se desgastan con el uso como la cintas, se evitan molestias de convertir a diversos formatos las cintas para poderlas proyectar y la transmisión de películas vía satélite es más rápida, segura y económica que enviar cintas o discos duros con el material vía correo postal.

En Estados Unidos, la iniciativa funciona porque se subsidia mediante empresas que absorben el riesgo de la inversión, se negocia el costo de los equipos con los fabricantes y con las grandes compañías, que ceden parte del ahorro que les proporciona la tecnología. Este modelo de financiamiento, regulado por la Digital Cinema Iniciative (DCI) que establece regulaciones en la transacción y facilita el pago de los proyectores (que pueden llegar a costar 150,000 dlls). En Estados Unidos el VPF tiene un plazo establecido, tras el cual no se cobrará más y dejará a las exhibidoras con los equipos libres.

Sin embargo no todo es positivo con esta tecnología, por inicio, el costo de mantenimiento sube considerablemente, lo que pronto generará un alza en el precio del boleto y en dulcería.

VPF En México

Proyectores 4K de SonyEn el país la situación no es tan sencilla. La exhibidora Cinepolis invirtió poco más de 300 mdp en equipo de proyección digital, gasto que, mediante el VPF será pagado, como en Estados Unidos, por las productoras. Esto afecta fuertemente a las productoras independientes de México que deben pagar dicho cargo. Las productoras americanas pueden solventar el gasto ya que su modelo de negocio les permite invertir mucho y ganar más, mientras que las compañías mexicanas son independientes y deben ahora sumar el gasto del VPF a su ya complicado presupuesto de producción y lo que es aún más complejo es que dicho pago no está regulado y cada trato que se realiza entre productores y distribuidora se maneja de manera confidencial, lo que provoca que no se tenga un tabulador real y justo.

El cineasta y fundador del Festival de cine Indígena de Puebla, Iván Contreras, quien está muy cerca de todos los datos que van surgiendo en el tema, me comentó hace unos días “el problema en México radica en que, por ejemplo, Pacific RIM si podrá pagar ese Fee, pero cualquier película del cine nacional no tiene el capital para pagar ese Fee. Básicamente”.

De manera que, lo que puedo entrever de todo esto es que hace falta, como en muchos otros casos en México, es la regulación del pago, la claridad de los procesos y un balance real y justo con los gastos de producción que existen en las producciones mexicanas, ya que debemos recordar que en México, se hace cine pero no se puede decir que es una industria.

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Hector D Ramos
Licenciado en comunicación con especialidad en cine digital. Soy realizador, principalmente de cortometrajes aunque también hago videoclips. Director artístico de Rodando Film Festival y pago las cuentas dando clases y diplomados de materias audiovisuales. Evidentemente yo escribo de cine, desde todos sus aspectos, perspectivas y visiones.

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