Situada en Orange County, California, en un futuro cercano, en el cual la sociedad es constantemente vigilada por el gobierno a través de cámaras estratégicamente colocadas a lo largo y ancho de toda la ciudad, así como de personas encargadas de escuchar las conversaciones telefónicas esperando encontrar palabras clave que sirvan para la persecución de delitos, principalmente en contra de la salud. El principal problema: una droga altamente adictiva conocida simplemente como ‘Sustancia D’, de la cual, un 30% de la población la consume regularmente, y cuyo principal efecto es ocasionar una desconexión entre los hemisferios del cerebro, provocando una especie de doble personalidad, además de un constante delirio de persecución y alucinaciones.

Es bajo éste escenario que conocemos al agente de narcóticos encubierto Bob Arctor, nombre código ‘Fred’. Y cuando digo encubierto, es de forma literal, ya que ni siquiera sus superiores conocen su verdadera identidad, la cual es ocultada cuando está en las oficinas centrales de la policía por medio de un traje que cambia constantemente los rasgos físicos de la persona que lo porta, así como su voz. Y es tal vez éste elemento el único sobreviviente de ficción dentro de la historia, ya que el resto de cuestiones tecnológicas de espionaje que pudieran haber parecido futuristas al momento de publicación de la novela en la cual se basa ésta historia allá por el final de la década de los 70’s, ya son parte de nuestra vida cotidiana: las cámaras en las calles al menos en las grandes ciudades han ido proliferando en los últimos años, y la invasión a la privacidad con motivo de proteger la seguridad nacional y obtener pistas para todo tipo de actos vandálicos o terroristas nos dejó de sorprender hace mucho tiempo.

La misión de Fred es infiltrarse y vigilar a un grupo de drogadictos y al dealer que los provee de la sustancia D y cada vez aumentar su consumo para superar la capacidad de distribución de ésta persona y tratar de ir subiendo en la cadena hasta llegar a la fuente. La cuestión es que el mismo Fred se ha vuelto un adicto a la sustancia, y el hecho de tener que vigilarse a sí mismo para mantener oculta su identidad aunado a los efectos de la droga en su personalidad, no ayudan en nada a lograr el objetivo.

Se trata de una fiel adaptación de la novela homónima de Philip K. Dick, uno de los autores de ciencia ficción más prolíficos y reverenciados del siglo XX, del cual se han llevado varias de sus historias a la pantalla grande con resultados mixtos, ya que tenemos algunas de calidad dudosa (‘Paycheck’, ‘Next’), otras aceptables (Total Recall) y algunas verdaderas joyas (‘Minority Report’ y ‘Blade Runner’). Y es curioso que en éste caso, una adaptación tan fiel funcione bien en el cine, ya que al tratarse la literatura y el cine de dos medios muy distintos, normalmente los guionistas y directores se toman más libertades a la hora de plasmarlas en el celuloide, lo cual no fue el caso aquí, lo que nos habla de un gran acierto de Richard Linklater, quien fue el encargado de adaptar la historia. Tampoco trato de decir que sea perfecta, ya que en definitiva, la novela por su propia naturaleza, puede explorar más profundamente algunos aspectos importantes que carecen de impacto en la pantalla, pero ciertamente logra capturar el sentimiento de hartazgo, desesperanza y paranoia en el que viven sus personajes.

Un aspecto a destacar en la película son las actuaciones de todo el elenco; si bien, el siempre genial Robert Downey Jr. y Woody Harrelson se llevan las palmas y tienen los mejores diálogos como un par de junkies que sospechan hasta de su propia sombra y que son capaces de tener las más alocadas discusiones en la más simple de las situaciones (la escena de la bicicleta es extraordinaria), el resto del elenco conformado por Winona Ryder como una cocainómana y traficante de la substancia D y Rory Cochrane como un drogadicto con el cerebro totalmente dañado, hacen también un excelente trabajo. Cabe resaltar que incluso el infumable Keanu Reeves hace un trabajo bastante aceptable, a pesar de que regularmente no importa si está en un mundo cyberpunk controlado por máquinas, a bordo de un camión a toda velocidad, siendo atacado por vampiros o en una comedia romántica, siempre tiene la misma expresión como que se acaba de despertar y no sabe si sigue soñando. Es tal vez esa expresión (o carencia de ella) la que funciona perfectamente en éste film, en el cual su personaje está drogado y confundido el 95% del tiempo.

La decisión estilística de usar un rotoscopio para darle el efecto de animación a todo el look de la película, aunque pudiera considerarse como un simple truco experimental en otras circunstancias, funciona aquí a la perfección, ya que además de dar la impresión de que estamos viendo cobrar vida a una novela gráfica, me parece que ayuda al contexto de realidades y estados alterados en el que viven los personajes.

En general, lo que nos da A Scanner Darkly es un excelente ejemplo de lo que puede hacer uno de los directores más interesantes de las últimas dos décadas. Ya había demostrado Richard Linklater con Before Sunrise, Before Sunset, Waking Life, entre otras, que es un excelente director / escritor, y  con ésta película, no me queda más que esperar ansiosamente sus próximos proyectos.

Definitivamente A Scanner Darkly no es para todos los gustos, es una película densa con muchos diálogos desquiciados, en la cual hay que prestar toda la atención para evitar perdernos en la trama, que puede enmarañarse en ciertos puntos. La parte visual puede ser también desmotivante para cierto público; no cabe duda que estuvo destinada desde el principio a convertirse en una película de culto. Sin embargo, si logras pasar a través de esos puntos, encontrarás una historia interesante y profunda, que es capaz de pasar de lo hilarante a lo deprimente en cuestión de segundos y que definitivamente, vale la pena contarse.

Una Mirada a la Oscuridad - A scanner darkly
Una Mirada a la Oscuridad – A scanner darkly

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