Podría recibir mil y un consejos o recomendaciones de quienes me rodean, pero a veces, muy de repente, un chispazo de razón penetra en mi cabeza y el resto de sugerencias se van al caño. De pronto abro los ojos y encuentro la respuesta que pasó frente a mí a cada paso; aquella que escuché de otras voces durante noches enteras.

Supongo es el único aprendizaje verdadero, aquel que se goza o se sufre en carne propia. La vida podría dejarte todas las pistas del mundo para guiarte a la senda del bien, pero es inútil. Sólo hacen falta tres segundos de conciencia para cambiar la o las historias, recomponer el camino, o sonreír con sinceridad.

No es una cuestión de tiempo o de distancia. No hay rituales infalibles ni fórmulas matemáticas de exactitud incuestionable. Un sólo parpadeo basta para reanimar el alma y reactivar las neuronas; mandar al archivero los recuerdos del ayer y sacar lápiz y papel para darle forma a nuevas historias.

No hacen falta 200 sermones ni 25 regaños; es cuestión de decisión y convicción. Ni siquiera se necesita una sacudida en escala de Richter; no hay razón suficientemente válida como para justificar el cambio de aires. La causa no la conozco a ciencia cierta, pero la consecuencia es una sensación de alivio al respirar hondo.

Supongo yo que, contrario a las enseñanzas escolares, el procedimiento es lo de menos. Uno puede encontrar respuestas casi por casualidad, y eso no las hace menos válidas. En realidad se trata de levantar la cara y mirar al frente; también puedes cruzar los dedos, ya sabes, por si las dudas. 

Se trata de desechar culpas y atar fuerte las agujetas; quedan muchos kilómetros por recorrer, y debemos evitar los tropezones. Nunca es demasiado tarde para silbar la tonada de una canción ni para gritar, quizá desafinado, el coro de una alegre melodía. Elige la ruta por la que quieras transitar; hazle caso a las señales. Descubre nuevos caminos, y cuando el destino parezca tenebroso, dobla a la derecha sin temor al extravío. A final de cuentas, toda vereda lleva a algún lugar.   

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Nostálgico poro a poro. Siempre apasionado, de decisiones precipitadas y metas quizá inalcanzables. Las letras son mi salida de emergencia ante cualquier tipo de problemas. La vida me ha orillado a un estado de pesimismo casi por automático del que sólo puedo escapar cuando mis dedos recorren la fría superficie del insensible teclado.

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